Ernesto Villanueva
Ifetel: ¿derechos de la audiencia?
Dentro de lo poco positivo de la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones se encuentra la creación del derecho de las audiencias como un singular derecho humano. La Constitu-ción y la ley han sentado las bases que explican, a grandes rasgos, el contenido de esta herramienta legal para los gobernados. El Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) ha iniciado con el pie izquierdo el desarrollo de esta garantía ciudadana. Veamos
Primero. El derecho de las audiencias supone, de entrada, un paso especializado del más genérico derecho a la información. El reto es lograr un equilibrio razonable entre la libertad de expresión, la libertad de empresa y el derecho de los consumidores de medios. Este derecho encuentra asidero constitucional en la transformación del servicio de telecomunicaciones, en sus más distintas formas, a una cuestión de servicio público. Esta circunstancia vincula en mayor medida a los concesionarios de radio y televisión y de telecomunicaciones que generan contenidos destinados al público, la audiencia, que pasa de ser un objeto de consumo sin garantías de calidad, a un conglomerado social dotado de derechos frente a los medios concesionados. El contenido de calidad puede tener varias acepciones, pero destacan dos de ellas: a) La técnica que entraña la mejor resolución con la que se reciben los contenidos y b) La de valores básicos propios de un Estado democrático de derecho, que implican, entre otros, la veracidad, la creación de contenidos propios para la niñez y, en general, un esquema de recepción crítica de formación ciudadana. La Argentina, Canadá, Australia y varios países europeos han traducido en acto estos derechos dándoles elementos concretos de lo que la sociedad debe esperar de la oferta de los concesionarios generadores de contenidos. El antecedente en México de esta normativa se localiza en las defensorías de la audiencia que nacieron sin ley, pero con voluntad política, en Radio Educación, el canal 11, el Instituto Mexicano de la Radio y el canal 22, en la gestión de Jorge Volpi, quien fue el primer practicante de esta figura que ahora ha muerto de facto en ese canal que pasó de ser público a vocero gubernamental. El Ifetel tiene la atribución legal de desarrollar este derecho.
Segundo. En cumplimiento de su mandato legal, el Ifetel ha presentado a la sociedad un “anteproyecto” de lineamientos sobre el derecho de las audiencias para su “consulta pública” que finaliza el 25 de agosto próximo. De entrada, parecería que se trata de una buena noticia. Los lineamientos tienen una impronta reglamentista; es decir, buscan desarrollar los principios constitucionales y las disposiciones relevantes de la ley que son una suerte de híbrido entre poesía retórica y elementos de concreción que requieren definiciones, alcances y una propuesta que abreve del espíritu constitucional. El Ifetel no ha hecho en realidad ninguna propuesta. Se ha limitado a volver a escribir el contenido constitucional y legal al 100 por ciento en su “anteproyecto”. Ni una aportación original a lo que ya todos saben. En efecto, dicha pieza normativa contiene el 90 por ciento contenido textual de la Constitución y la ley y un 10 por ciento con un giro lingüístico distinto para decir exactamente lo mismo que ya está en la normativa mencionada. No hay en ese “anteproyecto” masa crítica, un esfuerzo inicial de desarrollo del tema, una revisión del derecho comparado tropicalizado al caso mexicano . Nada. Es grave que el desconocimiento sea el l hilo conductor de ese “anteproyecto” que fue elaborado, es un decir, por la Unidad de Medios y Contenidos Audiovisuales del Ifetel que al mes le cuesta a usted y a mí la cantidad de 2 millones 846 mil pesos. Por un lado, el Coneval anuncia el aumento de la pobreza y de la pobreza extrema en los últimos años y, por otro, el Estado crea el Ifetel que sangra al erario y le surte litros que no llegan a los 100 mililitros en un franco atropello al mandato de la Ley Federal de Responsabili-dades Administrativas de los Servidores Públicos. Peor aún es una ofensa a la inteligencia que un “anteproyecto” con semejante calidad haya salido del Ifetel, cuyo contenido no pudo pasar desapercibido por sus comisionados que se convierten en parte del problema. Un anteproyecto de muchísimo mejor factura pudo ser realizado, por ejemplo, por dos becarios del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM a un costo simbólico. ¿De dónde salieron los servidores públicos de esa unidad?¿Cuáles fueron los criterios para seleccionarlos dando gato por liebre a la sociedad ¿Cómo a pesar de lo cuantioso de los sueldos de estos servidores públicos ninguno tiene obra sobre la materia ni menos aun constituyen un referente en esta disciplina?
Tercero. Por si lo anterior no fuera suficiente el conspicuo “anteproyecto” ha sido sometido a “consulta pública. Este hecho puede engañar a la opinión pública de sus propósitos reales. De entrada, cualquier persona de buena fe creería que se trata de una medida de participación ciudadana y de una práctica democrática. La realidad es muy distinta. El fondo reside en que el Ifetel busca que la sociedad haga su trabajo sin pagarle un solo centavo mientras sus incompetentes integrantes esperan sentados que los gobernados hagan lo que ellos deben hacer. El tema no es, por supuesto, un asunto que haya adquirido carta de naturalización en el grueso de la población. Por esa razón se creó el Ifetel para dar luz sobre los más diversos aspectos de las telecomunicaciones y la radiodifusión. Lo que hace el Ifetel es tanto como si, guardando las proporciones, el Instituto Mexi-cano de Cancerología sometiera a consulta pública una propuesta para mejorar los tratamientos de la quimioterapia y las radiaciones para el cáncer. Es evidente que casi todos los gobernados no saben cómo poder participar en esa tarea por su grado de especialización. Es una irresponsabilidad del Ifetel delegar sus atribuciones a la sociedad. En muy poco tiempo este organismo autónomo constitucional ha perdido su bono de confianza o el beneficio de la duda, si alguna vez los tuvo. Si la sociedad enterada va a hacer el trabajo del Ifetel ¿cuál es la razón de que se tenga esa gran burocracia que no aporta absolutamente nada? Ver para creer.
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