CARTAS
Cuando a Octaviano lo
querían desaparecer en la cárcel
Señor director:
En agosto de 1980 tuve la oportunidad de conocer a Octaviano. Un compañero del “Co. Co. de la FEUG” me hizo acompañarlo a la cárcel de Acapulco, donde se encontraba recluido Octaviano. Él lo visitaba con cierta frecuencia. Yo no sabía qué era entrar a una cárcel. Venía de estudiar la Prepa en Tlapehuala y me proponía estudiar en una nueva escuela de Ciencias Sociales de la UAG en Acapulco. El compañero dirigente estudiantil que acompañé a la visita a Octaviano me recomendó que, en la entrada a la cárcel, diera la dirección del Comedor Universitario. Y que bajo ninguna circunstancia se me fuera olvidar a la salida. Lo que no me dijo es que la salida era a partir de las 2:30 de la tarde. Habíamos entrado a las 9 de la mañana. Por poco se me olvida.
Así conocí al personaje de Octaviano. Efusivo, contundente, crítico de la realidad. No sabía mucho de él, pues los colegas dirigentes de la FEUG apenas me habían contado algunas cosas de su trayectoria. Tampoco yo podía entender gran cosa, con escasos dos o tres días de estar en Acapulco. Yo había llegado a integrarme como morador de la Auténtica Casa del Estudiante Universitaria Guerrerense No. 1 (ACEUAG 1).
Semanas después, compañeros de la FEUG nos invitaron a hacer guardias frente a la cárcel, por las noches, pues se había rumorado que a Octaviano (como a Aquilino Lorenzo Dávila) los iban a sacar de la cárcel para desaparecerlos. Por varias noches acudimos a velar en la entrada de la cárcel, para presionar al gobierno a que desistiera de ese intento. No los sacaron.
Fue en esas luchas, cuando escuché de varios compañeros mas información de la trayectoria política, guerrillera y social de Octaviano. Como estudiante que yo era, Octaviano me inspiró como ejemplo de lucha a favor de las masas empobrecidas y del derecho a una educación gratuita, laica y popular. Con ese ejemplo, participamos contra el desalojo de colonos de las partes altas de Acapulco; por la defensa de la autonomía universitaria y por una universidad crítica, científica y popular; también contra los caciques en el campo y contra la implantación del neoliberalismo, promoviendo el primer Paro Cívico Nacional, en octubre de 1983.
La última vez que saludé a Octaviano fue en septiembre del año pasado, 2011. Él participaba en la promoción de la Comisión de la Verdad, junto a otros compañeros. Estuvimos en una tarde en aquella reunión con el rector de la UAG.
Ojalá que el sueño de Octaviano por una sociedad más justa, sin explotados y oprimidos, se haga realidad. Y que muchos volvamos a recobrar aquel ánimo de lucha contra esta “mediocracia globalizada”. Hasta Siempre.
Atentamente
Jesús Castillo Aguirre
Ex director de la Unidad Académica Preparatoria No. 27 de la UAG




