Celebra México a Jorge Luis Borges con una semana de actividades
Érika P. Buzio / Agencia Reforma
Ciudad de México
Su primera estancia en México en diciembre de 1973 avivó en Jorge Luis Borges la necesidad de escribir poesía, algo que no había sentido por algún tiempo y pidió al escritor Miguel Capistrán que organizara una visita a un lugar donde hubiera pirámides.
“Quiero sentirme, saber que estoy en un ámbito verdaderamente mexicano”, dijo Borges, casi ciego pero que todavía distinguía colores. “Como no veo, me dirán: ésa es la pirámide tal y yo les creeré naturalmente. Que le describan a uno las cosas es un poco inútil y yo quiero por lo menos tocar esas piedras que para ustedes son sagradas ¿no es cierto?”.
En el trayecto a Teotihuacán, rememora Capistrán, para tocar aquellas piedras que apresaban “todos los siglos de México y que ya no podía ver” recitó completo el poema La Suave Patria de López Velarde.
Esa primera visita ponía fin a más de una década de intentos fallidos por traer al escritor a México. Más de 400 personas fueron a esperarlo al aeropuerto, Borges se quedó sorprendido con el recibimiento.
La exposición fotográfica Borges en México, que será inaugurada mañana por su viuda María Kodama en el Palacio de Bellas Artes, es una crónica visual y literaria de las visitas del escritor argentino a México.
Reúne 70 imágenes de fotógrafos como Héctor García, Paulina Lavista y Rogelio Cuéllar –quien por seguir al escritor a todas partes, incluso a los baños del Antiguo Colegio de San Ildefonso– se ganó el mote de El duende.
Borges vino a México por primera vez en 1973 para recibir el Premio Alfonso Reyes que le fue otorgado por la Sociedad Alfonsina Internacional.
En un principio, el escritor había rechazado viajar debido a la salud de su madre doña Leonor, quien superaba los 97 años.
Capistrán partió a Buenos Aires con una misión que parecía imposible: convencer al escritor de viajar a México para recibir el premio y presentarse en el programa de televisión Encuentro en Canal 2, en el que aparecieron personajes como Norman Mailer, Ernesto Sábado, Umberto Eco, Susan Sontag, Roman Polanski y Octavio Paz.
Un primer intento de Alfonso Reyes fracasó por falta de apoyo oficial como tampoco prosperó la tentativa de Daniel Cosío Villegas, en 1961, cuando Borges pudo haber llegado en tren desde Texas, acompañado de su madre Leonor.
Capistrán tampoco lo había podido lograr en 1972, a pesar del entusiasmo de Borges, quien se desmoralizó cuando Adolfo Bioy Casares declinó el viaje debido a un lumbago.
“Tuve que estar allá más de 20 días, tratando de convencerlo, se resistía”, recuerda Capistrán sobre su segundo viaje a Buenos Aires.
Hasta que un día Borges citó al escritor mexicano en su departamento, le contó que Reyes le había hecho una visita en sueños, sin hablar, sólo hacía un saludo con la mano. Se lo contó a su madre Leonor y ella lo animó a viajar, asegurándole que durante su ausencia nada le pasaría.
Borges abordó el avión en Ezeiza el 4 de diciembre.
Durante su visita a México, se encontró con escritores como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Salvador Elizondo y Juan García Ponce. Antes de recibir el premio, insistió en conocer la Capilla Alfonsina.
El presidente Luis Echeverría le ofreció una homenaje en Los Pinos y aceptó entrevistas con periodistas como Elena Ponia-towska y Jacobo Zabludovsky.
Haría un siguiente viaje en 1978 para dialogar con Juan José Arreola en una serie de programas de televisión, y otra más en 1981 para recibir el Premio Ollin Yolliztli. En ambos, vino acompañado por María Kodama.
Antes de la apertura de la exposición que permanecerá hasta el 2 de septiembre, se presentará la nueva edición de Borges y México (Lumen 2012) que por primera vez incluye los cuentos, poemas y ensayos del escritor argentino “donde México es el protagonista o se asoma de manera circunstancial y enigmática”.




