Denuncia párroco de Tixtla ante la PGJE haber sido víctima de extorsión telefónica
Edmundo Estrada Casiano, de 61 años, estuvo recluido en un cuarto de hotel en la capital del estado a petición de los secuestradores. “Nunca los vi”, relata el sacerdote, todo se desarrolló vía telefónica
Jesús Saavedra
Chilpancingo
El párroco del santuario de Natividad de María de Tixtla, Edmundo Estrada Casiano acudió la tarde de este jueves a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), a interponer una denuncia de hechos, luego de que fue víctima de una extorsión telefónica que lo obligaron a resguardarse por instrucciones de los extorsionadores dos días consecutivos en un cuarto de hotel de esta capital.
El sacerdote estaba desaparecido desde el pasado martes y provocó que en Tixtla, los feligreses católicos organizaran círculos de oración por la salud y la presentación sano y salvo del párroco, quien creían había sido víctima de un secuestro.
Del hecho se rumoraba desde el miércoles, pero ninguna autoridad confirmó oficialmente el secuestro y este jueves al mediodía se pudo localizar al sacerdote en una habitación del Hotel Victoria, ubicado en la céntrica calle José María Morelos y Pavón, a unos metros de la plaza cívica, rumbo al Panteón Central de la capital.
Trascendió que el sacerdote y familiares, habrían entregado al menos 70 mil pesos, mediante depósitos bancarios, a los extorsionadores que realizaron esta acción vía telefónica.
Edmundo Estrada Casiano, tiene 61 años de edad, es originario del municipio de Atenango del Río e informaron que al momento de localizarlo, estaba solo en la habitación y su estado de salud se reporta como estable.
Ayer por la tarde se pudo conocer y comprobar que el sacerdote estaba declarando ante la Fiscalía Antisecuestros de la PGJE, que se ubican en el edificio de la Policía Ministerial y donde estuvieron presentes el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Alejo Zavala Castro; el subsecretario de Asuntos Religiosos del gobierno del estado, Javier Bataz Benítez.
Poco después de las 5 de la tarde, Estrada Casiano concluyó su declaración ministerial y dio a conocer que interpuso una denuncia de hechos y al principio se mostró renuente para hacer declaraciones a los reporteros que cubrieron el hecho.
Se pudo conocer que las extorsiones telefónicas iniciaron desde el pasado lunes y que ante la Fiscalía, rindió un informe pormenorizado de lo que sucedió desde el lunes, hasta este jueves que fue localizado en la habitación de este hotel del centro de esta capital.
Incluso el obispo solicitó prudencia a los reporteros, “por favor el padre está un poco consternado”, pero finalmente cedió el sacerdote y dio a conocer detalles de lo que vivió, “sí, pues nada más que según me tenían detenido y me mandaron a un hotel, donde estuve dos noches y dos días, pues, eso sucedió; me pedían información, no supe si pedían dinero y nada más me decían habla a tal sacerdote, comuníquese un ratito con él y que siga las instrucciones y después con mi familia, pues eso nada más me decían que les dijera que estaba bien, que siguieran las instrucciones a todos, a los sacerdotes y a la familia”.
Edmundo Estrada dio a conocer que el lunes recibió una llamada telefónica y que le dijeron “váyase a Chilpancingo porque vamos a hacer una inspección en su iglesia y no queremos problemas y váyase a Chilpancingo y después lo regresamos unas horas” y el sacerdote, dijo que sólo “declaró los hechos, me dijeron que había pasado y cómo estuvo, pero nada más”.
Informó que los extorsionadores lo obligaron a recluirse en ese hotel y pedirle a sacerdotes y familiares, que pagaran un rescate y que no contestara llamadas, por eso en el tiempo que intentaron comunicarse con él no atendía las llamadas o contestaba y colgaba de inmediato.
Explicó que no conoció en persona a quienes lo estaban extorsionando y que todo se desarrolló vía telefónica, “no nunca los vi”.
Aceptó que anteriormente había sido objeto de extorsión telefónica, “pues sí, hace un año, año y medio, pero esa vez me pidieron unas recargas de teléfono y nada de dinero así, nada más recargas” y le preguntaron si tenía miedo después de estos hechos ocurridos, “pues sí, creo que todos tenemos miedo” y concluyó sus declaraciones, sin que confirmara si sus familiares o sacerdotes pagaron algún monto de dinero en esta extorsión telefónica.
El obispo, Alejo Zavala Castro fue muy breve en su declaración y aceptó que ha recibido quejas de varios sacerdotes que han sido objetos de “amenazas” y extorsiones telefónicas, “inclusive yo, he recibido ese tipo de llamadas”, reveló y no quiso abundar y se retiró del lugar en compañía del subsecretario de Asuntos Religiosos.
El párroco, fue recibido cuando salía de declarar por un grupo de sacerdotes de esta capital, quienes le abrazaron y de inmediato lo subieron a un automóvil que los esperaba sobre el bulevar Vicente Guerrero, donde se pudo apreciar que dos policías ministeriales iban custodiándolo.




