Humberto Musacchio
LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS
Precisiones de Eduardo Mejía
Hace una semana escribí aquí que Valentín Trujillo, productor de Rojo amanecer, declaró que durante los gobiernos priistas tenían que filmarse en la mayor reserva películas como ésa, al grado de esconder el material filmado. Responde a esta columna el escritor Eduardo Mejía, hermano de la productora Marcela Mejía y cuñado de Roberto Sosa, director artístico de la mencionada cinta, y dice que era Héctor Bonilla quien sacaba los rollos de cada jornada en su propio auto, no en el de Valentín Trujillo, para llevarlos a los Estudios Churubusco. “Trujillo entró al final de la producción –agrega Lalo– cuando al equipo (Nosotros, se llamaba) se le acabaron los recursos… pese a la cooperación de mucha gente (Angélica Aragón, entre otros), que incluso ofrecían las escrituras de sus casas para que se terminara el proyecto, además de que los actores cobraban lo mínimo, y eso porque los obligaba la ANDA…Trujillo tampoco tenía dinero, pero sí recursos, influencias, conocidos en laboratorios, revelado, con lo que pudieron concluir la cinta. A cambio, la comercializó.”
No hubo hostilidad oficial
“Rojo amanecer –continúa Eduardo Mejía– fue aprobada por todas las autoridades competentes, civiles y militares; se estrenó mucho antes de lo que se estrenan las películas en México, enlatadas mientras encuentran distribuidor, o sala. Ésta fue estrenada en varias salas de la Cineteca Nacional, que pertenece al Estado. Ninguna persona que participó en la filmación fue molestada, presionada, perseguida; al contrario, estaban orgullosos de participar y platicaban del proyecto en todos lados, orgullosos de él.
Fons, en el libro dedicado a él, no sólo es escueto, ni siquiera menciona a las personas que estuvieron a su lado a la hora de filmarla. Y aunque el gobierno no patrocinó la cinta, no la censuró (sólo una escena, recordarás la reseña de Jorge Ayala Blanco; no significativa; tengo el guión, por si dudas de mi palabra) y, repito, la estrenó en pantallas oficiales y no persiguió la venta de copias pirata que circularon por muchos lados, de manera paralela al estreno, conseguidas quién sabe por quién, pero sospecho de la identidad del culpable (¡Nombres, nombres!, querido Lalo). Los gobiernos han censurado muchas películas, pero no Rojo amanecer.”
Otra pachanga en Bellas Artes
Guadalupe Pineda empezó su carrera en los días de auge de la llamada canción de protesta y del folklor latinoamericano auténtico, no el inventado por las grandes empresas del espectáculo. La señora posee una voz agradable, es una figura en su género y ha tenido sonados éxitos comerciales desde que se presentó en la televisión mercantil. Cuenta con una amplia red de relaciones con el mundo de la política, tanto priista como panista –su paso por la izquierda parece haber quedado en el olvido– y al parecer por ese motivo se presentará en el Palacio de Bellas Artes, tan envilecido en los últimos sexenios. De este modo, nuevamente el principal escenario del país, el que debería ser para las más altas expresiones artísticas, se le brinda a una cantante comercial mientras que se le niega sistemáticamente a los numerosísimos talentos del bel canto, del teatro, de la danza y de otras especialidades artísticas. Se insiste, como diría el gran Sergio Magaña, en hacer de Bellas Artes “el teatro Blanquito”.
Dos libros de Angelina Muñiz
Ducha para transitar en las letras por varias pistas, Angelina Muñiz-Huberman ha cultivado la narrativa, el ensayo y la poesía con muy disciplinada entrega, lo que le ha representado premios tan importantes como el Magda Donato, el Xavier Villaurrutia, el José Fuentes Mares y otros recabados en el extranjero. Autora de siete novelas, nueve poemarios, cinco volúmenes de cuento y dos de ensayo, la cuantía de su obra permite señalar que es una escritora infatigable y altamente productiva. Ejemplo de lo anterior es que el Fondo de Cultura Económica acaba de editar en un grueso volumen Rompeolas, reunión de su poesía prologada por Adolfo Castañón, y en un libro de menos grosor pero igual densidad el ensayo Las raíces y las ramas. Fuentes y derivaciones de la Cábala hispanohebrea, títulos que dan testimonio de una vida literaria prolífica.
¿Es inequidad o iniquidad?
Los viejos correctores se escandalizaban si uno escribía inequidad y de inmediato cambiaban esa palabra por iniquidad. De nada valía que uno aclarara que inequidad debía expresar lo contrario de equidad, pues el mamotreto de la Academia nos asestaba ese puritanismo acedo que nos hacía expresarnos como gachupines de segunda. Hoy, por fortuna, se emplea la palabra inequidad –casi siempre en relación con el ámbito electoral– y ya no hay quien pretenda enmendar la plana. Así, la Madre Academia se va quedando sola, pues define equidad como igualdad ¡de ánimo! O “bondadosa templanza habitual” (je, je), lo que seguramente se debe a un redactor ultramocho, que abundan en la institución española, la que insiste en no incluir inequidad, pero mantiene iniquidad con el sentido de “maldad, injusticia grande”, pese a que se deriva del latín iniquitas, igualdad.
Breviario…
En una circular dirigida a los investigadores, el Archivo General de la Nación avisa que si realizan el pago electrónico con formato “Acinco” (?) deben asegurarse de que el nombre que aparece en el comprobante que emite el banco donde se hace el pago coincida con el nombre registrado en la credencial del investigador, la que es expedida por el propio AGN. ¿Por qué? Quién sabe. Misterios insondables de la burocracia, siempre dispuesta a sabotear el trabajo de la inteligencia. @@@ Ana Lilia Pérez, autora de los libros El cártel negro y Camisas azules, manos negras recibirá el Premio Leipziger Medienpress 2012 que se entrega por “la valentía y coraje” a favor de la libertad de prensa. La misma distinción recibirán dos periodistas húngaros y una alemana. Entre quienes han ganado este premio se cuentan Anna Stepanova Politkovskaya y Roberto Saviano. Bien por la colega. @@@ Pasado mañana, miércoles 18, a las 19 horas, en Tacuba 53, dentro de las sabrosas Tertulias Chocolateras que organiza Raúl Díaz, se presenta Virgilio Caballero, quien dialogará con el público. Habrá chocolate, café, pan y rifa de libros y la entrada sólo cuesta 50 pesitos.
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