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México del Norte Cuba, qué linda es Cuba…

Jorge Mújica

Dicen los que saben, que dar un giro de 180 grados es dirigirse al lado contrario al que se iba. Y dicen que sólo los perros dan giros de 360 grados cuando se van a dormir. Y se ven medio ridículos. Con Cuba, el gobierno de Vicente Fox acaba de dar un giro de 360 grados.

Corrió como reguero de pólvora, “México rompió relaciones con Cuba”, hasta que Derbez, Ernesto, no Eugenio, aunque luego tío y sobrino se parecen mucho en el lenguaje, se encargó de decir que no, que sigue abierta. Es solamente el retiro de la embajadora en La Habana y la expulsión del embajador en México. El motivo es claro, dice, la intromisión de Cuba en los asuntos internos de México. Nomás es un giro de 360 grados.

La molestia comenzó con el envío de Carlos Ahumada por la vía rápida, quejándose de que “Cuba no desea en modo alguno inmiscuirse en los asuntos internos de México. Se nos ha mezclado indebidamente en ese escándalo”.

Escándalo, decía Cuba, porque Ahumada declaró que “la operación de los videos sobre corrupción fue calculada deliberadamente para alcanzar objetivos políticos y planificada con meses de antelación”. ¡Pecado capital! ¡Debieron quedarse a Ahumada para siempre, y calladito!

Pior tantito, Fidel Castro dijo ante un millón de cubanos que dolía que México hubiera votado contra Cuba en Ginebra, y que “tanto prestigio e influencia ganados en América Latina y en el mundo por su intachable política internacional, hayan sido convertidos en cenizas”.

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel…

Se portó bien el Comandante, porque no mencionó lo tachable, como que México votó contra la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos en 1962, pero que Manuel Tello, secretario de Relaciones Exteriores en aquél tiempo, dio el argumento perfecto para la expulsión, que “la ideología de Cuba era incompatible con América Latina por ser marxista-leninista”.

No mencionó tampoco el Comandante a aquél agregado de prensa de México en La Habana, Humberto Juan José Carrillo Colón, sobrino del canciller mexicano Antonio Carrillo Flores, que en 1968 espiaba para la CIA y usaba la valija diplomática de la embajada para llevar y traer su equipo de espionaje.

Ni mencionó, por cierto, que el contacto de aquél espía era Luis Echeverría, quien después se volvió presidente de México. Ni que Carrillo Colón le pidió a la CIA que mandara su correspondencia directamente a Joaquín Cisneros, secretario particular del presidente Díaz Ordaz, ni que en un supuesto contrabando de tintes de pelo “al parecer” estuvo involucrado Gustavo Iruegas, funcionario de México en Cuba, hoy subsecretario de Relaciones Exteriores.

Y todavía menos mencionó que un cierto ex embajador de México en Cuba fue acusado de ser parte de una cadena de prostitución en la isla. Así pues, el doblez de México con Cuba es tradicional, no es nuevo, ni Castañeda tiene ya nada que ver. Tratando de quedar bien con todos, México ha respetado a Cuba en el discurso y ha dejado que se actúe en su contra.

Vale la pena mencionar que parte del discurso de Fidel que tanto enojó a Fox era en defensa nuestra, de los ciudadanos de México del Norte.

Dijo Fidel que “la frontera de Estados Unidos con México no está ya en el río Bravo; Estados Unidos está mucho más dentro de México. Aquella frontera es hoy la línea de la muerte, donde alrededor de 500 mexicanos pierden la vida cada año… en virtud de un brutal y despiadado principio: libre tránsito para los capitales y las mercancías; persecución, exclusión y muerte para los seres humanos”.

Y se preguntaba el Comandante: “¿Acaso una situación tan desigual e injusta se resolverá votando resoluciones contra Cuba en Ginebra y acusándola de violar los derechos humanos?”.

La respuesta de Fox parece ser que sí. La nuestra es que no. A ver cuándo promueve México una declaración en Ginebra contra Estados Unidos por la violación de los derechos humanos de sus propios migrantes. Seguro Cuba votaría en nuestro favor…

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