Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Octavio Klimek Alcaraz

Cabo Pulmo y Cabo Cortés

 

Cabo Pulmo es el área con el único ecosistema de arrecife coralino en el Golfo de California. De hecho este es el arrecife coralino que tiene la ubicación más septentrional en el Pacífico Este. Por ello la importancia de conservar esta zona, preservando sus procesos ecológicos a través de mantener las actividades humanas a un nivel de impacto mínimo.

Esta importancia hizo que el 6 de junio de 1995 el área fuera decretada como área natural protegida bajo la categoría de Parque Marino Nacional. Posteriormente, el 7 de junio de 2000 esta categoría se modificó a Parque Nacional.

El Parque Nacional Cabo Pulmo abarca una superficie de 7 mil 111 hectáreas. De su extensión, 99 por ciento está constituida por la parte marina y el restante 1 por ciento es la zona federal marítimo terrestre correspondiente.

No sólo se presenta la cobertura coralina más extensa, también se encuentran 11 de los 14 especies de corales hermatípicos reportados para el Golfo de California. La riqueza de peces indica que se encuentran en sus aguas 226 especies arrecifales de las 875 especies listadas para el Golfo. Además se encuentran  las aves marinas y reptiles comunes en todo el Golfo de California.

De las especies en riesgo ubicadas en el Parque se pueden citar a las tortugas marinas que visitan para anidar en sus playas, como la tortuga laud, la tortuga cahuama, la tortuga golfina, la tortuga prieta y la tortuga carey. Además en el parque se pueden observar mamíferos marinos, también en riesgo, como: el lobo marino, la ballena jorobada, la ballena de aleta y el rorcual tropical.

Desde 2005 Cabo Pulmo fue integrado a la lista de Patrimonio Natural de la Humanidad de la UNESCO y en 2008 a la lista de la Convención Ramsar para la Conservación de Humedales de Importancia Internacional. Esto significa que México tiene obligaciones que debe cumplir con ambas convenciones.

Sin embargo en 2008 la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales del gobierno federal autorizó a Hansa Baja Investments, la filial mexicana de la promotora española Hansa Urbana, el proyecto turístico e inmobiliario Cabo Cortés. Dicho proyecto se propuso en terrenos adyacentes al norte del Parque Nacional Cabo Pulmo.

El proyecto Cabo Cortés abarcaba conforme a su autorización una superficie de 3 mil 814 hectáreas, de esta superficie se autorizaba una lotificación en mil 059 hectáreas de 3 mil 655 cuartos de hotel y 7 mil 816 viviendas (residencias, hoteles y comercios) y construcción; consideraba la construcción de 2 campos de golf en 161.6 hectáreas, una marina para 490 embarcaciones, una pista para jets privados, una planta desalinadora y otra de tratamiento de aguas residuales, así como infraestructura de apoyo adicional. Hansa Urbana se proponía construir en Cabo Cortés a lo largo de 30 o 40 años, y se proponían invertir alrededor de 2 mil millones de dólares. Se trataba de un megadesarrollo sólo comparables en su escala con un centro turístico como Cancun.

Por lo anterior, ante la magnitud de esta autorización se prendieron señales de alarma sobre los impactos ambientales que la construcción y operación del complejo turístico Cabo Cortés tendría en las aguas marinas del Parque Nacional Cabo Pulmo y por tanto los riesgos para la preservación del arrecife y la vida marina que en el habita. Investigadores de diversas instituciones académicas, la propia Comisión Natural de Áreas Naturales Protegidas, organizaciones ambientalistas como Greenpeace México y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, habitantes de la zona, entre otros actores, empezaron a cuestionar las supuestas bondades del proyecto.

Entre las principales preocupaciones fueron que las corrientes marinas arrastraran contaminantes hacia el arrecife, en especial: sedimentos generados en la etapa de construcción, salmuera de la planta desalinadora, escorrentías tóxicas por el mantenimiento a los campos de golf, y la contaminación por las embarcaciones marinas.

Otros argumentos en contra fueron de carácter regulatorio, desde violaciones a los programas de ordenamiento ecológico y de desarrollo urbano de la zona, la forma de presentar el proyecto fue fragmantándolo para ocultar la acumulación de los impactos en los ecosistemas (por ejemplo, el proyecto de la marina se presentó aparte).

Todo ello llevó a que se realizara una enorme movilización y solicitud de miles de personas para echar abajo el proyecto Cabo Cortés, no sólo a nivel nacional, sino también a nivel internacional. Se presentaron serias acusaciones por las formas en que fueron otorgados los permisos por la Semarnat, así como se hizo pública la preocupación por los impactos antes señalados en el área de Cabo Pulmo.

Lo anterior hizo que el titular del ejecutivo federal, Felipe Calderón, previo a las elecciones del 1 de julio anunciará la cancelación definitiva del proyecto Cabo Pulmo. Lo anterior, fue ratificado por la Semarnat mediante un resolutivo de fecha 25 de junio en donde se niega a la empresa Hansa Baja Investmets, la autorización en materia de evaluación de impacto ambiental para la ejecución del proyecto Cabo Cortes.

En conclusión, se requiere revisar de manera profunda la forma en que se entregan autorizaciones en materia de evaluación de impacto ambiental. No se puede argumentar contra viento y marea una cosa un día, y en la otra. Vaya confianza para la ciudadanía y los propios inversionistas.

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