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Escribe Gerardo Laveaga la novela Justicia, thriller judicial sobre México

Yanireth Israde / Agencia Reforma

Ciudad de México

“Me quedé corto”, admite Gerardo Laveaga, abogado y escritor. O escritor y abogado, como se prefiera, pues él, dice apenas arranca la entrevista, es ambas cosas: un combinado profesional del que surge Justicia, novela que su autor denomina “thriller judicial”, el primero que se publica en México.
En este thriller los inocentes ocupan las cárceles por delitos que no cometieron, los culpables no conocen castigo y las instituciones se manipulan al antojo de los poderosos.
“Y me quedé corto”, reconoce quien ha sido director del Ministerio Público en lo Familiar y Civil de la Procuraduría capitalina, director de Prevención del Delito en la PGR, además de encargado de Comunicación Social en la Suprema Corte. Ahora es comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información.

Es implacable con el mundo del que proviene

“La novela es producto de un desencanto con muchas instituciones, porque te das cuenta de la oscuridad que reina en el mundo jurídico, en todo el mundo legal. No solamente hablo de jueces: hablo de magistrados, de ministros de la Corte, de agentes del Ministerio Público, de policías, de servidores públicos, de carceleros, de académicos. Todo es oscuro. Y cuando prima la oscuridad se puede hacer todo”, dice el escritor.
El cadáver de una estudiante de secundaria encontrado durante un discurso del jefe de Gobierno del Distrito Federal activa una trama en la que se reconocen sucesos como el incendio en la Guardería ABC o la tragedia, relacionada también con el fuego, en el casino Royale de Monterrey.
“Quisiera que en 20 años se lea este libro como una novela histórica. Así como ahora leemos a Dickens y decimos ‘¡en la época victoriana tenían a los niños trabajando a los 6 años durante 20 horas!, ¡se morían, qué horror!, así quisiera que dijeran con Justicia ¡cómo pasaban esas cosas!’”.
–¿Teme la reacción de las personas que retrata?
–No hay un solo personaje que pueda decir este soy yo. El ministro de la Corte más conservador es un hombre flaco, alto, huesudo, casi verdoso; el más liberal es obeso, con barba. No los tenemos en nuestra Corte. Alguno muy suspicaz puede decir ‘seguro pensó en mí’, pero eso sería, ya lo digo, mucha suspicacia. Algunas escenas pueden molestar, por ejemplo cuando el presidente de la Barra Mexicana de Abogados acude ante el presidente de la Corte para plantearle un asunto trivial. Eso pasa todos los días”.
–No sobredimensiona entonces los hechos.
–Creo que me quedé corto. La idea es que la gente vea cómo funcionan la Corte, la procuraduría y el sistema penitenciario. No es una denuncia en absoluto, pero sí estoy de alguna manera diciendo ‘tenemos que transparentarnos’. Me gustaría que inquietara a algunas gentes, que dijeran: ‘esto tiene que abrirse, no es posible que sigamos con un sistema tan oscuro, con inocentes en prisión y culpables libres’. Hay que insistir; se ha hecho mucho en el ámbito académico y político, hay que hacerlo en el cultural también, en varios frentes: yo quiero pelear desde un frente mío, el de la literatura”, concluyó.

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