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Resulta opaca y fugaz la fiesta de la Tigrada este año en Chilapa

Luis Daniel Nava

Chilapa

Con la desorganización del gobierno municipal, pero con el ánimo de la sociedad que vistió a toda la familia de tigre, se celebró la tradicional Tigrada en está ciudad.
La edición de este año de la Tigrada se limitó a un recorrido rápido por las principales calles de un desnutrido pero colorido contingente de personas vestidas de tigre, que incluso muchas personas no alcanzaron a apreciar al salir de sus casas.
El contingente, que tuvo que hacer una pasarela frente a las autoridades y políticos invitados, duró menos de diez minutos.
A diferencia de las ediciones anteriores en que está tradición era aprovechada por políticos que buscaban fotografías y grabadoras de la prensa estatal, ayer en el presidium instalado a un costado de la catedral sólo se fue a sentar el síndico procurador, tres regidores y Marcelo Tecolapa que tuvo que regresar a la presidencia de Zitlala, luego de que le negaran ser candidato a diputado local del PRI.
Tampoco asistió Sergio Dolores Flores, presidente municipal que sufrió en pocos meses dos descalabros políticos pero que regresó para cobrar las últimas quincenas. El año pasado el mismo Sergio Dolores, mediante un oficio, obligó a todos los empleados y directores del gobierno municipal a vestirse de tigre. Ahora no se tomó la molestia.
Esta vez no hubo eco en la participación de los barrios de mayor tradición para organizar grandes manadas de tigres y las delegaciones de otros municipios también desdeñaron la invitación. Sólo se presentó un grupo de Zitlala con reata como arma en mano y otro de Ahuacuotzingo. Ninguno de los grupos de tigres reparó en hacer demostración a los grises políticos.
En La Tigrada de ayer no hubo el reconocimiento al tigre mayor (el año pasado fue nombrado Francisco Javier García González, ahora candidato a alcalde por el PRI, por ser hijo del extinto tigre don Pancho), ni se reconoció al que portara la mejor máscara, al que bramara más fuerte, ni a quien moviera mejor la cadena.
Una vez que las personas con ingeniosos trajes y máscaras de tigres llegaron a la plaza cívica, donde había 11 brincolines, un inflable, algunos juegos mecánicos y decenas de puestos de antojitos y garnachas, dos grupos de danza azteca hicieron su demostración mientras familias no daban crédito a que la Tigrada ahí había terminado.
Considerada como una de las dos grandes fiestas del pueblo, las familias chilapenses con sus tigres niños y bebés prefirieron ir al zócalo a pasar una tarde de fiesta, mientras un fandango organizado de manera independiente por jóvenes captaba la atención en el kiosko, con copas de mezcal para los presentes.
El martes, los contingentes de tigres fueron más grandes pues está tradición coincide con la festividad católica de la virgen de la Asunción, también conocida como De las manzanas.
La versión adoptada por el gobierno local indica que los tigres de Chilapa son una tradición de un reino prehispánico llamado Cohuixcapan; los hombres tigres acompañados de perros representaban el viento y la lluvia y recorrían las calles para ahuyentar el hambre, la sequía y la muerte.
No obstante, hay otras versiones de cronistas locales como Luis Aguilar Nava, que sostienen que el reino nunca existió y que el Cohuixcapan fue sólo una provincia.

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