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Que le presenten los restos de Jhosivani y creerá que está muerto, declara la tía del normalista

*No se debe difundir información sin la certeza de que es real porque dañan a los padres, dicen vecinos de Omeapa, de donde son tres estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos

Lourdes Chávez

Omeapa, Tixtla

Omeapa es un poblado rural de 400 personas, según datos del Inegi, y tres de sus habitantes son parte de los 43 alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa detenidos desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala.
Entre ellos está Jhosivani Guerrero de la Cruz, el normalista de 21 años de edad que según los últimos estudios a los restos óseos enviados al Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck, en Austria, pudo ser incinerado, como declararon los implicados en los crímenes de Iguala desde prisión.
Sin embargo la evidencia es “moderada”, dice el informe, y los maestros de la telesecundaria Vicente Guererro donde estudiaron los tres normalistas desaparecidos, así como familiares de Jhosivani, tomaron con reservas esa posibilidad porque desconfían de la Procuraduría General de la República (PGR).
Indicaron que el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) dejó claro que no hubo incendio en el basurero de Cocula, y recordaron que tras los ataques a los estudiantes en Iguala, donde resultaron seis muertos y una veintena de heridos, se rumoró que el joven hallado con el rostro desollado era precisamente Jhosivani Guerrero de la Cruz. Luego se confirmó que se trataba de Julio César Mondragón Fontes, del Estado de México.
Sin revelar sus nombres, pobladores criticaron que se difunda esa información sin certeza, “no es sano seguir matando a los estudiantes” una y otra vez, porque las versiones dañan a sus padres y familiares.
Los desaparecidos de Omeapa, además de Jhosivani, son Emiliano Alen Gaspar de la Cruz de 23 años y Everardo Rodríguez Bello de 19, sus padres y hermanos participan activamente en el movimiento por la presentación con vida de los 43.
Junto a la casa de Jhosivani, de fachada azul, de adobe junto a cuartos de madera con techos rojos de asbesto, prácticamente abandonada hace casi un año, la señora Isabel Guerrero, familiar de los tres desaparecidos dio su testimonio.
De entrada declaró que no puede creer que Jhosivani esté muerto, “yo quiero ver a mi sobrino si de veras es, pero que me presenten sus restos para que creerlo”.
Dijo que un pedacito de hueso no es prueba suficiente para decir que es él, “queremos sus restos pero entero, ve a saber si ese pedacito no es de un perro o de otro animal, para mí no está muerto, para ver, notificar que sí es él y darle cristiana sepultura, pero los díceres no los acepto y creo que ni sus padres los han de aceptar”.
Expuso que todas las madres están desechas, la madre de Everardo cada día está más delgada porque no tiene satisfacción de saber vivo o muerto a su hijo, “están en duda, entre que lo creen y no lo creen, porque no lo ven a fondo”.
Martína, madre de Jhosivani a cada rato se desmayaba cuando su hijo fue desaparecido. Ahora vive en Tixtla y su esposo Margarito está en todas las acciones de organización y protesta por los 43.
Cuestionó que ahora en televisión muestran a los policías sacando bolsas con restos del río San Juan en Cocula, de donde presuntamente obtuvieron los restos que mandaron a análisis a Australia, “dicen que identificaron los restos de mi sobrino, yo no lo creo”.
Recordó que su primo, el señor Margarito, le ha dicho que los estudiantes están vivos y que los tiene el gobierno “porque (los policías) los agarraron”, e insistió en que los jóvenes no son delincuentes y su único delito fue querer progresar… mi sobrino me decía, ya que tenga yo mi carro la voy a cargar en mi carro, ya que sea maestro… y mire con lo que salió”.
Como para explicar la tragedia, lanzó “¿ya eran muchos estudiantes para el gobierno?, ¿porque tantea el gobierno no darle la matrícula (a la normal rural)?, para mí está en un error el gobierno por desaparecer nomás porque sí, esos muchachos no se dedicaban a hacer cosas malas, tengo 63 años, los vi crecer, jugar, veía cuando salían en desfiles, bailables, cumplían años, ¿por qué ahora esto?”.
La última generación de la telesecundaria Vicente Guerrero llevó el nombre de los normalistas desaparecidos, y los maestros explicaron el motivo: recordar a los estudiantes.
Para mantenerlos en la memoria hay un mural con los rostros de los tres originarios de Omeapa en la pared de la sala de medios audiovisales, con la leyenda “quisieron enterrarnos pero no sabían que éramos semilla”. La elaboraron artistas solidarios con Ayotzinapa días antes de la clausura de fin de cursos.
A Jhosivani lo recuerdan como un joven reservado, inteligente, con ganas de salir adelante y a dar lo mejor de él. En la población fue dura la noticia de que estaba desaparecido, seguida de que había sido desollado vivo, como se dijo en un primer momento, “me dio mucho coraje, cómo puede estar pasando esto en México”, dijo su maestro de tercer grado.
De la casa de Jhosivani, en aparente abandono, los vecinos indicaron que ocasionalmente don Margarito llega a limpiar y a dar de comer a los animales.
Desde el exterior aún se ve en la Troja un bulto de maíz, varios botes de lámina que en el pueblo se usan para guardar la  cosechas, costalillas de yute, mangueras, los utensilios para la siembra que no se realizó.
La mitad del jardín trasero está cubierta de flores silvestres rosa mexicano y rojas, “se les conoce como flores San Miguel”, detalló una niña que pasaba por el lugar.

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