“Ese es el mero dirigente y se lo va a llevar la chingada”, dijeron policías que lo golpearon, dice Tenorio Villegas
“Me agarraron como piñata”, dice el profesor, uno de los tres cetegistas de Tlapa que tienen orden de aprehensión por delitos electorales con motivo de las manifestaciones por Ayotzinapa, los presos políticos y contra la reforma educativa, y que proclamaban la cancelación de los comicios del 7 de junio
Antonia Ramírez
Tlapa
El dirigente del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) y de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), Juan Tenorio Villegas relató la agresión que sufrió de efectivos de la Policía Estatal y un grupo de choque, el 5 de junio: “ese es el mero dirigente, ahorita se lo va a llevar la chingada”, recordó que dijeron.
Tenorio Villegas es ahora uno de los tres integrantes del MPG que tiene orden de aprensión por delitos electorales porque fue parte del movimiento que proclamaba la cancelación de las elecciones, como medida de presión en la demanda de la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa y contra las reformas estructurales de Peña Nieto.
A dos meses con 13 días de la agresión, Tenorio Villegas aún se encuentra en recuperación por lesiones en la cabeza y le dejaron el cráneo astillado como resultado de los golpes con palos, tubos y machetes.
Comentó que el médico le detalló que los golpes recibidos en la cabeza y las fisuras en el cráneo estuvieron a punto de hacer que perdiera la movilidad del cuerpo porque esa zona es muy delicada y faltó poco para que tocara los nervios vitales.
Tiene el brazo izquierdo fracturado por los golpes y se mantuvo enyesado un mes para que los huesos se fortalecieran porque le colocaron cinco clavos a lo largo de la mano y que ante ayer acudió a su cita y le quitaron el yeso pero le adaptaron un brazalete para que proteja la parte afectada y el siguiente mes volverá acudir para ver si le quietan la placa. “Estoy mejorando”, comentó.
Las heridas en la cabeza ocasionadas por los golpes han cerrado, a pesar de que le hicieron más 20 puntadas en una sola, de las 10 que se pudo contar.
El día de la entrevista, como estaba vestido con pantalón corto, se le alcanzaban a mirar cicatrices en el pie izquierdo y en la rodilla.
Las heridas en el cuerpo y los hematomas que le dejaron han desaparecido lentamente. Su caminar es lento, su habla igual y con dificultades al precisar fechas.
“Me agarraron como piñata”, dijo, lo que arrancó una sonrisa a su hija pequeña y él le correspondió, mientras contaba lo que pasó el 5 de junio frente a la central de autobuses Sur, en la calle Morelos, donde mencionó que otro de los lesionados fue el profesor Fredy, quien era el dueño del carro en que llevaban el aparato de sonido. Desde ese carro “les hice llamado a la calma tanto a los compañeros como al otro grupo, pedí diálogo”, recuerda, pero sus palabras no fueron escuchadas, porque los policías iban dispuestos a golpear.
Dice que a pesar de que pedía diálogo, el otro grupo y los policías no lo escucharon, vio que los policías golpeaban sus toletes con los escudos y “no siguieron los protocolo de una manifestación” y se le fueron encima, golpeando el carro, bajaron a golpes a él y a su compañero Fredy, quien iba conduciendo.
Dijo que lo sacaron del vehículo, a golpes, y por instinto se cubrió la cabeza con los brazos ante la avalancha de golpeas de machetes, palos, tubos y empujones.
Finalmente alguien paró los golpes, pero no así las agresiones verbales de los policías y de gente del grupo de choque.
Dijo que una mujer policía le aseguró que lo había visto en el enfrentamiento que habían tenido por la mañana en el puente de Atlamajac y le dijo que lo iban a llevar como rehén y le preguntaba que dónde tenían a su compañero policía que habían retenido durante el enfrentamiento de la mañana en la gasolinera y él respondió que en ese momento no sabía porque lo tenían sus compañeros de movimiento.
Dijo que los manifestantes tenían pensado entregar al policía que habían retenido en presencia de representantes del gobierno, como el delegado regional de Gobernación, Jorge Rodríguez Ponce y el delegado regional de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos (Codehum) Celso Vázquez, que eso había sido el procedimiento de todas sus actividades donde había algún detenido.
Detalló que los policías lo agarraron y se lo llevaron contra la pared de una casa y le pidieron su identificación, su nombre y si era de la comunidad de Tlaquilzinapa, le pidieron que se limpiara la cara, porque estaba ensangrentado y otro le decía: “te vamos a romper la madre, dónde está nuestro compañero, querían que les dijera dónde estaba su compañero, pero yo no sabía, la base lo llevaba atrás cuando nos golpearon y después todos se dispersaron”.
Lamentó que al lugar llegaran el director de un inter diario local, El ABC, Delfino Cantú y Félix Godoy, este último “se dice periodista y sabemos que es oreja de Gobernación y los dos me dijeron que me iban a romper la madre porque yo era el dirigente”, “éste es el mero dirigente, rómpanle la madre les dijo a los policías”.
Lamentó que los hermanos Vázquez Sierra participaran con la entrega de los palos a los del grupo de choque como Rafael, cuando su hermano Hermenegildo es regidor y Rufino fue presidente municipal y ahora forma parte del equipo del gobernador electo Héctor Astudillo Flores, además de otros regidores y trabajadores del Ayuntamiento y de los sitios de taxis.
