Como hace siete meses, encuentran turistas el Zócalo en obras y lleno de vendedores
Turistas que recorren el Zócalo caminan entre tubos expuestos y obras inconclusas por parte de la federación.
La familia Garduño Flores, del Distrito Federal, que visitó el puerto en diciembre, esperaba encontrar una plaza Juan Álvarez renovada y no un lugar lleno de vendedores semi establecidos. Y es que. según le dijeron entonces los trabajadores, la remodelación habría concluido en marzo pasado.
Guareciéndose del sol y refrescándose con aguas frías para enfrentar la temperatura que estuvo ayer en 32 grados, los Garduño Flores descansaban después de haber realizado un recorrido en uno de los yates que zarpan del Malecón cada hora.
La señora Elena Flores dijo que llegaron el martes y fueron primero a la playa Revolcadero, el miércoles a la playa Icacos y ayer a la zona Tradicional.
Contó que la idea de abordar un yate era porque el menor de sus nietos no conocía un “barco” y quería que viera el mar “en plenitud”, aunque apenas rodearon la isla de La Roqueta.
El señor Fernando Garduño, que terminaba de negociar con un guía turístico a quien le decía “aquí no quiero ver nada”, indicó que estaba molesto porque en diciembre visitó el Zócalo pero encontró obras y paredes de madera en el desaparecido kiosco.
Contó que aquella vez los trabajadores le habían dicho que en marzo estaría el nuevo Zócalo y hoy en la plazoleta observó que seguía la reconstrucción y con algunos negocios semifijos en la parte izquierda de la Catedral.
Ya con los ánimos más relajados mientras sorbía su agua de pepino con limón, señaló un tubo naranja para la introducción del cableado eléctrico que salía de la plancha de cemento sin señalización o cintas precautorias: “¡Cómo pueden dejar algo así cuando es vacaciones!”.
Consideró que si la obra no estaba terminada se debían de cubrir con paredes de madera como se encontraba metros adelante, para evitar que alguien se accidentara.
La señora Elena Flores dijo que apenas bajaron del yate prefirieron tomar aguas frescas y helados en el primer negocio. “Nos tomamos el agua y vamos a la Catedral y nos regresamos”. A ella no le parecía atractivo caminar entre puestos de tortas o tacos de barbacoa, “por lo menos los llaveritos y las artesanías, pero no lo demás”.
Expresó que entendía se instalen locales para la venta de artículos escolares, en referencia al la expo Feria Escolar de la Profeco: “ya estamos por regresar a clases y aquí entiendo es céntrico”, pero que le parecía excesivo que los comerciantes también vendieran productos que no tenían que ver con el turismo, como equipos de maquillaje.
Comparó que en la ciudad de México, en el Zócalo también se instalan locales semiestablecidos, “pero allá al menos son temáticas, no nos venden playeras o calzones que encontramos en los mercados” (Abel Salgado).




