Cientos de ambulantes venden en playas de Acapulco a pesar de advertencias de autoridades
Yee Trujillo
Cientos de vendedores ambulantes continúan abarrotando las playas del puerto, sin importarles que hace una semana el subdelegado de la Procuraduría de Protección al Medio Ambiente (Profepa), Andrés Velásquez Urióstegui, informara que de acuerdo a un censo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en la playa Icacos había unos 700 comerciantes y que los tres niveles de gobierno realizarían operativos para regularizar esta actividad.
Un día antes, el director de Vía Pública municipal, José Luis Flores Vinalay, también informó que trabajaba en coordinación con estas dependencias para regular a los vendedores, para evitar el hostigamiento hacia los turistas.
No obstante, en un recorrido realizado por las playas del puerto se observó que cientos de ambulantes continúan recorriendo la franja de arena entre los vacacionistas, ofreciéndoles principalmente alimentos que las autoridades consideran antihigiénicos y todo tipo de productos como llaveros, hamacas, artesanías, juguetes de playa, joyería, fruta con chile, aceite de coco, lentes de sol, ropa, e inclusive servicios de masaje, tatuajes o las tradicionales trenzitas.
Desde las primeras horas del día, los vendedores llegan a las playas para comercializar estos productos, en lo que la mayoría de turistas considera como un acoso porque los molestan durante todo el día y no los dejan descansar, sin embargo, esta actividad es el sustento para cientos de familias acapulqueñas durante la temporada vacacional, principalmente en las playas Caleta, Caletilla, Papagayo, Condesa, e Icacos.
En la playa Papagayo, uno de estos vendedores ambulantes, José Antonio Nava Sotelo, narró que él y unos 30 integrantes de su familia se dedican a vender ostiones, almejas, patas de mula, callo de hacha, desde hace varias generaciones.
“Mi familia también trabaja aquí, somos varios, pura familia, hermanos, primos, cuñados, sobrinos, todos somos familia, casi todos lo que vendemos ostiones somos familia”, contó al explicar que el resto de sus familiares se encargan de bucear para extraer estos mariscos para que después ellos los vendan en las playas, que algunas de las mujeres también participan en la venta y en ocasiones los niños suelen acompañarlas cuando no van a la escuela.
Desde hace unos ocho años, él camina diariamente sobre la franja de arena, principalmente entre las playas Las Hamacas y La Condesa, donde encuentra al mayor número de turistas, aunque durante los días de lluvias y en las temporadas bajas, él y su esposa buscan otros trabajos en labores de limpieza o en obras de construcción, para llevar el sustento a su hogar.




