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La final perfecta: Federer y Murray se baten mañana en el césped de Wimbledon

DPA

 

Londres

 

Wimbledon será escenario el domingo de la “final perfecta”, un duelo entre el suizo Roger Federer y el británico Andy Murray que toca fibras muy sensibles de la historia del tenis.

La final con la que el “planeta tenis” soñaba se produjo en dos pasos. Primero, con el techo cerrado y la lluvia cayendo sobre Londres, Federer se impuso 6-3, 3-6, 6-4 y 6-3 en dos horas y 12 minutos al serbio Novak Djokovic.

Luego, con el techo abierto y el sol arrancándole de tanto en tanto reflejos dorados al césped, Murray batió al francés Jo-Wilfried Tsonga por 6-3, 6-4, 3-6 y 7-5 en dos horas y 42 minutos.

Así, el tenis vivirá el domingo sobre el desgastado césped del All England Club el que quizás sea el partido más importante de la temporada, un choque en el que están en juego varios récords, el número uno del mundo y el final para una de las “maldiciones” más potentes del deporte británico, 74 años sin finalistas en Wimbledon y 76 sin títulos.

“Será uno de los partidos más grandes de mi vida”, dijo un sereno Murray, representante de un país que no conquista Wimbledon desde que Fred Perry lo hiciera en 1936 y que no ve a uno de los suyos en la final desde que Bunny Austin la perdiera ante Donald Budge en 1938.

Pero el rival que tendrá enfrente tiene una dimensión superior, y Murray, que lo sabe bien, ya comienza a sentir la presión. “Todos esperan algo increíble de mí”, le dijo a la cadena de televisión Sky instantes después del triunfo.

Los británicos sueñan ya, pero Murray no quiere festejar. “No es el final del torneo aún, el tiempo para todo eso llegará cuando haya terminado”.

“No voy a celebrar -insistió-, sólo voy a disfrutar esta noche. Voy a regresar a casa, tendré una cena agradable con mi novia y después a pasar el tiempo con ella y los perros. Eso es todo”, insistió el escocés con voz grave.

El británico de 25 años jugó ya tres finales de Grand Slam, pero perdió todas sin ganar siquiera un set. Federer, de 30 años, disputará la vigésimo cuarta y la octava en el All England.

Los dos partidos de ayer le dieron forma a un día de hitos que dejan abierta a la reescritura parte de la historia del tenis.

“Por momentos jugué hoy un tenis fantástico”, dijo Federer tras su notable victoria. Si gana el domingo igualará el récord de siete títulos en manos del británico William Renshaw -campeón en la prehistoria del torneo- y del estadunidense Pete Sampras.

Pero además empataría el lunes, y superaría siete días después, el récord de Sampras de 286 semanas como número uno. Sería además su décimo séptimo título de Grand Slam, alejándose más aún de los 14 de Sampras.

“Me juego el número uno, así que saldré con algo de presión”, admitió el suizo, que tras la exhibición que ofreció hoy es claramente el favorito, aunque Murray lleve ocho victorias en 15 enfrentamientos con el suizo, ante el que cayó las dos veces que lo enfrentó en Grand Slams.

Federer comenzó hoy atropellando a Djokovic, lanzándole un “yo mando” raqueta en mano, y mantuvo esa actitud hasta el final del encuentro, tal como reconocería luego el serbio.

“Él jugó bien, fue mejor jugador. En los momentos importantes fue agresivo de los dos lados, eso es lo que esperas cuando enfrentas a Roger. Yo sabía que tenía que ser muy consistente para ganar este partido”, admitió el serbio.

“Él sacó muy bien, muy bien, con un alto porcentaje. Lo que yo hice mal hoy fue mi primer tiro tras el servicio. No me moví bien. Si pegas el primer tiro en forma defensiva tienes muy pocas chances de ganar el punto”.

El día se cerró a las 18:38 de Londres, con los últimos rayos de sol colándose en la mítica cancha central de Wimbledon.

Murray devolvió el saque de Tsonga con un seco derechazo cruzado que pasó limpiamente al francés. Superado por la situación, el escocés cerró los ojos y dejó caer la raqueta. Pero el partido no estaba terminado. El juez de línea cantó “fuera”, para ser de inmediato enmendado por el juez de silla. Murray reclamó la entrada en acción del hawk eye, mientras Tsonga seguía sonriente los acontecimientos apoyado en la red.

“Me dijo que pensaba que había sido ancha”, explicaría Murray luego sobre Tsonga. “Y yo le dije que no”.

El sistema electrónico demostró que la pelota entró con lo justo y Murray por fin pudo celebrar ante un estadio que vibraba ante la concreción de algo soñado por décadas. Paradoja: Murray tiene como entrenador al checo-estadunidense Ivan Lendl, un ex número uno que nunca pudo ganar Wimbledon.

Desde su posición de comentarista para la BBC, John McEnroe, otro número uno del mundo, pero múltiple campeón de Wimbledon, mostró su respeto por Murray: “Me imagino lo que habrá sentido, porque hace diez años que se viene hablando de que debe jugar esta final, y por fin es realidad”.

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