Los niños de la calle, cuestionamiento a todo el sistema, dice escritor que lo fue
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
El Robert. Así le llama Roberto Rueda Monreal al joven que fue, el mismo que en cuadernos, hojas sueltas y papeles de cualquier tipo escribió, entre los 17 y los 18 años, una novela poblada de niños que habitan en las coladeras. Se titulaba La insignificancia de la grandeza, que podía intercambiarse por La grandeza de la insignificancia.
El Robert creció, se convirtió en politólogo, escribió en periódicos y revistas, estudió también traducción, profesión que desempeña en el Centro Profesional de Traducción e Interpretación del IFAL, pero no olvidó al muchacho ni su libro, escrito con el desenfado de quien narra sin contenerse, dejando que la historia crezca, como un cuento potente que no se “intelectualiza”.
Rueda Monreal le prometió a El Robert publicárselo así como nació, sin traicionar su arrojo literario. Veinte años después le cumple, aunque el nombre de la novela sí cambió: ahora es La cloaca. El infierno está aquí, la publica Ediciones B y se presenta el 26 de julio en la Librería Rosario Castellanos del FCE.
Atestiguar la violencia entre bandas cuando vivió en Ciudad Azteca, con la resultante acumulación de muertos, la desaparición de niños, y la prepotencia de una policía que acostumbraba entrar a los domicilios sin permiso para buscar delincuentes, lo hizo mirar hacia lugares donde todo eso empeoraba: las coladeras, que enjambres de niños y jóvenes convirtieron en hogar.
“Siempre, hasta la fecha, me llaman la atención los niños de la calle. Se me quedó grabada la frase de Le Clézio, de que un indigente es la llamada de atención de Dios de que algo está mal. La gente no los quiere mirar porque sabe en el fondo lo que significan. No es nada más porque huelan mal o por su apariencia, sino porque son un cuestionamiento a todo un sistema”.
Por eso se acercó o “medio” acercó a ellos, dice, pero no fue por curiosidad ni por un interés antropológico ni se propuso un relato políticamente correcto.
“La cloaca no es una novela políticamente correcta. No porque hablara de niños de la calle los iba a tratar a partir de la conmiseración o desde la mirada displicente y convenenciera de la mayoría de las personas. Son personajes con capacidad de decisión y autonomía, y en ese sentido son libres para actuar, saben lo que están haciendo”.
La novela tiene rasgos futuristas; anticipa, por ejemplo, un territorio denominado Espoir d’Amour: Esperanza de amor, que resuena en la República Amorosa de 2012
El Robert no era un vaticinador, quería en cambio plasmar una realidad mucho más desoladora de la que se estaba viviendo y jugar con las posibilidades de ese mundo donde lo que prevalece, o el pacto final más sólido, es la hipocresía.
“A pesar de que estamos ahora en un mundo más adelantado eso sigue vigente, los vicios ocultos y las virtudes públicas son los mismos”.




