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Ricardo Castillo Díaz*

Estratagema del PRI contra Walton

Desde la víspera de la elección de presidente municipal de Acapulco, los ciudadanos de a pie pronosticaban la derrota del PRI en el puerto. Las dudas se centraban en la diferencia con la cual ganaría el candidato de las fuerzas progresistas, Luis Walton Aburto, cuya victoria fue de los mismos 20 puntos porcentuales que siempre le dieron de ventaja todas las encuestas, desde el inicio y hasta el final de la contienda.
Los únicos que se resistían –y aún se resisten– a reconocer la realidad electoral en la principal plaza del estado, son los priistas. Desde siempre, mantuvieron el discurso de que la elección presidencial los ayudaría a remontar, o al menos serviría para amortiguar la caída.
En esa misma lógica, de no reconocer el sentido de los votos de la pasada elección municipal, y de colgarse del discurso del triunfo de su candidato presidencial que ha sido seriamente cuestionado, el PRI desplegó una estrategia mediática contra el alcalde electo Luis Walton, por su incondicional respaldo y acompañamiento al abanderado presidencial de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, en el proceso poselectoral en su carácter de dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, uno de los tres partidos de la coalición que postuló al tabasqueño.
Dicha estrategia de ataques comenzó con la postura que hace dos semanas fijaron dirigentes municipales, e incluso la secretaria general estatal del PRI, Pilar Badillo, quienes continúan en la misma línea de golpeteo contra Luis Walton que no les funcionó en la campaña. Siguió con intervenciones de los priistas en todos los noticieros de radio de Acapulco, donde han sido más agresivos que en la contienda electoral. Y ayer domingo, según ha trascendido, en una reunión en la sede del PRI municipal con la presencia de Héctor Astudillo, Manuel Añorve y el candidato perdedor Fermín Alvarado, todos –excepto la presidenta municipal Verónica Escobar– se lanzaron contra Walton con el mismo discurso.
Se trata claramente de una cortina de humo, que se debe fundamentalmente a dos razones, una interna y otra externa. La primera es porque al interior del PRI hay una maniobra inducida para evadir el análisis de las causas de la derrota, un ejercicio muy común en los partidos de países democráticos, que sirve de punto de referencia para replantear el camino rumbo a las elecciones siguientes.
A los priistas les da pavor reconocer que en Acapulco fueron severamente castigados por el electorado, principalmente por la ineficiente administración del gobierno municipal de su partido, por la promesa incumplida del “agua para todos, todos los días”, por los servicios públicos deficientes que incluso agravaron problemas como el de la basura, y por la escandalosa deuda millonaria que heredará el Ayuntamiento entrante.
La segunda razón por la cual el PRI enfoca sus baterías contra Walton, es por un intento desesperado de debilitar la amplia legitimidad del hoy presidente electo, en vísperas del proceso de entrega-recepción. Si los priistas creen que atacar a Walton llamándolo “porrista de López Obrador” minará la credibilidad y legitimidad del presidente municipal electo de Acapulco, de cara al proceso de transición, están en un error. Si piensan que su estratagema obligará a que Walton abandone a López Obrador, pierden su tiempo.
Ante esta situación, Luis Walton ha ratificado a su equipo cercano que mantendrá su lealtad al Movimiento Progresista que encabeza López Obrador; que habrá un proceso de entrega-recepción honesto y transparente; y que no habrá marcha atrás a la propuesta de campaña de aplicar las auditorías que se requieran a la administración municipal saliente.

* Vocero de la oficina del presidente electo de Acapulco.

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