Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo García Jiménez 

Semillas nativas vs transgénicas

 

La Seder y la Sagarpa estatales son las dependencias responsables de lo que pasa en el campo guerrerense, pero también son responsables y cómplices de lo que no pasa. Un buen funcionario debiera tener de manera permanente en su mente, cual si fuera un software, todo lo que acontece en la parcela de lo rural en Guerrero, desde el diagnóstico de las cadenas productivas hasta las normas de operación, desde la planeación del desarrollo hasta el seguimiento y ejecución de obras, desde la presupuestación hasta la distribución de los cheques; el funcionamiento del aparato agro burocrático en su conjunto y en lo particular, el cumplimiento real de metas, la promoción de la capacidad de gestión de los productores, el apoyo a las iniciativas innovadoras, la búsqueda de esquemas financieros adecuados a los productores que no cuentan con garantías, la coordinación institucional, la construcción de enlaces comerciales de la producción del estado, la gestión de recursos diversos extra-gubernamentales, el diseño de cadenas de valor y modelos de agro negocios, la formación y capacitación de los agricultores, el enlace de productores con consumidores, los requerimientos de infraestructura, el aprovechamiento de los distritos y unidades de riego, el impulso a un nuevo extensionismo rural, la legislación en materia de desarrollo rural, el eficiente combate de plagas y enfermedades, la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, entre otros aspectos. Conste que no hablamos de cuestiones macro pero no menos importantes como lo es el tema del cambio climático y la contaminación. No sería mucho pedir que como parte de ese software, le pusieran atención a problemas concretos que tienen efectos crecientes e irreversibles como la compactación de suelos, la creciente salinización de los mismos, el alejamiento de los mantos freáticos, el impulso de la agricultura orgánica, la erosión genética, la transgenización de la miel y la amenaza de las semillas transgénicas. Finalmente, sería interesante que analizaran el ejercicio presupuestal de los principales programas al campo. Que visualizaran el porqué el presupuesto del PAIEI por ejemplo, que según la convocatoria 2011 tiene un techo financiero de 536.66 millones, llega pulverizado y no genera ningún impacto en el desarrollo productivo, o de cómo domina la lógica de apoyar a muchos con poquito y a poquitos con mucho. Pero por ahora, quisiera llamar la atención en el tema de las semillas transgénicas. Desde hace más de 15 años de siembra comercial de maíz transgénico en Estados Unidos y otros países, ha sido ampliamente documentado que éste no aumenta automáticamente los rendimientos y requiere de condiciones especiales. Tampoco disminuye el uso de plaguicidas, herbicidas, ni fertilizantes. La cantidad de herbicida utilizado en las variedades resistentes aumenta, en tanto que el uso de insecticidas no disminuye, pues además de que las variedades de maíz transgénico producen todo el tiempo, las plagas secundarias crecen y deben controlarse con otros plaguicidas. El uso intenso de insecticidas afecta a insectos benéficos, como las abejas o mariposas. La siembra de transgénicos genera resistencia de insectos y malezas en muy poco tiempo. Y por si fuera poco, las semillas transgénicas son más caras que las convencionales y es necesario pagar por el uso de la licencia. En México, los riesgos a la diversidad biológica y a la salud humana se potencian, al ser país centro de origen y diversidad del cultivo. El maíz es un cultivo de polinización cruzada y el polen de los plantíos transgénicos fecundará los campos vecinos, contaminándolos. Además es muy difícil separar las cosechas transgénicas de las convencionales, que fácilmente se mezclarán en el transporte, los silos, la distribución, el procesamiento. Así, el maíz transgénico contaminará inevitablemente las 59 razas y cientos de variedades nativas y llegará rápidamente a nuestros platos. A los muchos impactos negativos que conllevan los transgénicos, se suma ahora el golpe contra la producción apícola nacional, porque la miel está contaminada –o podría estarlo en el futuro cercano– con polen transgénico. Es otra tragedia anunciada –como la contaminación transgénica del maíz y otros cultivos– que las autoridades mexicanas decidieron ignorar, para favorecer las ganancias de unas pocas transnacionales. Además de la contaminación de miel por polen transgénico, que aumentaría exponencialmente en el caso del maíz, los transgénicos también aumentan el uso de glifosato y otros agrotóxicos que dañan la producción apícola y la biodiversidad, además de contaminar tierra, fuentes de agua y causar impactos severos a la salud de los pobladores, especialmente de los niños. Así las cosas, el pasado 14 de noviembre el Secretario de la Semarnat, haciendo eco de la publicidad de empresas como Monsanto, propone que se siembren al menos 2 millones de hectáreas en los estados del norte, para, según él, hacer contrapeso a la reducción de la producción que tendremos de 3.5 millones de toneladas. Por otra parte, el pleno del Senado de la República aprobó el jueves de la semana pasada un punto de acuerdo con el que solicita a los secretarios de Sagarpa, Francisco Mayorga, y de la Semarnat, Juan Rafael Elvira, que liberen los permisos de las siembras experimentales de maíz genéticamente modificado (en superficies de hasta una hectárea por proyecto) para que pasen a la fase piloto (500 hectáreas por permiso) en Sinaloa, Sonora y Tamaulipas. Y hasta una senadora del PRI de nombre Amira Gómez Tueme, se declaró una entusiasta promotora del acuerdo de apurar las autorizaciones de siembra de maíces transgénicos porque, dijo “ahorita estamos importando, creo que son 40 millones de toneladas de maíz, de Estados Unidos y de Sudáfrica, que es maíz genéticamente modificado”. Debía saber la senadora que son alrededor de 8 millones de toneladas, no 40 millones las que se importan al año y que Estados Unidos no produce maíz blanco para tortillas sino maíces para forraje; Sudáfrica sí vende maíz para consumo humano, pero no es transgénico. Ello habla del amplio conocimiento que tienen nuestros legisladores para la toma de decisiones. Y no vamos lejos, un flamante ex secretario de Seder, que por cierto quiere ser senador y gobernador a como dé lugar, planteó en un reunión de expertos que el gran problema de Guerrero es el predominio de las semillas criollas y que se requiere introducir otras semillas para mejorar la productividad. Por ello, sentimos que además de seguir generando presión para impedir que el gobierno continúe siendo aval de la multinacionales transgénicas, es necesario que los campesinos y técnicos comprometidos impulsemos acciones para proteger nuestras semillas nativas. Un modesto ejemplo de ello serán los tianguis de intercambio de semillas criollas que se realizarán este 7 de diciembre en Atoyac de Álvarez en el Jardín de El Edén y el 14 de diciembre en el zócalo de Coyuca de Benítez. El objetivo final es establecer en las diversas regiones, centros de reproducción de semillas criollas. Ojalá esta pequeñísima idea sea incorporada en la sofisticada agenda de la agroburocracia guerrerense. * Director del Centro de Agronegocios de la Costa Grande de Guerrero [email protected]

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