Carlos Pérez Aguirre
Transición traicionada
Hace unos días en un excelente trabajo el historiador Lorenzo Meyer analizó en su artículo periodístico publicado en este diario, el fracaso de la llamada transición a la democracia en México.
Una de sus conclusiones es que ni en el peor de los escenarios se vislumbraban en los momentos en que se empezó a ver la posibilidad real de generar la apertura del sistema político, que se regresaría al punto de partida, con la vuelta a la hegemonía de un partido que por su corrupción, antidemocracia, represión y cerrazón, fue en esos momentos desplazado. Pero que ahora regresa más corrupto, más antidemocrático y por lo que ya se muestra más represivo y cerrado, el PRI, o para ser más específico la élite que manipula ese partido que se encuentra corrompida hasta la médula.
Otra conclusión que establece el historiador Meyer es que se requiere reiniciar de nuevo el proceso, aprendiendo de los errores para no volver a cometerlos. Muchos ciudadanos nos hacemos precisamente esa pregunta, ¿por qué fracaso la transición a la democracia? Esa gran energía de millones de personas, esa gran alegría de la muchedumbre que acompañaba a los políticos que encabezaban el cambio, realmente están ahora conformes con el regreso de un priismo que sólo se renovó en los comerciales de televisión. La respuesta es un definitivo no.
Ya lo hemos comentado en este espacio y también con mucha gente, sabemos que en el ámbito nacional para evitar que llegaran personajes de verdadera trascendencia política y congruencia de principios, se unió la derecha conservadora, la élite priista predominante y por supuesto la televisión. Cada una sumó, crearon desconfianza, desinformaron y como no les alcanzaba también hicieron fraude, evidente y rotundo. Pero cuando todo ello les falló crearon ídolos de trapo dentro de los propios sectores de oposición, Vicente Fox el descerebrado presidente y vergüenza nacional fue el más patético ejemplo, aunque en el estado de Guerrero este triste papel le tocó jugarlo al pripanista Zeferino Torreblanca, de triste memoria.
O sea factores inducidos como lo realizado por los medios y las declaraciones de cámaras empresariales guardianas de sus particulares intereses de cúpula. Factores provocados, como los fraudes enormes a Cuahutémoc Cárdenas y a Andrés Manuel López Obrador y por último, el corromper a “líderes y dirigentes” de los partidos de oposición, para desdibujar a éstos e igualarlos, para producir desilusión entre los ciudadanos y que perciban a todos como “iguales de corruptos” que los priistas.
Pero si bien existe una gran desilusión por todo lo acontecido, sobre todo existe una gran inconformidad y sobre todo coraje, por lo que hoy hace el partido en el poder federal y en unos meses el estatal, y esto es: la venta y el usufructo para unos cuantos de los recursos energéticos, petróleo, gas y electricidad. El amago de privatización del agua. Los primeros pasos para desmantelar el sistema de salud. La crisis económica y la inflación que ya carcome nuestros bolsillos, la inseguridad y la delincuencia, que es primera responsabilidad del gobierno federal. La gran corrupción que provoca más crisis económica y más empobrecimiento. La gran pobreza existente que ya está arriba del 60 por ciento de la población total del país. Los fraudes electorales con órganos que en el papel deberían vigilar, pero que son cómplices y para ello gastan enormes sumas del presupuesto.
La necesidad de un nuevo proceso de transición pacífico está tocando la puerta, lo que ahora no debemos permitir es que la suma de las maniobras que en otros momentos truncaron ésta se vuelvan a repetir. El costo para la sociedad, para el pueblo, para nuestras familias es demasiado alto.




