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Tlachinollan

La estafa de la democracia electoral

Los mexicanos y mexicanas presenciamos por tercera ocasión un nuevo fraude electoral con diferente modalidad. En 1988 “se cayó el sistema” teniendo como principal operador político a Manuel Bartlett, quien fungía como secretario de Gobernación y que en esta elección presidencial se postuló como candidato por el Movimiento Progresista al Senado por el estado de Puebla, apareciendo también en la lista de candidatos plurinominales del Partido del Trabajo (PT), lo que le garantiza un escaño.
En el 2006, el candidato de la coalición Por el bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador supuestamente perdió por el estrecho margen del 0.56% que equivale a una diferencia de 234 mil 934 votos. Y fue objeto de un linchamiento mediático promovido por los neopanistas coludidos con los grandes empresarios, que se encargaron de forjar una imagen estigmatizada del candidato catalogándolo como un gran peligro para México. Por su parte el Instituto Federal Electoral (IFE) atado siempre a una normatividad obsoleta e impuesta por los mismos partidos políticos, se resistió a atender el reclamo ciudadano de abrir todas las casillas para hacer el conteo voto por voto. Ante el riesgo de que se revirtieran los resultados, las elites políticas y económicas se unieron para impedir  que se realizara el conteo voto por voto y casilla por casilla porque se derrumbarían todos los megaproyectos económicos puestos en marcha desde la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC). Este acuerdo económico para los gobiernos neoliberales funciona como los dogmas que son sagrados e inamovibles para los Estados.
Ante la eventualidad de que el escenario electoral de 2012 pudiera repetirse con una elección cerrada o de que existiese el riesgo de que el candidato de las izquierdas obtuviera un voto mayoritario, las elites económicas se organizaron para construir la candidatura de un político que pudiera garantizar un alto nivel de competitividad, no tanto por su capacidad política, su calidad ética, su vasta experiencia y conocimientos o su trayectoria y compromiso social, más bien lo que realmente les interesó fue crear a un personaje político hecho a imagen y semejanza de la mercadotecnia. Forjaron en el imaginario colectivo la figura bonita de un político de telenovela. Estos parámetros mercantilistas de los políticos son los que le dan cierta estabilidad al capital especulativo y atraen mayores capitales al garantizarles la privatización de los recursos estratégicos de nuestro país.
Desde la perspectiva de las grandes elites económicas, las elecciones no son concebidas como la oportunidad que tienen los ciudadanos y las ciudadanas  para decidir el rumbo político del país y avanzar en el proceso de empoderamiento de la sociedad en la toma de decisiones tanto políticas como económicas. Para los oligarcas, las elecciones son para consolidar el modelo económico implantado por los países más ricos del mundo y para integrar a nuestro país dentro del engranaje de la acumulación capitalista. Por lo mismo, los procesos electorales no pueden reducirse únicamente al trabajo formal de la organización y capacitación electoral. En el formalismo jurídico estas funciones se las encargan al IFE, para crear la imagen de que en México funciona la democracia. Por su parte tanto los gobiernos como los partidos políticos se encargan de vendernos la idea de que es el IFE quien toma el timón para guiarnos a un puerto seguro.
La realidad es que los grandes poderes económicos del país articulados al gran capital trasnacional se preparan con mucha antelación para pulsar la situación social y política del país y vislumbrar posibles escenarios en las coyunturas electorales. Hacen un gran trabajo prospectivo, en base a ello diseñan una estrategia integral para contener o neutralizar algún movimiento, partido o candidato que pueda poner en riesgo los grandes proyectos económicos que requieren estabilidad social y garantías jurídicas para las inversiones realizadas a largo plazo.
La elección presidencial de este 1 de julio nos está mostrando apenas la punta del iceberg sobre la compra de millones de votos que de diferentes formas fue urdida por los operadores expertos que han regresado por sus fueros con este proceso de restauración política, impulsado por el PRI. Tenemos que convencernos que las tramas perversas del fraude electoral se diseñan desde que toma posesión el presidente entrante. Desde el primer minuto se arman los equipos de los futuros aspirantes a la silla presidencial. La clave está en empalmar los intereses macroeconómicos de las elites empresariales con el grupo político que en ese momento cuenta con algún candidato que potencialmente su imagen pueda ser explotada y proyectada a nivel nacional. Mientras no tengan certeza sobre el candidato más idóneo y más representativo de sus intereses, los empresarios no pondrán en riesgo sus capitales. Lo harán en el momento en que hayan constatado la alta probabilidad del triunfo que estará amarrado con una multiplicidad de estrategias diseñadas desde los cuartos de guerra en donde no existen normas jurídicas ni principios democráticos que puedan poner un alto a las tropelías que se construyen desde la opacidad con la que actúan las elites políticas y empresariales.