Recordó que los policías llegaron con el maestro Leogín Sánchez y a otra persona que no era del movimiento y por sus características pensó que podría ser campesino y que por causalidad pasaba por el lugar y lo retuvieron.
Contó que vio a Leogín pero que no iba tan golpeado, porque no llevaba tanta sangre, pero sí un orificio en la espalda. En ese lugar los policías se burlaron de ellos y les dijeron que “se los va llevar la chingada”.
A los tres los trasladaron hacia el centro de la ciudad y el policía que lo llevaba sosteniendo de la playera, lo insultaba y se burlaba de él constantemente le decía “¿no que muy cabrón?, tú te lo buscaste”.
Cuando iban llegando al Palacio Municipal se le acercó una mujer que identificó como trabajadora del actual Ayuntamiento y le dijo: “por perro te vamos a matar” y vio también a otro trabajador del Ayuntamiento que se llama Julio Rodríguez Román y a la vez es delegado de la colonia San Francisco, que todavía llevaba piedras en la mano.
Al llegar al Palacio Municipal, lo sentaron en el corredor y ahí lo tuvieron, rodeado por los integrantes del grupo de choque que le gritaban que lo tenían ahí para que aprendieran a no meterse con el pueblo, llegaron socorristas de la Cruz Roja a darles primeros auxilios pero no los dejaban, minutos después llegó su hija que pedía que dejaran que lo atendieran porque lo veía muy mal, pero de momento no los convenció, hasta que finalmente cedieron.
El canje del maestro por el policía
Su hija de 20 años comentó que durante todo el tiempo que permanecieron en el corredor del Ayuntamiento torturaron psicológicamente a su papá porque se burlaban de él a cada rato, y un policía le preguntaba cómo se sentía, que si le dolía y que era un pendejo por eso estaba así. Lo mismo los del grupo de choque, que sin bien habían sido replegados seguían gritando que ellos eran el pueblo.
Juan Tenorio recordó que vio a las reporteras cuando se acercaron al Ayuntamiento y él estaba sentado en una silla en la puerta principal, ya con la cabeza vendada y la playera mojada con manchas de sangre y a un lado su hija quien le echaba aire con una playera.
En ese momento, a Leogín Sánchez ya lo habían trasladado en ambulancia al hospital y sólo Tenorio permanecía en el lugar, porque la otra persona detenida había sido liberada, y a él, que es el dirigente, no dejaron que fuera llevado a un hospital.
El corredor del Ayuntamiento se encontraba custodiado por policías estatales para que la gente no se acercara, y colocaron cintas amarillas de precaución a su alrededor, mientras los colonos del grupo de choque seguían ahí y también se encontraba el coordinador regional de la Codehum, Celso Vázquez Vivar, quien dijo que ya estaban en las negociaciones para el intercambio que sería la forma de lograr su liberación, su libertad a cambio del policía.
Su hija contó que después de que acordaron el intercambio, los del grupo de choque la presionaban y le marcaban tiempo y le dijeron que le daban una hora para que el MPG entregara al policía y se hicieran el canje, y así se le acercaban a cada rato, ella se comunicó con su esposo para que buscara a los del movimiento y les dijera que llevaran al policía. “Cada rato me decían, te quedan 20,15 minutos, si no la gente ya sabe qué hacer con él”, recordó. Se referían a colonos de Caltitlán y las Palmas y algunos taxistas que se encontraban en la calle resguardando con palos, machetes y tubos y no permitían que la Cruz Roja atendiera a los lesionados, hasta que el profesor Leogín Sánchez perdió el conocimiento y permitieron que se lo llevara la ambulancia y sólo quedó Tenorio Villegas.
“El comandante decía: cuando traigan a nuestro compañero policía y lo entreguen, ustedes saben lo que tienen que hacer, nosotros ya no nos vamos a meter, ustedes saben si dejan ir al profesor”, recuerda que dijo un policía a los del grupo de choque.
El canje se dio en las oficinas de la Codehum en presencia de Vázquez Vivar, el director del Centro de Derechos Humanos de la Motaña Tlachinollan, Abel Barrera, y ahí mismo llegaron integrantes del MPG, Elmer Pacheco y Arnulfo Cerón con el policía que en la mañana habían retenido en el enfrentamiento en la gasolinera cerca de la comunidad de Atlamajac.
Tenorio Villegas mencionó que de ahí abordaron el carro que el MPG llevaba junto con su familia y lo trasladaron a un consultorio particular y ahí lo atendieron y por la gravedad de los golpes lo trasladaron a otro estado para su atención médica.
Dijo que su movimiento no era de incitar a las armas la gente, sino un movimiento por la aparición de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, los presos políticos y exigencia de justicia por todos los desaparecidos.
Se le preguntó si recurriría a una instancia legal para denunciar la agresión y respondió: “no, no creo en la justicia, si existiera ya hubiera para los 43 familiares de los jóvenes desaparecidos y nosotros no estaríamos movilizándonos, no creo que a mí sólo se me haga justicia”, ironizó con una sonrisa.
El lugar donde se desarrolló la entrevista no puede ser mencionado por razones de seguridad, ante el hostigamiento de policías y gente civil a la familia.




