Dr. Fernando Lasso Echeverría
El tabaquismo
El tabaco es originario de América, donde la población indígena lo usaba especialmente en ceremonias religiosas. Fue llevado por los conquistadores españoles a Europa, sin embargo, inicialmente su uso no se generalizó en la población, sino que se limitó a ciertos círculos sociales como el artístico, que lo utilizaban masticado o inhalado. Fue a finales del siglo XIX cuando empezó su producción y su uso masivo en forma de puros, pipas o cigarrillos, tal como se conoce hasta la fecha.
Durante mucho tiempo, el público no solo ignoraba el daño físico y las patologías que el tabaco producía a los que lo usaban, sino que muchas gentes también le atribuían algunas propiedades curativas; por ello, el tabaquismo se tenía como un hábito inofensivo y socialmente elegante, de buen gusto y digno de imitarse; de hecho, era ejemplar para toda la juventud su uso, pues además de observar en su entorno a las personas mayores de la familia gozando de esta adicción en forma placentera y desinhibida, era común ver también en muchos medios de comunicación, a gentes distinguidas en cualquier actividad humana –artistas, políticos, empresarios– con su cigarrillo en la mano o prendido del labio, hecho que provocaba que se asociara popularmente este hábito con la trascendencia social de los fumadores; prácticamente pues, el cigarrillo –al igual que la pipa y el puro– formaban parte de un status social al cual todos aspiraban; mucho se decía también en forma absurda, que el uso de la pipa hacía ver más inteligentes y sumamente intelectuales a los que la utilizaban.
En las películas que se exhibían en las décadas de los años 30, 40, y 50, el glamour, la belleza y la elegancia en las actrices y la virilidad, el porte y la galanura en los actores, se asociaba a un buen pitillo en la mano o en la boca de los personajes, mismos que casi en toda la película –como mensaje subliminal– se la pasaban fumando, situación que la población hacía todo lo posible por imitar no solo en el hábito y las formas de fumar, sino hasta en las marcas de cigarrillos que sus fantasiosos héroes fílmicos consumían, con la finalidad de intentar parecerse a ellos; lamentablemente pocos cinéfilos se enteraron del número tan elevado de artistas que fallecieron de cáncer pulmonar y otras enfermedades que ahora se relacionan con el tabaquismo, como por ejemplo la estrella de Casablanca Humphrey Bogart, el icono norteamericano de las películas de vaqueros John Wayne y Steve Mc Queen por mencionar a algunos; aunque habría que aclarar que actualmente, la mayoría se mueren más temprano por los pasones con drogas mortales como la heroína por ejemplo. No hablo al tanteo. Existe una larga lista al respecto.
Pero volviendo a nuestro tema, estas estrategias publicitarias que las tabacaleras –mediante el cine– usaban en esas fechas, las continuaban utilizando hasta hace poco tiempo en todos los medios masivos de comunicación, publicidad que desde hace diez años aproximadamente está prohibida. Las tabacaleras hacían lo imposible por ocultar los daños que produce esta adicción y mediante comerciales muy bien logrados, asociaban el uso del tabaco con belleza y fortaleza física, sensualidad y erotismo, elegancia y bienestar económico, además de muchos otros mensajes subliminales que impactan conciente o inconcientemente al público. Y como no, si las ganancias de estas empresas son impresionantes. El fumar Malboro por ejemplo, hacía sentir a la mayoría de los que iniciaban el uso de estos cigarros –y que absorbían la publicidad reiterativa en tv y prensa escrita– que eran tan guapos como el modelo que los anunciaba, tan viriles y fuertes como él, y paradójicamente, con una gran comunicación con la naturaleza. Sería conveniente hacerles saber también que el penúltimo de los modelos de los que anunciaron esta marca de cigarrillos –quien era fumador empedernido– murió por cáncer pulmonar, a los cuarenta y tantos años de edad.
Es hasta 1950 cuando se confirmó la relación indiscutible entre el hábito del fumar y el desarrollo de cáncer pulmonar, padecimiento que ha adquirido las características de una verdadera epidemia. En la mayoría de los países occidentales, el cáncer de pulmón ocupa el primer lugar como causa de muerte por cáncer entre los varones, y en países como Estados Unidos y otros, en donde el número de mujeres que fuma es igual o mayor que en los varones, el cáncer pulmonar ha desplazado al cáncer de seno, como principal causa de muerte entre las mujeres.
