La danza de los millones
Francisco Abarca Escamilla
¡Vaya negocio! Por hacerse los disimulados ante las irregularidades de la administración estatal, los diputados del Congreso local han recibido seiscientos cincuenta mil pesos, por encima de los sueldos que de por sí reciben y, como dicen, todo sereno y sin novedad. Tome nota: doscientos cincuenta mil para adquirir un vehículo propio de su nueva categoría, y recientemente un depósito de cuatrocientos mil pesos en su cuenta bancaria. ¿Cómo la ve? Sin decir agua va, se desembolsan cerca de 30 millones de pesos.
Lo menos que se puede preguntar es por el tamaño del boquete que tienen que tapar, o ¿será que de por sí es práctica común entre el Ejecutivo del estado y los que se dicen representantes del pueblo? ¿Dónde quedaron las promesas de campaña cuando fueron candidatos? ¿No que toda una división de poderes, con una autonomía efectiva del Congreso? Que pronto les llegaron al precio; y que calladitos se lo tenían. ¡Ah! Y no se extrañe. Se harán los enojados. Parte del teatro.
Pero el asunto no para ahí. La escuela tiene para dar y prestar. Ahora resulta que hasta los síndicos procuradores de varios ayuntamientos han aprendido la lección. ¡Sorpréndase! Por firmar el documento de la cuenta pública exigen a los presidentes municipales la módica suma de ciento cincuenta mil pesos. ¿Será porque existe alguna irregularidad, o también es práctica común? Pero no se crea que no están organizados ¡Los síndicos tienen coordinación estatal!, por aquello de las cochinas dudas.
Así es que el gobernador René Juárez tiene la organización completa. Si de la vigilancia de los recursos propios se trata, se tiene a una Contraloría del Estado, en la que su titular es nombrado por el Ejecutivo, y obviamente organigrama mata quintilla; y para los recursos federales, tampoco hay que temer, existe un Acuerdo de Coordinación entre la Federación y las entidades federativas para que las instancias locales supervisen y vigilen la correcta aplicación. Aquí entra en funciones el Congreso, con la Auditoría General del Estado. Todo en familia, todo en orden.
¡Vaya! Si la Procuraduría General de la República (PGR) llegara a tener conocimiento de algún desvío de los recursos federales, por algún osado presidente (a) municipal amigo (a) o por algún integrante del gabinete, no se preocupen. Total, el expediente tiene que ser turnado a la Procuraduría del estado. Y ahí quién manda es el jefe. Así es que muchachitos, todo está bajo control. Trabajen sin descanso.
Por eso no es de extrañar que las nimiedades de entregar una cuenta pública les tenga sin cuidado a cualquiera de los presidentes municipales aliados o a los secretarios del gabinete estatal. Al fin y al cabo la Auditoría General del Estado, o los señores diputados del Congreso local, difícilmente chistarán; simple y sencillamente se hacen de la vista gorda. Si no ¿cómo se explica el que a estas alturas del partido aún no se tenga la cuenta pública del año pasado y que no haya ningún sancionado hasta la fecha?
Pero el asunto tampoco para ahí. Toda esta organización de la danza de los millones, estimula el incumplimiento de acuerdos sustantivos celebrados con la federación, cómo son los casos de las aportaciones que tiene que hacer el gobierno del estado en programas de crédito con la Secretaría de Economía; en los programas de becas para capacitación con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social; en los programas de desarrollo forestal, con la Semarnat; sólo por citar los más relevantes. Obvio, ante el incumplimiento del gobierno del estado, los principales afectados son nuestros paisanos, que en el mejor de los casos reciben la tercera parte de lo que deberían de obtener. El argumento, lo de siempre, no hay dinero.
Pero bueno. Todavía estamos ilusionados en que la ley para el derecho a la información pública sirva de algo. O ¿será que aquí tampoco tendrá vigencia? ¡Vaya! Si ni siquiera los mismos diputados conocen el presupuesto que tiene el Congreso, ¿qué se puede esperar sobre mayores detalles en las cuentas públicas? Aun así, habremos de insistir en la transparencia en el manejo de los recursos públicos, a pesar de que no sea negocio para el gobierno. Pónganse águilas.e-mail: [email protected]




