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Mi compromiso fue cumplir con la ley y la Constitución, sostiene Calderón

Mayolo López / Agencia Reforma

Ciudad de México

El presidente Felipe Calderón cifró el credo de su gestión, el “santo y seña”, en el apego a la ley, la búsqueda de la justicia y la preservación de la seguridad.
Acompañado por su esposa, Calderón departió ayer entre abogados al calor de la ceremonia conmemorativa del centenario de la Escuela Libre de Derecho -su alma mater y la de y Margarita Zavala- en el Palacio de Bellas Artes ante ex rectores, estudiantes y egresados.
El mandatario no dejó de recordar que llegó a “la Libre” -el primer plantel privado- después de haber sido rechazado en dos escuelas públicas: la Facultad de Derecho de la Universidad Nicolaíta de Michoacán y la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.
En las aulas de la Escuela Libre de Derecho, dijo, fue un “alumno inquieto” que pudo forjarse de un espíritu y una ciudadanía y conoció y practicó los principios y los fines del derecho: la seguridad, la justicia y el bien común.
“Debo decir que como gobernante y orgulloso egresado de la Libre, mi compromiso ha sido con tales fines… Se podrán tener aciertos y errores, limitaciones o insuficiencias en el ejercicio de la voluntad humana, como la de cualquier persona; pero el santo y seña, la guía señera en la conducción del rumbo del país ha sido la búsqueda incesante de seguridad, justicia y bien común -fines propios del Derecho- y, por supuesto, la preservación y vigencia de la ley y de la democracia misma”, sentenció.
Tras sostener que había cumplido “con el deber de enfrentar a los criminales”, el presidente afirmó entonces que, como servidor público que es, entendió que la primera obligación constitucional y ética del gobernante es cumplir y hacer cumplir la ley y la Constitución.
“Ese es un imperativo en términos de (Emmanuel) Kant. Un imperativo categórico al que no puede excluirse ningún servidor público. Y por más fácil que sea para algunos entender que cumplir y hacer cumplir la ley es un imperativo ético, constitucional y categórico, ese ha sido y será siempre, hasta el último día de este gobierno, el imperativo de quien hoy es titular del Ejecutivo federal, y orgullosamente ex alumno de la Escuela Libre de Derecho”.
Cierto de que “el derrotero” de su gobierno estuvo orientado a la consecución de la justicia y el bien común, Calderón se preció de haber actualizado “como nunca antes” el entramado legal con reformas de “gran calado”, algunas impulsadas desde el Ejecutivo y otras desde el Legislativo.

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