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Veneran en Zitlala con danzas a su santo patrono San Nicolás Tolentino

Beatriz García

Chilapa

Con rezos, flores, veladoras, danzas y música de viento, el municipio indígena de Zitlala veneró una vez más a su santo patrono, San Nicolás Tolentino, pese a los hechos de violencia que se han suscitado en esta región.
Pobladores atribuyen la presencia en Chilapa de su santo patrono después de que lo trajeron en una peregrinación de la Costa, pero cuando se dispusieron regresar la imagen se puso pesada, y no la pudieron mover.
En el centro de la cabecera municipal edificaron una iglesia donde año con año lo veneran.
Este año no fue la excepción, cientos de pobladores acudieron a la iglesia a ofrecer rezos, cantos, flores, veladoras, a pedir alguna manda o pagarla.
Desde el 6 de septiembre comenzó la celebración con la veneración de la virgen de la Natividad. Durante los siguientes días se presenciaron danzas, rezos, y ofrendas de los devotos.
El día 8 se manifestó uno de los rituales importantes de la celebración a San Nicolás, “el encuentro de velas”. Cerca de las cinco de la tarde pobladores salen rumbo al río a ofrendar una cruz que se encuentra en una capilla, sin faltar las danzas, los rezos, la música de viento y el mezcal, bebida típica en estas celebraciones.
Además salen a pasear el teponaxtle, para agradecer por el buen temporal de lluvias y como parte de la veneración a su santo.
En el atrio de la iglesia, este jueves se miraron las danzas que bailaron al son de la música de viento y algunas con sus propios instrumentos: los vaqueros, rey y moros, mudistas, moros chinos, chivos, mecas y la maroma.
Mientras que no cesó la llegada de fieles católicos que en sus manos portaron velas, veladora y flores.
La tenue luz que caracteriza el interior de la iglesia se iluminó con los cientos de velas y veladoras puestas en hileras al frente del altar, que armonizó con rezos y cantos, algunos en español y otros en náhuatl.
El teponaxtle llegó a la iglesia, para subir a las torres para colocar flores y adornos.
La fiesta se desarrolló en una ola de violencia que se desató en esa región, entre balaceras, hallazgos de cuerpos y asesinatos.
En el centro de la cebecera municipal se miró sólo la presencia de policías municipales, y en la entrada de Zitlala la policía ministerial montó un retén.

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