Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Julio Moguel

Lo nuevo en el tablero político nacional

 (Tercera y última)

México en el sótano de la reconversión global

Continúo esta columna desde el punto en que dejé la última (El Sur, 25 de junio): “¡Grecia!”, gritaba en el subtítulo, para dejar establecido que, en mi opinión, el vórtice del huracán que ha puesto a temblar al capitalismo planetario de nuestros tiempos se encuentra hoy por hoy en ese lunar de la creación al que también se le conoce como el país helénico. Pero, ¿no es demasiado pequeño ese territorio como para que los grandes amos de la Tierra se sientan preocupados? ¿Puede realmente dañar o conmover a los grandes magnates del poder económico global la decisión –aún sólo posible, aún sólo en veremos, pero a punto de concretarse– de Grecia de no cumplir, o posponer, los “compromisos” que el capital financiero de la Unión Europea le ha impuesto de manera humillante?
Para responder a esta pregunta conviene transcribir la pinta que, puesta a la vista de todos en Atenas, nos mostró recientemente un periódico nacional: “Europe without Greece is like a party without drugs” (“Europa sin Grecia es como una fiesta sin drogas”). Menos provocativa, aunque no menos elocuente del fenómeno que queremos señalar, fue la siguiente pinta aparecida en Montreal en los años setenta (la memoria falla aquí para delimitar la fecha): “Quand le Québec a froid le Canada grelotte” (“Cuando Quebec tiene frío Canadá tirita”). Eran los tiempos en que los quebequenses (les quebequois) luchaban aún por defender su cultura y conquistar su propio espacio nacional. (¿Recuerdan? Antes, el general de mil batallas y gran héroe de casi todas las Europas democráticas –falló en el 68–, Charles de Gaulle, había gritado en una intervención pública en la ciudad de Quebec: “¡Vive le Québec libre!”).
Pues bien: lo que estas sabidurías populares expresadas en los muros de Atenas o de Montreal quieren decir, aunque hayan aparecido en muy distintas épocas, es que existe un punto de tensión o de correlación de las fuerzas globales en el que, bien dirigida la piedra, David puede derrotar a Goliat. Y es justamente ese punto el que parece dibujarse en el escenario: Grecia puede generar un coletazo huracanado de tales magnitudes que, de darse (todo mundo lo sabe; todo mundo lo dice), hará caer al gigante. Y no por el peso específico de Grecia, sino por el propio peso del gigante: como pasó en el caso vietnamita cuando las hormigas guerreras de ese pueblo derrotaron militarmente al gran coloso norteamericano.
El caso es que Alexis Tsipras, primer ministro del país helénico, líder de las izquierdas triunfantes en los últimos comicios realizados en ese pequeño espacio del mundo, mortal como todos los mortales, personaje que no gusta vestirse con corbata ni moverse en los ámbitos frívolos y “exclusivos” de la clase política internacional, acaba de anunciar –el pasado 27 de junio– que su país no acepta la “oferta” que le hacen sus acreedores internacional (Fondo Monetario Internacional, Unión Europea y el Banco Central Europeo), y que “acudirá a un referendo el (próximo) 5 de julio para decidir si debe aceptar o rechazar el acuerdo para el rescate financiero que le ofrecieron sus acreedores.”
¡Un referéndum! Es decir: millones de griegos irán a decir su palabra en un lugar en el que sí vale lo que se cuente en urnas. Y después de lo que allí se diga no habrá marcha atrás. Ya no podrá decirse que el izquierdismo del gobierno comandado por el bloque de Syriza llevó las cosas al “desastre”. Con un línea de presencia y compromiso del primer ministro sin corbata que pareciera decirnos, a los que aún creemos que el camino está a la izquierda, que todavía hay formas y medios para luchar contra el neoliberalismo mundial. ¡Esperemos un no rotundo al ultimátum! (tal ha sido la consigna del primer ministro).

¡Estados Unidos!

