Plantea el director israelí Amos Gitai en Venecia que a Itzhak Rabin lo mató la ultraderecha
*Su cinta Rabin, the last day, un híbrido entre el documental y la ficción, de clara intención política, recibió un moderado aplauso
DPA
Venecia
Tres balas cambiaron el destino de Israel. El director israelí Amos Gitai así lo expone en Rabin, the last day, que ayer se presentó a concurso en el Festival de Vencia.
Los tres disparos que acabaron con la vida del primer ministro Itzhak Rabin el 4 de noviembre de 1995 son el eje sobre el que gira Rabin, the last day, un híbrido entre el documental y la ficción, en el que el cineasta emplea material de archivo y documentos legales para reconstruir el asesinato de Rabin, el líder israelí que más cerca estuvo de firmar la paz con los palestinos tras los acuerdos de Oslo, así como la comisión Shamgar que investigó el magnicidio.
“Todo son hechos, no hay nada inventado”, aseguró Gitai, que al inicio de la rueda prensa pidió a los periodistas que se alzaran para guardar un minuto de silencio en memoria de Reham Dawabsheh, la mujer palestina fallecida ayer, tras las graves heridas sufridas el 31 de julio, cuando su casa fue atacada por presuntos extremistas israelíes. Su marido y su bebé ya habían muerto como consecuencia de ello.
La Comisión Shamgar se centró sólo en los errores de seguridad que permitieron el asesinato cometido por Yigal Amir, un joven extremista judío que para Gitai, fue tan sólo quien apretó el gatillo, nada más. A él prefiere no darle más relevancia de la imprescindible en la cinta.
Aquella comisión dejó fuera la cultura social y política que permitió que un joven como Amir empuñase el arma contra un presidente democráticamente elegido.
Gitai no deja espacio a la duda y señala como responsables de aquella muerte, que él considera un punto de inflexión en la historia del país, a la ultraderecha. En mi modesta opinión, dijo, la muerte de Rabin no se debió a una conspiración. “Estaba escrito en las paredes. Se quería desestabilizar la democracia”, y como Rabin era un tipo íntegro y no desestabilizaron su gobierno, “lo mataron”, explicó el cineasta.
“La ultraderecha quiere lavarse las manos y por eso apunta la idea de la conspiración”, señaló Gitai, quien considera que Israel no pasa actualmente por un buen momento y conviene mirar atrás y ver ese breve momento de esperanza que supuso lo que quería hacer Rabin, quien sí supo reconocer que el tema central era lograr la paz con los palestinos.
Gitai, que acaparó la rueda de prensa aunque iba acompañado de un amplio elenco de actores, aseguró que Israel como país no es un proyecto religiosos, sino político. Surgió tras el sufrimiento de los israelíes y en su creación hubo una ruptura con la religión. “Recomiendo a los políticos que encuentren caminos para estabilizar a Israel en Oriente Próximo” y eso sólo se podrá hacer “reconociendo a los otros, no ignorándolos”, precisó.
“En mi opinión, (Israel) es también la tierra de los palestinos y tenemos que vivir juntos”, insistió el cineasta, que en toda su trayectoria ha afrontado el drama de la región desde diversos ángulos.
Gitai, que no busca con esta cinta mitificar a Rabin, de cuyo asesinato se cumplen 20 años en noviembre, sí alerto del riesgo que corre el país, considerado la única democracia en Medio Oriente, con la represión de derechos civiles o la libertad de expresión. “Israel puede ser seducido de forma negativa. Ese es el gran peligro”
El trabajo de Gitai, de clara intención política, recibió un moderado aplauso. No fue así sin embargo con la sudafricana The Endless River, de Oliver Hermanus, quien aborda la violencia de su país de forma tópica.




