Jorge G. Castañeda
Apoyo a Chávez
Casi siempre concuerdo con mi colega y amigo, el estudioso venezolano, Moisés Naím. El ex ministro de planificación de Carlos Andrés Pérez, ex director de la revista Foreign Policy, columnista de El País y del Washington Post, es uno de los más acuciosos analistas de la escena latinoamericana. Y casi siempre discrepo del PRD, y sin el “casi” tratándose de Dolores Padierna, su secretaria general. Pero en esta ocasión, gracias al “gran aglutinador” que es Hugo Chávez, confieso mi desacuerdo con Moisés y mi convergencia con Padierna. Dios me libre.
En su artículo publicado en El País el día de La Bastilla, Naím contrasta la presidencia ejemplar de Fernando Henrique Cardoso con el comportamiento errático de Lula da Silvia. Y a propósito de éste, Naím cita su intervención en el Foro de São Paulo: “Sólo con el liderazgo de Chávez el pueblo realmente ha tenido conquistas extraordinarias. Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad. Esas conquistas deben ser preservadas (…) Chávez, cuenta conmigo, (…) cuenta con la solidaridad y apoyo de cada militante de izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano. Tú victoria será nuestra victoria”.
Moisés Naím reconoce que Lula puede manifestar su aprecio por Chávez pero advierte que “no es legítimo que Lula intervenga en la campaña electoral de otro país. Eso no lo hacen los demócratas (…) los ex presidentes no deben intervenir de manera abusiva en las elecciones de otro país”. Yo no estoy de acuerdo. Creo que el principio de no intervención, de por sí rancio y anacrónico, debe ser objeto de una interpretación cada vez más precisa, tanto por el sujeto (quién interviene), como el destino (dónde o en qué), como en los móviles (por qué y para qué).
Es perfectamente lógico y aceptable que ex mandatarios y mandatarios en funciones en Europa no solo opinen sobre elecciones en países importantes para los suyos, sino que tomen partido como lo hizo Merkel a favor de Sarkozy en Francia, los socialistas alemanes a favor de Hollande, o todos los socialistas europeos a favor de Rubalcaba en España hace unos meses, y el conservadurismo europeo a favor de Rajoy. Muchos dirigentes socialistas apoyaron a Bachellet en Chile en 2005 y a su manera Netanyahu ha tomado ya un cierto partido por Romney en EU. No veo nada de malo en que Lula apoye a Chávez, salvo por el hecho de que Chávez ha sido un desastre para Venezuela y América Latina, y que lo seguirá siendo. El problema para mí no es el principio de no intervención, si no su sentido.
Por eso, cuando Dolores Padierna del PRD y Ricardo Cantú del PT repiten: “Hugo Chávez ¡tu victoria será nuestra victoria!”. Y según Reforma “dirigentes de la izquierda mexicana respaldaron ayer la aspiración del presidente de Venezuela Hugo Chávez, de reelegirse, e incluso lo calificaron como uno de los mejores gobernantes del mundo” creo que Padierna et al tienen derecho de tomar partido en las elecciones del 7 de octubre en Venezuela. Y si altos dirigentes del PRD fueran a Caracas para apoyar a Chávez me parecería normal. Como tampoco me hubiera parecido reprobable la simpatía de Chávez y otros dirigentes latinoamericanos para con AMLO en 2006 y en 2012. En un mundo globalizado, en el caso de países con intercambios de todo tipo tan estrechos y cuyos intereses se ven directamente afectados por lo que sucede en naciones vecinas, es más que lógico que se pronuncien y traten de incidir, de acuerdo con la legislación de cada país, a favor de los candidatos más afines a sus convicciones o intereses.
Sí me gustaría saber por qué, si la secretaria general del PRD considera que Chávez es uno de los mejores gobernantes del mundo, no le gustaría que AMLO, en caso de haber sido gobernante, fuera como él. Supongo que uno siempre trata de emular a lo que considera lo mejor; y si el PRD y la izquierda mexicana consideran que Chávez es lo mejor, pues enhorabuena que busquen seguir su camino: el mejor camino según ellos.




