Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Las drogas y las armas van y vienen entre EU y México por que son negocio: Salma Hayek

Edgardo Reséndiz / Agencia Reforma

Monterrey

Es una mañana sabatina de junio en el Hotel Four Seasons de Beverly Hills.
Un numeroso grupo de periodistas de todo el mundo está aquí para las entrevistas promocionales de Salvajes (Savages, 2012), la nueva película de Oliver Stone. Hay un ir y venir de gente, entre personal del estudio, publicistas de los actores, staff de televisión y empleados del hotel.
Los usualmente tranquilos pasillos del lujoso hotel lucen abarrotados de actividad y parloteo.
De pronto, la presencia de Salma Hayek provoca un silencio expectante. Todos voltean a verla, mientras ella va de una suite a otra.
Lo más evidente es que la mexicana conoce a la perfección el difícil oficio de ser estrella.
No importa que su personaje en la cinta sea pequeño, ella sabe cómo darle impacto e importancia dentro y fuera de la pantalla.
Hace un momento concluyeron las mesas redondas con periodistas de todo el mundo en las que estuvo acompañada de Blake Lively, otra de las protagonistas del filme.
En un rato más participará en una conferencia de prensa nuevamente al lado de Lively, pero también con Benicio del Toro y sus compatriotas Demián Bichir y Sandra Echeverría. Después seguirán las entrevistas de televisión, otra vez en par con la estrella de la serie Gossip girl, que se prolongarán hasta bien entrada la tarde.
Antes de cambiar de outfit, maquillaje y peinado, Salma hace una pausa para tomar una taza de té y charlar con Top Magazzine, a solas, poniendo de manifiesto que más allá de la figura que deslumbra en las alfombras rojas está la actriz comprometida con su trabajo y con su realidad.
“Mi papel no es tan grande”, dice, refiriéndose a Elena, la poderosa jefa de un cártel de drogas del norte de México. “La película tiene personajes inolvidables, todos, en diferentes formas. Dennis, el agente federal que hace (John) Travolta está maravilloso. Hace mucho tiempo que no lo veía así… y Blake y Benicio… ¿qué te digo? Todos”.
Para darle vida a su interpretación, destaca, se inspiró en muchas mujeres exitosas de distintas áreas.
“No necesariamente del negocio del narcotráfico”, aclara. “Pero con todo lo que investigamos supe que hay más de las que te imaginas dedicadas a eso, porque las mujeres son más listas, son más difíciles de detectar porque no buscan atraer mucho la atención, ni son dadas a matar fácilmente porque no las mueve el deseo de venganza, sino que se enfocan por completo en el negocio.
“Si alguien las humilla o algo sale mal, muchas veces lo dejan pasar para no crear un problema mayor que a la larga afecte su actividad o que haga que las maten. Operan por debajo del alcance del radar”.
Confiesa que no habló con ninguna de esas mujeres, pero sí con personas que estuvieron en contacto o tuvieron una cierta relación con ellas.
Físicamente, buscó darle un estilo muy característico, perdurable.
“Estas mujeres crean un personaje, algo que pueda desasociar lo que hacen de lo que ellas son realmente”, señala la actriz de 45 años.
Su experiencia materna también le ayudó a darle forma a Elena, porque considera que hay mujeres que, tengan hijos o no, se comportan como madres porque es algo que se lleva en los genes, en el instinto.
“Y yo me quise asegurar que esa mujer lo tuviera, a pesar de que ocupa una posición que tiene mucho de masculina en un medio que es así también”, añade.
El año pasado su hija Valentina Paloma y su marido, el empresario francés Francois-Henri Pinault, sacrificaron sus vacaciones familiares de verano para que la actriz pudiese estar en la filmación de la cinta bajo las órdenes de Stone, el controvertido realizador de JFK, Asesinos por naturaleza, Pelotón y Nacido el 4 de Julio, entre otras.
“Encontrar un buen director como él es difícil… que me llamé es todavía más”, comenta con una carcajada. “Y si a esto le agregas que el papel es buenísimo, está bien escrito y tenía mucho jugo que sacarle… ¡ya te imaginarás lo afortunada que me sentí!”.
En Salvajes, adaptación cinematográfica de la novela de Don Winslow, se trata el tema del narcotráfico y la corrupción en Estados Unidos y México.
“Por lo menos este hombre está interesado en lo que pasa en mi país. Una de las cosas que más me gustó de Oliver es que es alguien que toma muy en serio el tema”, expresa la actriz de 45 años.
“Puedes estar o no de acuerdo con él, pero no lo aborda a la ligera. Trajo a mucha gente para la investigación y el trabajo de mesa, de los dos lados. ¿Cómo consiguió o los contactó? No te lo puedo yo decir, pero me sorprendió la cantidad de gente con la que hablamos, a todos los niveles, de este lado de la frontera y del otro, del lado de la policía y del otro lado”.
Stone, explica Salma, realizó un trabajo casi periodístico en su manera de abordar el aspecto político del proyecto, haciendo un esfuerzo por presentar el resultado de su investigación, sin tomar una postura específica.
“En algún momento yo dejé de ver eso. Antes de que pudiéramos hablar con la gente que él nos llevaba al set, mandaba muchísima información escrita y que era deprimente. Yo de plano dije: no necesito todo esto para hacer el personaje”, recuerda.
Lo más difícil del proceso creativo de un papel como ése, explica, es que su propia visión del problema real no es tan importante como la de Elena, la traficante, madre y mujer de negocios a la que interpreta.
“No puedo darme ese lujo. Mi trabajo de investigación no es política, no se trata de hacer un reporte. Lo veo con una lupa muy específica y lo tomo desde un punto de vista que no es el mío”.
Salma está segura de que en Estados Unidos no se le ha dado al problema del narcotráfico el peso que debería.
“Noté que algunos de los actores norteamericanos no sabían nada de eso. Mucha gente en este país no está enterada por lo que está pasando México”, comenta. “Mi esposo se sorprende de lo poco que se menciona el problema, no sólo en el mundo, sino sobre todo en Estados Unidos. Y en el problema los dos países están involucrados. Se habla mucho aquí de la amenaza que representan Afganistán, Irán, Iraq, Paquistán… pero están lejísimos. Y el problema de las drogas representa algo muy serio y está al lado. La inestabilidad social del vecino, la inseguridad, que no se tome un control político de la situación son un problema… y, sin embargo, no meten la mano”.
Lo que queda claro en Salvajes, dice, es que la corrupción existe en ambos lados de la frontera.
“Aquí no entraría nada si no hay nadie de este lado que también sea parte del negocio”, manifiesta, con un dejo de vehemencia. “Las armas van todas de acá para allá. Esas marcas que han matado a tanta gente son norteamericanas. Y sin embargo, ven al problema como si fuera sólo de México”.
La pausa entre actividades ha terminado. El té también. Su publicista, la maquillista y la encargada de vestuario la esperan. Nuevamente aflora la estrella, la mujer hermosa, cuya personalidad hace que todos los presentes guarden silencio.
¿Y qué te hace sentir sexy, Salma?
“Mi esposo”, responde con una sonrisa.

No viene a México

Esta semana, Oliver Stone, John Travolta, Demián Bichir, Sandra Echeverría, Joaquín Cosío y Diego Cataño promoverán Salvajes en la ciudad de México, previo a su estreno programado para el 13 de julio.
Salma, sin embargo, no podrá asistir porque se encuentra filmando Grown Ups 2, al lado de Adam Sandler, en Boston.

468 ad