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Carlos Pérez Aguirre

Chavarría y Ayotzinapa, asesinatos impunes

 

Dos asesinatos. El primero dirigido con precisión contra el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso de Guerrero, un personaje importante y controversial de la oposición de izquierda, que llegaba a disputar hace seis años la gubernatura con enormes posibilidades de obtener el voto mayoritario de los ciudadanos.
El repudio que entre los guerrenses cosechó el zeferinato por su alta traición a lo que la población demandaba, construyó las bases para que un político formado en las luchas sociales retomara el rumbo y el anhelo ciudadano. La investigación sobre su homicidio ha sido a la vista de todos insuficiente y confusa, por no decir omisa. La percepción ciudadana es que se evita por colusión, porque existen enormes intereses de por medio que evitan se investigue, no obstante que existen pistas específicas de autores materiales e intelectuales, que existen beneficiarios concretos que querían eliminar de la contienda a la gubernatura al competidor que con certeza ganaría.
Una vez eliminado, tanta seguridad tenía el partido que era su principal contrincante que había derrumbado esa posibilidad, que la posición al alcance de sus manos se diluyó, por una aparente confrontación. El juego de espejos resultó tan completo que los excesos de poder y de despotismo no dejaron de cometerse, provocando una y otra vez la repetición de las prácticas que eran comunes antes de la alternancia.
La represión sistemática y cínica fue constante: compra de conciencias, destierro o entierro ese era la “renovada práctica” que asombraba a los analistas, por la mansedumbre con que era aceptada por la antigua oposición ahora orgánica, integrada a la nómina. Nada se criticaba, nada se analizaba, solo se aceptaba. Pero lo más inaudito: no se obligaba a investigar, a llegar al fondo del asesinato de la principal figura que en otro momento generó la más importante corriente de izquierda en el Guerrero de la alternancia, sus compinches solo callaron, aun hoy lo hacen.
Pero sus omisiones propiciaron un nuevo cultivo de agresiones a luchadores sociales. Y hoy no sabemos aún cuál es la verdad sobre el asesinato y desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, hoy el gobierno federal entorpece las investigaciones al grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humano.
La razón por lo que lo hacen parecería una defensa de la institución castrense, que podría ser válida si se tratara de vulnerar su credibilidad u honor, pero evidentemente no es el caso, porque una investigación imparcial de un organismo internacional precisamente salvaría esa honorabilidad de la institución armada de la suspicacia que se ha adueñado de la ciudadanía nacional e internacional, incluso en el caso de resultar algunos de sus elementos manchados con la infamia, la institución refrendaría su esmero en aplicar la justicia y defender a la patria, recordando que la patria es la población que habita este país, y parte de esa patria eran los estudiantes normalistas asesinados y desaparecidos.
Guerrero es hoy señalado como el estado con mayor incidencia delictiva, y sí, si observamos que dos enormes crímenes, un magnicidio y una masacre no han sido aclarados, entonces los cuerpos judiciales, de procuración de justicia, de seguridad e investigación estatales y federales, no están funcionando. Si dos grandes crímenes de resonancia internacional son soslayados y desviadas sus investigaciones, entonces podemos pensar que mucho tendrán de razón aquellos que señalan a estos como crímenes de Estado.
Titishando. Sigue el nepotismo y la corrupción. La revista Proceso publicó en su portal las anomalías y procesos ilegales para autorizar notarias a familiares cercanos al ex gobernador Aguirre con la complicidad del gobernador Ortega. Así también en la Auditoría General del Estado, despacha como auditor especial para Ayuntamientos el hijo de uno de los señalados con casos de corrupción extrema, Elpidio Pacheco. Algunos ayuntamientos están inconformes sobre la actuación irregular del hijo de este personaje.

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