Reconoce Peña Nieto la labor de las fuerzas militares; visita de sorpresa el Campo Marte
“Quiero ser portavoz y dejar testimonio y constancia de reconocimiento y gratitud para con nuestras Fuerzas Armadas”, dice el Presidente tras el desfile por la Independencia
Érika Hernández / Agencia Reforma
Ciudad de México
De manera sorpresiva, el presidente Enrique Peña Nieto apareció ayer ante miles de soldados y marinos, a quienes por primera vez se les reunió en el Campo Marte después de su participación en el desfile del 16 de septiembre.
“Lo que usted hizo hoy, en el medio militar se llama calambre”, le soltó el secretario de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, quien aseguró que al menos en 50 años, un presidente no convivía con la milicia en esa fecha.
En años anteriores, después del desfile militar, los uniformados regresaban a sus planteles.
Ante ello, Peña Nieto les ofreció que en los próximos tres años los acompañará en una comida similar, como muestra de la importancia que tienen marinos y soldados en su objetivo de construir un mejor país.
“No sé si en tono de calambre, señor secretario, pero es en el orgullo y deseo estar con todos ustedes. Quiero ser portavoz y dejar testimonio y constancia de reconocimiento y gratitud para con nuestras Fuerzas Armadas”, arengó el Presidente, lo que provocó gritos eufóricos de miles de soldados.
“Sé que su entrega diaria, su desempeño en distintas tareas y misiones que le son encomendadas, parten de su vocación que cada uno tiene y que decidió libremente al incorporarse y dedicar su vida a México, trabajar por la defensa de la soberanía, de nuestro territorio y apoyar a sus connacionales”, apuntó.
Presume fortaleza
Antes, durante el desfile militar en el Zócalo capitalino curioso pregunta a sus secretarios de la Marina, Vidal Soberón, y al de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, la capacidad y alcance de algunos helicópteros, los detalles técnicos de unidades militares o la caracterización de algunos contingentes para enfrentar al crimen organizado.
Tres personajes que acompañan al Presidente en el balcón central de Palacio Nacional no son los mismos que el año pasado. Ahora está flanqueado por el perredista Jesús Zambrano y el panista Roberto Gil, líderes de la Cámara de Diputados y Senadores, así como por otro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis María Aguilar, y el comisionado de Seguridad Nacional, Renato Sales.
Una hora con 44 minutos en el balcón central de Palacio Nacional transcurre entre risas, anécdotas, enseñanzas, asombros y hasta sustos.
Justo cuando voltea a mirar al Presidente, uno de los jinetes de la Asociación Nacional de Charros cae con todo y caballo, y mientras el hombre se incorpora, el animal se va a galope tendido. El charro logra alcanzarlo varios metros después, pero la escena inquieta al Presidente y a asistentes.
Segundos antes, Peña Nieto pregunta a Jesús Zambrano si sabe montar. La respuesta es sí, pero desde que se fracturó el brazo, no práctica.
El contingente de fuerzas especiales genera en el balcón central admiración y sonrisas. Mientras Peña Nieto pregunta al secretario de Marina detalles sobre las unidades y uniformes, su esposa, Angélica Rivera, comparte con el de la Defensa Nacional su asombro por el traje de algunos, el cual simula una planta.
En la primera etapa del desfile, a quien no se le ve entretenido es al senador Gil. Colocado en medio de la Primera Dama y Cienfuegos, luce serio, incluso medio paso atrás del resto.
Los otros 14 ventanales de Palacio Nacional lucen atiborrados de funcionarios federales, acompañados de sus familias.
Más tarde, el Presidente resume lo que para él significó el desfile.
“Reconocerles por su activa, valerosa y muy profesional participación que han tenido en este Desfile Militar. Sin duda, es una versión que marca y proyecta la fortaleza, vitalidad, energía y entrega que tienen los soldados y marinos de México”, indicó.




