Silvestre Pacheco León
Una evaluación obligada
(Primera de dos partes)
Después de la llamada etapa de resultados de los cómputos distritales y la declaración de validez de las elecciones, luego de la entrega de las constancias a los senadores electos, los consejeros ciudadanos del IFE entramos en receso esperando la conclusión del proceso electoral cuya etapa final iniciará cuando concluya la resolución de la última impugnación en el Tribunal Electoral.
En éste receso, una evaluación de nuestro trabajo como consejeros, en el contexto de la lucha postelectoral, se antoja obligada.
Con los datos aún frescos de la elección de presidente emitidos por los consejos distritales de Guerrero el 5 de julio, se da cuenta de una participación histórica de los guerrerenses de más del 60 por ciento, superior en 14 puntos a la elección de 2006, los resultados ahora aparecen contundentes, dando paso a una nueva realidad política estatal.
Votaron en la elección presidencial un millón 411 mil 570 ciudadanos guerrerenses de los cuales 153 mil 745 lo hicieron por Josefina Vázquez Mota; 531 mil 136 por Enrique Peña Nieto; 661 mil 224 por Andrés Manuel López Obrador; 20 mil 204 por Gabriel Quadri; 222 por candidatos no registrados y 45 mil 39, anularon su voto.
En la elección de senadores la coalición Movimiento Progresista ganó las dos fórmulas de candidatos de mayoría relativa y el PRI la tercera como primera minoría.
De las nueve diputaciones federales en juego, todas ellas fueron ganadas por los candidatos de la coalición Movimiento Progresista.
Ésos son los resultados que nosotros sancionamos y en cuyo proceso fuimos responsables de que se observara el cumplimiento cabal de lo establecido por el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, lo que de alguna manera constituye nuestra rendición de cuentas.
Como puede verse de una primera lectura superficial de los resultados, las elecciones coincidentes, federales y locales, y quizá la irrupción del movimiento estudiantil que consiguió una amplia cobertura del debate entre candidatos obraron en el notable incremento de la participación electoral.
En los datos de votos nulos cuyo número dobló a los emitidos a favor del candidato del Partido Nueva Alianza, quizá también debamos ver una cifra no cuantificada de sufragios anulados por los propios electores que no se vieron ni se sintieron representados por partidos ni candidatos, y otros porque de plano se confundieron en ése mar infinito de formas de votar por las dos coaliciones, todo por la necesidad de que ahora fue preciso conocer la cantidad de votos emitidos por cada partido y candidato, como lo buscó la reforma electoral de 2007-2008.
Claro que del resultado también cabe la otra lectura: a pesar de una ruidosa e intensa precampaña y campaña, tanto federal como local, ni los partidos con sus precandidatos y candidatos, ni el IFE con sus programas de promoción del voto modificaron sustancialmente el comportamiento electoral de los guerrerenses.
Si bien es cierto que lo complejo del escrutinio y cómputo de votos en las casillas exigió una más esmerada capacitación de los funcionarios, en ésta elección también abonó a la lentitud con que se conocieron los resultados, a las fallas en la operación de la red por parte de los técnicos que la operaron, la inflexibilidad de los representantes de partido a la hora de determinar la validez o nulidad de un sufragio, como a lo extendido del analfabetismo electoral manifiesto a la hora de escribir con letra y número los resultados, motivo de altas inconsistencias que sólo se resolvieron cuando en el cómputo distrital se recontaron los votos.
Sin embargo, tanto el Sistema de Información de la Jornada Electoral que nos sirvió para conocer el desarrollo de la jornada, como el Programa de Resultados Electorales Preliminares que dio transparencia a la elección con los resultados casilla por casilla a partir del cierre de éstas, y con las actas digitalizadas del cómputo y escrutinio la misma noche del lunes, sumando la encuesta nacional con cuyos resultados el presidente del IFE pudo informar de las tendencias de la votación antes de la media noche del domingo, dieron certeza y transparencia al proceso.
Las propias inconsistencias en la elección presidencial, tan normales como escasas, que se pudieron advertir en el PREP y que se corrigieron puntualmente en los recuentos de los cómputos distritales, fueron de una diferencia mínima: del 0.01 por ciento para el PAN, -0.15 por ciento para la coalición del PRI, 0.15 por ciento para la coalición del PRD, -0.01 por ciento para Nueva Alianza y 0.06 por ciento en los votos nulos.
Para el presente balance debo recordar a los lectores que los seis consejeros ciudadanos que formamos parte del consejo local del IFE en Guerrero, responsables del desarrollo del proceso, fuimos designados por el Consejo General de dicha institución a partir de un concurso abierto que el propio instituto convocó en agosto del año pasado, con la responsabilidad de vigilar la observancia del Cofipe y el cumplimiento de los acuerdos y resoluciones de las autoridades electorales.