La empresa Televisa desde 2005 firmó una Propuesta de Trabajo con el entonces gobernador Enrique Peña Nieto, para promover los logros de su gobierno, fortalecer su liderazgo y su proyección nacional e internacional como una plataforma de lanzamiento para su candidatura a la Presidencia de la República. En cadena nacional diariamente teníamos noticias y entrevistas sobre las actividades realizadas por el gobernador del Estado de México en programas estelares. Fue un reality político con matices telenovelescos. Este ambicioso plan costó muchos millones de pesos que nadie sabe con certeza de dónde se obtuvieron. Esta televisora recomendó reforzar esta imagen con el manejo de encuestas hechas a modo. En los últimos meses hubo un uso intensivo de las encuestas que formaron parte de la promoción política del candidato presidencial para presentarlo como el futuro triunfador. Fue tan evidente este uso faccioso de las encuestas que al Grupo Milenio no le quedó de otra que ofrecer disculpas a su audiencia por haber informado que los resultados de sus encuestas, arrojaban que Peña Nieto contaba con 18 puntos de diferencia sobre Andrés Manuel López Obrador cuando de acuerdo con los resultados del IFE fue de 6.62.
Por otra parte, la cadena de tiendas Soriana también fue cómplice del fraude electoral denunciado desde antes de la jornada electoral por el Movimiento Progresista, que acusó al PRI de realizar una campaña tarjeta que consistió en la repartición de más de 1 millón 800 mil plásticos de esa tienda, y lo grave es que la entrega de estas tarjetas se presume que fue para comprar votos a favor del candidato presidencial del PRI. El portal de noticias de la periodista Carmen Aristegui señala que representantes del gobierno de Ángel Aguirre Rivero firmaron un contrato con la empresa Soriana el 26 de marzo de 2012 por más de 330 millones de pesos para la adquisición de insumos destinados a cinco programas sociales.
Televisoras, encuestadoras, comercializadoras y ex gobernadores priistas señalados como defraudadores del erario público, forman parte de esta maquinaria monstruosa del fraude electoral que responde a una estrategia más amplia vinculada a la defensa a ultranza del proyecto macroeconómico que está muy lejos de ser un modelo cimentado en la justicia, la transparencia, la legalidad y el respeto a la voluntad popular.
Este es el lado oscuro y tenebroso de los procesos electorales, son los saldos de una democracia electorera y mafiosa cimentada en pies de barro. Este sistema de partidos donde los que toman las decisiones políticas y emiten leyes son los representantes no de la sociedad sino de la oligarquía, trae como corolario un sistema infestado por la corrupción, la simulación, el engaño, el fraude y la traición. Vemos una imagen falsa de este modelo democrático, los dueños del capital y del poder político se esmeran en mostrar en los medios de comunicación una imagen de pulcritud con sus trajes impecables para proyectar ante la opinión pública que en sus discursos y actuaciones hay posturas auténticas y visiones interclasistas y que su defensa es por los intereses de los mexicanos y mexicanas.
En Guerrero de nueva cuenta vemos cómo los ciudadanos y ciudadanas sin partido son los que están abanderando la lucha contra el fraude electoral. El movimiento de jóvenes aglutinado en el #yosoy132 es un ejemplo inédito de las nuevas luchas que están por venir. Para los candidatos y candidatas triunfadores ya concluyó su lucha, independientemente de que su triunfo se lo deban a López Obrador. Seguramente en las reuniones de café mostrarán su gran solidaridad y poco a poco se desvanecerá el tema del fraude electoral y de la necesidad de limpiar la elección, para empezar a planear su próxima candidatura, porque saben que no basta vivir del presente sino del futuro político. Quienes van a luchar por la democracia y por el cambio verdadero para acabar con esta clase de polisaurios y empresaurios serán los ciudadanos y ciudadanas de a pie, las y los jóvenes, las y los trabajadores del campo y la ciudad, las mujeres y los pueblos indígenas, los ciudadanos y ciudadanas libres. Los que no tienen intereses creados dentro del gobierno son los que resistirán y darán las batallas futuras para desmontar esta maquinaria del fraude y para acabar con un sistema de partidos que se nutre de la corrupción y donde se incuban los negocios ilícitos.
La delincuencia de cuello blanco es responsable de toda esta crisis política que enfrentamos y es también coautora de la delincuencia organizada que ahora disputa palmo a palmo, parcelas del poder político en varias regiones del estado. Es difícil imaginar que con esta clase política los ciudadanos y ciudadanas podamos fincar nuestras esperanzas para realizar las transformaciones políticas que exige nuestra sociedad. Su visión cortoplacista y trapecista los vuelve incompetentes para dirigir el cambio, lo que nos alienta es la fuerza y la rebeldía de una juventud crítica, inteligente, creativa y sumamente combativa. Ellos y ellas tomarán en sus manos las riendas para ayudarnos a construir los nuevos senderos de la justicia, la democracia y la paz que tanto necesitamos en Guerrero.

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