Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos García Jiménez

BAJO EL ALA DEL SOMBRERO

*Las lecciones de la canícula

En la naturaleza no existen premios ni castigos.

Solo existen consecuencias. Robert Frost.

No obstante que la canícula empieza a ser relevada por la lluvia que en estos días ya se ha dejado sentir, los daños económicos que dejó ese fenómeno natural son irreversibles. Agricultores y ganaderos que lograron establecer sus cultivos al inicio del errático temporal de lluvias –y también los que por esta misma causa no pudieron sembrar en mayo y junio– han denunciado pérdidas que van del 50 al 100 por ciento de sus plantíos, y esperan que el gobierno reconozca la situación de desastre que ya se vive en el campo guerrerense.
La canícula es un fenómeno natural cíclico que se presenta a mitad del temporal de lluvias; en Guerrero entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Se caracteriza por la baja o nula precipitación pluvial y las elevadas temperaturas que traen consecuencias desfavorables no solo a la actividad productiva –que para desarrollarse depende del recurso agua–, sino también al bienestar de los pobladores –la temperatura se eleva por encima de los 37 grados centígrados.
Este fenómeno resulta del efecto gravitacional tardío que provocan el solsticio de verano (punto en el que el día dura más que la noche), el afelio (paso de la Tierra por el punto de mayor alejamiento del sol) y el ángulo de inclinación terrestre. En esta circunstancia, en pleno verano, los rayos del sol inciden de manera perpendicular sobre el hemisferio norte terrestre provocando la también denominada sequía intraestival. Canícula es un término ancestral que se relaciona con la constelación Canis mayor que se localiza al sur del ecuador celeste (junto a la famosa constelación de Orión), y se distingue porque ahí se encuentra la estrella Sirio, la que desde la Tierra aparece como la más brillante después del sol; los antiguos creían que esta constelación era la causante de la canícula.
En Guerrero, la canícula ha dejado desolación entre muchos productores que basan su economía en un solo cultivo. Sean de maíz, frijol, jamaica, ajonjolí, melón, o pastizales, “las siembras están para llorar pues lo que se sembró se secó totalmente”, lamentan campesinos de Tierra Caliente y Zona Norte, regiones en donde con más intensidad azotó la canícula y en donde existen las mayores planicies cultivadas a nivel estatal. En las regiones en donde la lluvia fue más benévola los cultivos aunque no se secaron, sin embargo no se desarrollaron adecuadamente y por tanto no tendrán la producción esperada; “las mazorcas de maíz no se llenarán suficientemente”, y por lo tanto “se cosechará puro molquite”.
Entonces, si este fenómeno es cíclico, ¿por qué los agricultores y el propio gobierno no toman las previsiones apropiadas para mitigar sus efectos? ¿Qué debe cambiar en los sistemas de producción y en las políticas públicas orientadas al desarrollo productivo del sector rural? ¿Cuáles son las debilidades del modelo de monocultivo que depende del uso de insumos externos y de la disponibilidad suficiente de agua? ¿Qué prácticas de la agricultura campesina tradicional se deben rescatar para cultivar en armonía con la naturaleza? ¿Qué tecnologías amigables con el medio ambiente, tanto el gobierno como los productores deberían incorporar en sus sistemas productivos para mitigar los efectos destructivos de la naturaleza?

Anticiparse a la sequía

Frente a las secuelas que dejó la canícula viene al caso un testimonio de Efraím Hernández Xolocotzi (1913-1991), el agrónomo y etnobotánico más relevante de nuestro país que se formó profesionalmente Estados Unidos –bajo el influjo de la llamada agricultura moderna o revolución verde– y que al regresar a nuestro país devino en investigador de huarache elevando a categoría de ciencia las experiencias y saberes milenarios de los campesinos:
“Una vez encontramos a un agricultor viejo y su familia sembrando su parcela. Le solicitamos ver la semilla que usaba y nos mostró una mezcla de maíz amarillo, morado, blanco, y una revoltura de frijol.
–¿Cuál de estos maíces se cosecha más pronto? –pregunté.
–El amarillo es de cinco meses, el morado de seis y el blanco de siete –dijo el viejo canoso, de piel arrugada y curtida.
–¿Y cuál rinde más? –volví a preguntar.
–El amarillo poco, el morado un poco más y el blanco es mejor.
–¡Ah! y por qué no siembra puro blanco en lugar de esa revoltura? –recomendé.
El viejo sonrió mostrando unos dientes cristalinos y pequeños como granos del maíz reventado.
–¡Eso mismo dijo mi hijo!; pero a ver dígame señor: ¿cómo van a ser las lluvias este año?
–¡Óigame!, yo soy agrónomo, no adivino…
–¡Ya ve! Sólo Tata Dios sabe. Así como sembramos, si llueve poco levanto maíz amarillo; si llueve un poco mas más, levanto más (amarillo y morado); y si las lluvias son buenas, pues levanto de los tres maíces…”
Diversificar los cultivos en la parcela campesina para asegurar algo de cosecha es la lección de este testimonio. Pero la diversificación no solo en esta modalidad de combinar semillas de diferentes características, sino también en la modalidad de combinar cultivos anuales y perennes, siembras de temporal y siembras de riego, agricultura y ganadería, tecnologías tradicionales y tecnologías agroecológicas, entre otras. En la tradición campesina hay muchas variedades de diversificación que pueden asegurar alimentos sanos y excedentes comercializables. Algunas de estas combinaciones tradicionales, fortalecidas con prácticas agroecológicas, son las siguientes: milpa (maíz-frijol-calabaza), milpa intercalada con frutales, frutales intercalados con pastizales, pastizales con leguminosa forestales, etc.

Después de la canícula…

Ahora, los productores afectados por la canícula enfrentan la pérdida de su inversión y la dificultad de volver a sembrar debido a la falta de recursos económicos y al hecho de que el temporal de lluvias no alcanzará a cubrir un nuevo cultivo. Esta situación, como otras calamidades naturales que cada año se presentan (huracanes, granizadas, trombas, temblores, etc.) debe obligar a autoridades y a productores a resolver de manera mancomunada e inmediata la emergencia que se vive, activando el seguro para situaciones catastróficas y la declaratoria de zona de desastre.
Para que estos mecanismos se activen a la brevedad se requiere de una actitud eficiente y de verdadera voluntad política de parte de los funcionarios de Sagarpa y de la Secretaría de Desarrollo Rural del gobierno del estado. Facilitar a los campesinos el procedimiento para reportar oportunamente los cultivos afectados; y establecer un espacio de diálogo, información veraz y compromiso verdadero entre los titulares de dichas dependencias y los representantes de los campesinos afectados son acciones prioritarias que urgen en estos momentos.
Diseñar también de manera mancomunada propuestas estratégicas de fomento productivo que prevengan, resistan o mitiguen cualquier tipo de siniestro natural, es hoy por hoy una acción ética tanto de los representantes campesinos como de quienes administran la inversión pública destinada al campo guerrerense.
A pleno sol… los ayuntamientos lucen vacíos de todo, no solo de funcionarios de primer nivel que ya respiran el año de hidalgo, sino también de trabajadores, de computadoras y demás equipos de oficina. Y aún estamos a poco más de dos meses de que culmine el periodo de la administración municipal en curso. Ante este vacío, adónde pueden acudir los ciudadanos para que sean recibidos y atendidas sus peticiones? ¿Rendirán cuentas claras los alcaldes actuales antes de que termine su periodo? Veremos.

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