A partir de esa responsabilidad asumida voluntariamente y de mi compromiso con la democracia, desde mi papel independiente e imparcial rindo cuentas a la sociedad de lo que viví, participé y observé.
Las decisiones más importante en las que participé como consejero fueron quizá la designación de los 108 consejeros distritales, entre propietarios y suplentes, así como las sanciones a partidos y candidatos que violaron la legalidad de la contienda como ejemplo nefasto hacia la sociedad de que en la lucha por el poder nadie reconoce límites legales.
Respecto a los consejeros distritales, responsables de recibir las quejas y protestas de los actores políticos para sancionarlos, desde los actos preparatorios para el día de la jornada electoral, en la que fungieron como juez y parte velando por la legalidad del proceso, se ocuparon también de vigilar que las elecciones se desarrollaran dentro de la normalidad, con la instalación puntual de las casillas, la recepción, el cómputo y escrutinio de los votos, además del traslado de los paquetes de las casillas a las sedes distritales, en el plazo establecido por la ley.
En los cómputos distritales y bajo la mecánica de cotejar actas, recontar las boletas, y llevar al pleno los casos reservados para debate, hasta cumplir el extremo de la ley que consiste en dejar satisfechos a todos los representantes de partidos, cada consejo tuvo la enorme responsabilidad de revisar y compulsar el resultado de las casillas.
En la elección de presidente se abrieron y recontaron 2 mil 679 paquetes de otras tantas casillas, que representan más de la mitad de los paquetes.
De la responsabilidad con la que actuaron los consejeros y de la opinión de los propios representantes de partido se deriva lo acertado y equivocado de nuestras designaciones.
Lo que sobre esas designaciones que hicimos debo apuntar que en general todos los consejos cumplieron su cometido, pero sólo algunos lo hicieron espléndidamente, sin caer en la fácil comodidad de dejar pasar las cosas, dispuestos incluso a equivocarse en su celo por cumplir su papel. Así actuaron a mi juicio los consejos del 07, 01, 04, 02, 03 y 09.
A la luz de lo señalado empezaré por los preparativos de la elección, correspondientes todos a la primera etapa del proceso. Primero fue la confección del padrón electoral y la lista nominal de electores.
El padrón actualizado por el Registro Federal de Electores con el aval de la comisión de vigilancia integrada por los representantes de los partidos políticos contiene los datos de 2 millones 532 mil 223 ciudadanos guerrerenses, de los cuales 2 millones 343 mil 145 forman parte de la lista nominal con derecho a votar. Precisamente de ésta última cifra es que votó el 60 por ciento.
Después nos ocupamos de verificar el cumplimiento de los procedimientos para la contratación del personal eventual que cumple la delicada tarea de identificar, visitar y capacitar a los ciudadanos insaculados que después se sortearán para designar entre los aptos a los funcionarios de casilla.
El IFE en Guerrero contrató y capacitó a 204 Supervisores Electorales y mil 143 Capacitadores Asistentes Electorales escogidos entre seis mil aspirantes, cuya tarea principal consistió en visitar, persuadir y capacitar a casi 260 mil ciudadanos insaculados sobre el importante papel que corresponde a los funcionarios de casillas para el juego democrático.
En todos los distritos electorales los consejeros locales cumplimos con la labor de verificar que la convocatoria para la contratación del personal eventual responsable de establecer el contacto entre el IFE y los ciudadanos se divulgara ampliamente con la idea de abrir la participación a nuevos ciudadanos. A ella acudieron poco más de seis mil aspirantes de los cuales se examinaron cuatro mil, escogiéndose para los puestos a concurso los de más altas calificaciones.
Verificamos la calidad del trabajo de los mil 347 supervisores y capacitadores y la sustitución de 84 de ellos por renuncia voluntaria más 35 que fueron rescindidos por su incumplimiento en el trabajo.
Durante dos meses estuvimos pendientes de la capacitación de los 33 mil 528 ciudadanos designados como funcionarios de las 4 mil 790 casillas que se instalaron, y de la sustitución de 3 mil 750 que encontraron algún pretexto para renunciar a su responsabilidad constitucional 15 días antes de la jornada electoral.
Aún con esas renuncias atendidas, el personal eventual tuvo que resolver mediante los propios mecanismos establecidos en la norma, la ausencia en el mismo día de las elecciones, de alrededor del 10 por ciento de los ciudadanos designados como funcionarios de casilla. Aún así el porcentaje del ausentismo el día de la elección fue menor al de hace seis años, según el informe de la vocalía de capacitación.
[email protected]
twitter: @SilvestrePL
www.ciudadanoguerrero.org




