Carlos Pérez Aguirre
Un informe en cero
Los informes de gobierno durante muchos años se habían convertido en un ritual anodino en contenido –como hasta hoy–, una declamación de grandes y numerosas cifras que poco se reflejaban en la realidad, pero que se utilizaban como eventos de lucimiento del presidente en turno.
Tal vez el último informe de este tipo lo protagonizó Miguel de la Madrid, discursos con desmedido formalismo y muchos números, que nadie escuchaba pero que se difundían en cadena nacional – era el tiempo del Estado omnímodo, en donde las cadenas de radio y TV eran “soldados del PRI” como ellas mismas se definían, –no como hoy, donde los partidos son soldados de esas cadenas.
Pero los tiempos cambiaron, se fortaleció la sociedad mediante la manifestación de sus inconformidades ante un Estado que cada vez cumplía menos las expectativas de los ciudadanos, que cada vez se alejaba más de los requerimientos de la población. Por ello la inconformidad llegó a los mismos recintos oficiales donde se celebraban esas fiestas del Presidente; la protesta, primero tibia, luego fuerte y sonora, se instaló en esa ceremonia.
Por tal razón haciendo evidente su cobardía ante los ciudadanos inconformes y su falta de democracia, se procedió a la fría entrega de un escrito y luego en algún lugar escondido y recóndito, el Presidente enviaba un “mensaje a la nación”. Ese formato que ha permanecido hasta ahora, inició con Carlos Salinas y se continuó en adelante. Lo cierto es que “el formato “ no ha cambiado la esencia de la inocuidad del evento de esa élite irresponsable que dice gobernar.
En este periodo del presidente Peña Nieto fue entregado un voluminoso documento que seguramente contiene como siempre, una gran cantidad de cifras que pretende justificar el paso de ese grupo por el gobierno federal, miles de millones de pesos que se tratan de justificar mediante la relación de programas y “acciones”. Pero habrá que preguntarse ¿Ha disminuido la inseguridad? ¿Ha mejorado nuestro nivel de vida? ¿La economía del país está de plácemes? ¿Ha disminuido la corrupción? ¿La pobreza ha disminuido? Por desgracia para todos los mexicanos las respuestas a esto interrogantes son negativas, en todos los casos.
Una inseguridad terrible se cierne sobre todo el país, una enorme corrupción que invade hasta los tuétanos del sector público y privado, existe una crisis económica galopante y se han incrementado los niveles de pobreza. Pero aún más, se gastan miles de millones de recursos presupuestales para mantener órganos electorales, organismos anticorrupción y contralorías que para lo único que sirven es para validar fraudes y la gran corrupción.
Las reformas anunciadas y validadas por los partidos solo han servido –en el caso de la educativa– para restringir derechos laborales y sociales y hoy se anuncia incluso que se emitirán bonos de deuda para financiar la educación. La reforma energética, para realizar ventas indiscriminada de recursos a empresas extranjeras, luz, petróleo, recursos minerales y recursos naturales (que incluye agua, como ya se intentó). La reforma fiscal para incrementar indiscriminadamente los impuestos. En síntesis, reformas que no benefician a la población, sino solamente a la pequeña élite gobernante.
Ante lo anterior, el informe de gobierno resultó un evento insulso, demagógico y de desmedida propaganda para justificar los múltiples errores gubernamentales, corrupción de sus miembros y deplorable estado de la economía. Sin olvidar la ingobernabilidad manifiesta y control que tiene el crimen organizado sobre los aparatos de gobierno: ahí está el asesinato y la desaparición de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, que fueron masacrados y desaparecidos y cerca de cumplir un año este lamentable hecho, lo único que hay es una contradictoria y sospechosa versión oficial que muchos considera como construida a modo.
Un informe de cero, un informe de desastre.




