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Carlos Pérez Aguirre

Los actos fallidos de gobierno

Parece que seguirán las actuaciones autoritarias, nepotistas y sobre todo de evidente incapacidad que desde hace ya por lo menos seis periodos de gobierno –compartidas claro está, por las operetas sangrientas, que no gobierno– que han protagonizado los dos partidos que han conducido la entidad, incluyendo con realce dos interinatos que nos han tenido y tienen en crisis recurrente y que por los antecedentes y las actitudes, que comentaré más adelante, no presagian a futuro nada bueno.
Las primeras señales de lo que será la forma de gobernar del ya electo Héctor Astudillo ya aparecieron. Inició su campaña incorporando como candidatos a la cámara de diputados local a personajes incondicionales a su persona, sin perfil o capacidad legislativa, como el de una secretaria de un colegio de su propiedad, entre otros. Y observamos en recientes días que probablemente ya realizó su primera acción de gobierno –fuera de guión– ordenando prácticamente tapizar la ciudad capital con la imagen de su señora esposa, en donde se leía que esta daba gracias al creador por no haber ganado su esposo –Astudillo– la elección para gobernador la primera vez que lo intentó, y que como todos sabemos perdió por elevado margen.
Las dos acciones podrían parecer irrelevantes, por torpes y aparentemente insustanciales, pero no. El nombrar ministro a su caballo de parte de un emperador romano, fue un síntoma de la decadencia en esa civilización, y que hoy como símbolo de la misma decadencia de la clase política, la vemos generalizada en el nombramiento de personajes sin sustento. Por otro lado la grosera promoción familiar incluso antes de asumir el cargo, representa un fomento al ego familiar y a la evidente proclividad al nepotismo. Malas señales ambas.
Es lógico que el que gobierno reúna en su equipo a algunas amistades, pero estas deberán ser de probada capacidad en las áreas que asumirán, de no ser así, en nada le ayudarán al gobernante, que finalmente es lo de menos. Aquí lo que importa es que los ciudadanos que vivimos en Guerrero recibamos los mejores incentivos y promoción para el bienestar y el desarrollo que se logra en primer término con funcionarios honestos, confiables y eficaces, conocedores de la situación de la entidad. La desconfianza ciudadana en la autoridad es muy alta, por lo tanto no puede el nuevo gobierno nombrar a un miembro de su establo como funcionario público.
Titishando. El gobernador Rogelio Ortega sigue cometiendo errores espectaculares sin necesidad, tal parece que su equipo no existiera o está totalmente extraviado. Ejemplos recientes lo constituyen la crisis con la burocracia estatal, que paralizó las oficinas de gobierno y algunas ciudades, porque el bono de fin de administración les fue negado y finalmente fue obligado a negociar y otorgar ese derecho ya ganado por estos trabajadores.
Otro caso sorprendente es el negarse a pagar la Secretaría de Salud a diversas constructoras locales que generan empleos para miles de trabajadores y que no obstante la crisis generalizada que vive el estado de Guerrero, no pararon de laborar e invertir. Pero hoy el secretario de Salud, como señor feudal en su oficina amurallada, niega incluso un derecho constitucional de audiencia. Todo parece indicar que existe un desvió de recursos que el actual secretario generó, de otra manera no se explica esa actitud de cerrazón ante empresas que han cumplido. Las palabras del gobernador Ortega al respecto “debo no niego, pago no tengo” es una vergüenza, cuando los empresarios de la construcción en cualquier estado del país o en cualquier país todos sabemos contribuyen con por lo menos el 60% del PIB y generan una gran cantidad de empleo. La declaración de un gobernante debería ser: me abocare de inmediato a conocer y resolver el problema, pues de ese sector viven miles de guerrerenses.

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