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Reflexiona Arnoldo Kraus sobre la muerte, cuya obsesión constante lo ha hecho escritor

*La más reciente obra del médico internista y reumatólogo, Recordar a los difuntos, narra el lento derrumbe y los minutos finales de su propia madre

Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma

Ciudad de México

“¿Para qué crear viejos si no tienen un lugar en la sociedad?”, se pregunta Arnoldo Kraus. La medicina lucha por prolongar la vida, pero falta saber, piensa, cuántos ancianos sienten todavía el deseo de estar vivos.
“En un país con más de la mitad de la población pobre o muy pobre, ¿qué posibilidades existen de llegar a tener una vejez alegre?”, indica. “Si eres muy pobre, no puedes ser un viejo feliz”.
Helen, su madre de 89 casi 90 años, tuvo una buena muerte. Lo dice el médico internista y reumatólogo, que la acompañó durante su lento derrumbe y estuvo presente también en sus minutos finales. Vivencias que narra en Recordar a los difuntos (Sexto Piso/Conaculta).
“Soy más médico que escritor”, reconoce el profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM y miembro del Colegio de Bioética en su consultorio del Hospital ABC, “pero tengo una gran pulsión por la escritura”.
En el libro, su madre pide regresar a la escuela de su Polonia natal, le habla a sus muertos, quiere vivir. El hijo observa, anota, reflexiona: sobre la eutanasia y la muerte digna, sobre la paz de los difuntos, sobre la palabra y la mirada.
“A lo mejor, siempre escribo el mismo libro”. Una obsesión constante, la muerte, abordada de diversas formas. Como novela en Decir adiós, decirse adiós, como testimonio en Morir antes de morir, como ensayo en Cuando la muerte se aproxima.
“Si uno puede elegir cómo morir, tiene derecho a preguntarse si vale la pena seguir cuando la vida ya no es vida. Yo no quiero morir rodeado de indignidad, lo saben mis familiares, mis amigos”.
En Recordar a los difuntos, Kraus adopta un ritmo pausado, una prosa reiterativa. “Sí, me repito mucho. Es una forma de escribir que adopto cuando quiero lograr un tono poético, reflexivo”.
La vida siempre es regresar, afirma. Ir hacia delante y retroceder. En su caso han vuelto las imágenes de la muerte de su madre, se ve arrodillado a su lado, mira cómo cierra los ojos, la cabeza que cae. Son imágenes que regresan una vez a la semana, o dos veces al día; no hay reglas, dice.
“¿Es el libro una elegía a mi madre? Sí, lo es”.
Recordar a los difuntos formula también interrogantes: “¿cómo saber cuándo un ser humano cuyo cerebro se ha marchado ya no es una persona?”, “¿en qué piensan quienes van a morir?”, “¿es posible vivir sin difuntos?”.
“La pregunta importante de responder”, considera Kraus, “es la obligación que tiene un ser humano para con los suyos. En una sociedad donde el tiempo líquido, cito a Bauman, está alejándonos cada vez más, escribes a veces para hacerte responsable de los tuyos y, con suerte, responsabilizar a algún lector de los suyos”.

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