La otra gran nota de nivel internacional y de alcances históricos insospechados se concentró, en misma fecha que lo acontecido en Atenas, en la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos relativa a la legalización de las bodas gay en todo el país. Es decir: de ahora en adelante todos los matrimonios de personas de mismo sexo, en los 50 estados, serán considerados constitucionalmente como “legales”.
No implica ello, por supuesto, que con la medida referida se delinee un nuevo espacio real de cambios que salven a la nación de Obama de todas sus miserias y de su naturaleza –ya profundamente enferma y decadente– imperial. Pero establece una nueva y poderosa línea de fuerza en los planos nacionales e internacionales con respecto a la candente situación de la igualdad y “la(s) justicia(s)”.

¡Roma!

De misma dimensión histórica, de grandes vuelos, fue la presentación reciente (el pasado 18 de junio) por parte de quien es actualmente el patrón en El Vaticano sobre el “cambio climático”, y el señalamiento, preciso y sin rodeos, de quiénes son los principalísimos culpables del proceso actual de la destrucción planetaria. La Encíclica “Laudato Si –sobre el cuidado de la casa común” del papa Francisco, nos dice una Silvia Ribeiro, conocida analista de asuntos internacionales, “es un fuerte llamado a parar la devastación ambiental y el cambio climático, a cuidar a ‘nuestra hermana madre Tierra’ y reconocer los derechos de quienes mejor cuidan de ella: las comunidades campesinas e indígenas, las economías solidarias locales, rurales y urbanas.” Con el añadido –sigue Ribeiro– de que la encíclica “anota la conexión directa entre destrucción ambiental y social con el ‘paradigma tecnocrático globalizado’, sustentado por una minoría que desde las finanzas domina las políticas nacionales e internacionales en su beneficio, en desmedro del bien común y abusando de los bienes comunes.”

¡México!

Esta mirada a vuelo de pájaro de lo que pasa en algunas partes del mundo achica sin lugar a dudas los escenarios locales para colocarlos en su justa y rasa dimensión. Somos, como país, el contrapunto exacto de la Grecia libertaria, en el marco degradado y denigrante de nuestra obsecuente y llana sujeción. Promotores de un capitalismo moridor, seguimos creyendo que el neoliberalismo dominante nos conducirá por sendas de progreso y por amplias y prometedoras avenidas de reconversión. Somos el contrapunto exacto de los revolucionarios posicionamientos del papa Francisco, pues hemos apostado por un crecimiento económico entregado en sus beneficios al poder del capital financiero y profundamente depredador. Y, si bien hemos adoptado parcialmente algunas medidas justicieras con respecto a temas como el de los matrimonios gays, lo hacemos dentro de ambientes y espacios socio-culturales tremendamente homofóbicos que, en el colmo, viven y se extienden en ambientes y espacios más amplios de corrupción, injusticia y desigualdad.
Todo ello coloca a los actuales dirigentes políticos del país en el banquillo global de los acusados: van a contracorriente de las tendencias y de los posicionamientos progresistas de muy diversas fuerzas importantes del planeta, en un proceso de aceleración que, al momento, lleva a nuestra nación al precipicio.
La izquierda mexicana –la representada hoy dentro de la “clase política”, aunque no sólo– no gusta de medirse con los “afueras” del país. Los programas presentados por ella en la reciente lucha electoral no mostraron filo alguno con respecto a temas decisivos, como los que aquí hemos señalado, de impacto internacional. Los gobiernos de ese signo en los que pudo fijarse alguna esperanza “progresista” han dejado mucho que desear (Zacatecas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán; el Distrito Federal, desde el dominio político de Ebrard y de Mancera, etcétera), dejando en sus andares huellas con registro limitado de las que ahora, de cara a los retos del presente y del futuro, poco se puede decir o presumir.
¿Podremos ir hacia adelante con nuevos esquemas, propuestas, acciones? La reconformación del mapa político marcado por los recientes procesos electorales indica que de aquí a 2018 habrá nuevas fichas y, con ello, un nuevo juego político a seguir.
¿No contamos ahora con suficientes ejemplos internacionales de lo que sí es posible hacer? Grecia, España (la ruptura reciente del bipartidismo, con la emergencia de Podemos y de otras fuerzas rebeldes), Sudamérica (Bolivia, Argentina, Uruguay…), etcétera, más las políticas y acciones positivas que, así vengan del imperio norteamericano o de la cúpula de la Iglesia católica, ofrecen ahora a nuestro planeta esperanzas renovadas.

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