Sillas vacías y poca atención en Acapulco al debate entre cuatro presidenciables
Ricardo Castillo Díaz
La silla vacía está en todas partes. En los restaurantes California, en El Zorrito, en El Palacio… hasta en los Sanborns.
Ni los ataques entre el priísta Roberto Madrazo y el panista Felipe Calderón logran jalar la audiencia televisiva hacia el debate de los candidatos a la Presidencia de la República. Ausente Andrés Manuel López Obrador, el presunto candidato puntero, no hubo morbo que fuera capaz. Ni su silla vacía, que apenas se alcanzó a ver.
En otros tiempos el sitio favorito de reunión de los políticos, el Sanborns del Centro pasa la noche del debate como un día cualquiera. Al fondo, la televisión incluso está apagada. La imagen de las sillas vacías se multiplica, tanto que a las meseras les queda tiempo como para reunirse a platicar en torno a la caja registradora, formando un grupo de seis.
En el área de aparatos electrónicos, la política importa menos y en las pantallas planas de 30 mil pesos se promueve un DVD de Rocío Dúrcal, lanzado apenas a propósito de su muerte, ¡salve, oh, capitalismo salvaje!
Vámonos al Sanborns Café. ¿Qué se siente empinarse una Victoria en uno de estos restaurantes del grupo de empresas de Carlos Slim, donde todos acostumbran ir a tomar, sorbo a sorbo, uno o hasta diez cafés? Apostamos a que allí sí están viendo el debate. Seguro que no falla.
Llegamos y ni siquiera ocupa su mesa el papá de Manuel Añorve, que por la mañana va a la sucursal del Centro y por la tarde invariablemente viene para acá. ¿Pero ven? Aquí por lo menos las dos teles sí están encendidas y aparece a cuadro Felipe Calderón.
En el área para los no fumadores, una chavita al pie de la televisión le da una pasada a las páginas de la revista Veintitantos, sin detenerse a revisar ningún artículo. Se detiene solamente donde se supone que hay buenas fotos. Entretenido en contestar mensajes de su teléfono celular, su joven acompañante ni cuenta se da de la hoja en blanco que muestra y deja caer Roberto Madrazo, un recurso teatral con el que ridiculiza los logros del actual gobierno panista del presidente Vicente Fox.
Ahí vienen las frías y los tarros blancos con el tradicional estampado azul de la casa. Ya encarrerados, contagiados con la propuestitis del debate, proponemos que se le suba al volumen. Estábamos apenas en el Yo Propongo, cuando… Ni madres. Apenas el palito verde llega al número 31, y comenzamos a sentir el rechazo colectivo. “Bájale mesero, bájale”, damos marcha atrás. Casi asesinas, las miradas nos dicen que estamos abajo en el aprecio popular.
Un güerito de barba pelirroja de tres días le pone un poco de sal a sus papas a la francesa, de un plato de hamburguesas. Cada quién anda en lo suyo. Felipe Calderón enseña unas fotocopias y por lo que se ve vuelve a la carga, pero el clin, clin de los cubiertos y las voces nos impiden escuchar. Nadie pela a los candidatos. Nuestros vecinos de mesa aceleran la plática y apuran la cuenta. Cuando menos sentimos, ya todos nos han dejado, en una escena que nos anuncia un posible altísimo abstencionismo para el 2 de julio. Confirmado: los corrimos con el debate.
Son las 10 de la noche El show de los presidenciables lleva casi dos horas en la telera aunque parece que a los mexicanos poco les interesa. Están más al pendiente de que si se vuelve a pelear la Barbie con el Nicolás, en Amor en Custodia, o si la Angélica Vale ya se ligó al Jaimito Camil en La Fea más Bella. En el Hooters, frente al Wal Mart, las miradas de los clientes apuntan hacia la repetición de un partido de futbol… y hacia otras cosas. Pasamos por afuera de Galerías Diana y envidiamos a los fresas que cenan en El Palacio, y que vemos por los cristales entreteniéndose en los televisores con los videos de MTV.
Faltaba más. Dicen que ni el alcalde Félix Salgado vio el tal debate, pero por tener programadas dos reuniones privadas casi a la misma hora. ¿El gobernador? No’mbre. De Zeferino Torreblanca ni su agenda sabemos. Eso sí, que nadie se sorprenda si hoy aparece su foto pagada en diarios locales, posando en un sillón de piel frente un televisor. (¿De veras usted cree que le echó porras a Felipe Calderón?).
Por votación unánime antes de salir del Sanborns llegamos a un acuerdo: mejor dejamos de contribuir a que Carlos Slim siga escalando en la lista de los millonarios más millonarios del mundo y nos vamos a donde ya no paguemos 100 pesos por cuatro cervezas. En una cantina encontraremos el cubetazo hasta en 60, o con suerte hallaremos dos por uno para los que quieran protagonizar el debate sobre el debate. Allá, ninguna silla vacía.




