Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

Prejuicio y sospecha

Casi tan violenta y grave como los hechos en donde murieron dos jóvenes de Ayotzinapa, el lunes pasado en Chilpancingo, fue la reacción de muchos cibernautas ese mismo día, apenas minutos después de que la primera noticia de la balacera apareció en Internet. Casi tan violenta y grave, primero porque un auténtico tsunami inundó los muros de la mayoría de los feisbuqueros guerrerenses, con opiniones a favor o en contra de gobierno, policías y estudiantes; segundo, porque los comentarios de unos y otros fueron igual de virulentos y contundentes, a pesar de la confusa y contradictoria información disponible en ese momento. Unos, apoyaban el desalojo “de los revoltosos que ya nos tienen hasta la madre” y varios hasta justificaban la muerte de los chavos, pues “se lo buscaron. No eran unos santitos”. Otros, repudiaban la “represión salvaje del gobierno”, anticipando “¿con qué injustificable excusa se intentarán limpiar las manos?”, y varios hasta exigían “que desaparezcan los poderes de Guerrero”. Contrarios, pero todos con la misma convicción y firmeza. Los menos, muchos menos, trataban de encontrar más y mejores argumentos para opinar sin prejuzgar, “no estoy a favor de nadie, la situación es indignante por el hecho de la violencia al nivel que sea”, y varios hasta convocaban a “hablar cuando se saben las cosas. ¿Cómo pasó? ¿Quién vio? ¡No juzguemos sin saber!”. Lo peor es que los que no queríamos especular ni sumarnos a linchamientos prematuros, reconocíamos que a nadie le faltaba razón para la inquina y el resentimiento aprendidos. Siendo chilpancingueño, se entiende el cansancio y la irritación de muchos paisanos ante los desmanes impunes de los que peyorativamente son llamados ayotzinapos, y la tolerancia complaciente de los gobiernos. Siendo ciudadano de bien, se entiende el rechazo e indignación ante la represión y el exceso policiacos. Y tampoco desacreditábamos razones para la sospecha perversa, sobre “los intereses oscuros infiltrados” en una u otra trincheras. Son pocas certezas, desde mi personal punto de vista, como para aventurar opiniones libres de especulación, presunción y prejuicio. Demasiada incertidumbre y gravedad, como para llenar espacios editoriales, sólo por decir algo. Sé que los chavos de Ayotzinapa se han ganado su fama de violentos y contestatarios. Sé que un bloqueo de carretera no es una manifestación pacífica. Sé que los normalistas sí incendiaron la bomba de gasolina. Sé que nuestros gobernantes se han ganado su fama de represores y autoritarios. Sé que los policías estatales sí estaban armados. Sé que ningún desalojo justifica matar a tiros a los manifestantes. A más no me atrevo… aún. Quizá la próxima semana. Cuando el griterío cese un poco, y nos deje escuchar mejor los testimonios de protagonistas y testigos; cuando la polvareda se despeje un poco, y nos deje ver mejor las historias de lo sucedido. [email protected]

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