Actualmente, también se ha encontrado estrecha relación entre el tabaquismo y la aparición de otros tipos de cánceres, como el de la boca (mucosa oral, lengua), la laringe, el esófago, el estómago y la vejiga. A finales del siglo XX, estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo, revelaron que la tercera parte de las muertes por cáncer en hombres y un 10 por ciento en mujeres se debían al hábito de fumar. Arturo Beltrán Ortega, el distinguido cancerólogo guerrerense, fallecido recientemente y quien fue dos veces director general del Instituto Estatal de Cancerología, afirmaba que el 30 por ciento de todos los cánceres tienen relación con el tabaquismo, y esto no debe extrañarnos, pues de las más de 4 mil sustancias adictivas descubiertas en un cigarrillo, está bien comprobado que 70 por ciento son cancerígenas.
Es también innegable el papel que desempeña el tabaco en el desarrollo de otras enfermedades, tales como los infartos del miocardio, la hipertensión arterial, las trombosis o hemorragias cerebrales, la enfermedad arterial periférica (insuficiencia circulatoria de miembros superiores e inferiores), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y la úlcera gástrica. Un diabético disminuye notablemente sus expectativas de vida cuando fuma.
Los llamados fumadores pasivos, (personas que no fuman, pero que son pareja de fumadores), también sufren los malignos efectos del tabaco. Estudios practicados en mujeres no fumadoras, muestran que las esposas de hombres fumadores tienen dos veces más riesgo de adquirir cáncer pulmonar que las casadas con no fumadores. Este fenómeno, perfectamente comprobado, obligó a las autoridades sanitarias a prohibir el tabaquismo en las oficinas públicas y a exigir en sitios públicos como restaurantes, la instalación de áreas para personas no fumadoras.
Por otro lado, las empresas tabacaleras se han visto obligadas por las autoridades sanitarias –por recomendación de la Organización Mundial de la Salud–, a poner leyendas en sus productos, en las cuales se advierte al usuario del posible daño que su organismo sufrirá al consumir el tabaco, leyendas que por cierto son muy discretas y tímidas, comparadas con las que portan estos mismos productos, en los países desarrollados. Ante tantas presiones, las tabacaleras contraatacaron aumentando la concentración de los principales componentes del tabaco como la nicotina, con la finalidad de que los que se inicien en el hábito de fumar, se vuelvan dependientes o adictos más pronto, lo cual ocurre y por desgracia son los adolescentes los más vulnerables. Los cigarros fabricados a mediados del siglo XX, tenían 15-20 veces menos nicotina, que los producidos en la actualidad.
En nuestro país, 20 millones de mexicanos dependen de esta peligrosa droga legal y exponen al riesgo a otros 40 millones que conviven con ellos y la inhalan pasivamente; mueren prematuramente 70 mil personas anualmente por causas vinculadas con el uso del tabaco, y a pesar de ello, el inicio del consumo del tabaco está comenzando en edades cada vez más tempranas y se convierte en la entrada para el consumo de otras drogas; sin embargo, eso no es lo peor, lo más grave es que siendo México un país con tantas carencias, el sector salud se gaste anualmente 30 mil millones de pesos en la atención de enfermos con padecimientos ocasionados por el tabaquismo, tales como el enfisema pulmonar, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, infartos del miocardio, y muchas otras además del cáncer ya mencionado; solo en el Seguro Social, este gasto supera los diez mil millones de pesos anuales, dinero que si no fuera necesario utilizar para salvar o prolongar la vida a tantas personas enfermas por el hábito de fumar, podría emplearse en mejorar los servicios, ampliar la infraestructura, dar un mantenimiento adecuado a la ya existente, contratar al personal médico y paramédico necesario, conseguir tecnología de punta, etc.
Desde el punto de vista microeconómico, el presupuesto familiar de los fumadores también se ve notablemente afectado, pues el consumo paquete/año de cigarrillos representa un gasto importante en el rubro de los egresos familiares, hecho que impide una utilización más racional y ventajosa de los recursos económicos para toda la familia. De hecho, por donde se le vea, esta adicción nos perjudica a todos (fumadores y no fumadores) y por ello, todos deberíamos luchar de alguna manera en contra de ella. Observar a los ex fumadores con insuficiencia respiratoria crónica en los pabellones hospitalarios ocupados por docenas y docenas de estos enfermos que están siendo tratados ahí, es impresionante para cualquiera; verlos luchando por sobrevivir, literalmente jalando oxígeno en forma desesperada y dramática sobresalta mucho…. Si los fumadores pudieran verlos, seguramente dejarían de fumar. Por lo pronto, mediante este artículo espero contribuir modestamente contra esta adicción, y si logro que alguno de mis lectores deje el hábito del cigarro, considero cumplido con mi propósito.
* Ex presidente de la Sociedad Médica de Chilpancingo y ex presidente de la Federación Médica del Estado.




