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Humberto Musacchio

Entre mediocridad y ausencia de futuro

Las diversas fracciones parlamentarias ya tienen líderes y, contra lo que pudiera pensarse, salvo en el caso del PRI la solución es el principio del problema, pues PAN y PRD mandaron al ruedo a figuras de limitaciones obvias, mientras que los pastores del PRI, con todo y su amplia experiencia, parecen tener los días contados.
La bancada de Acción Nacional en el Senado tendrá como líder a Ernesto Cordero, uno de los inventos de este sexenio en el que Felipe Calderón lo ungió como secretario de Hacienda y después fracasó en su intento de imponerlo ni más ni menos que como candidato presidencial. Funcionario de espesa grisura y precandidato fracasado, su perfil parece el menos indicado para cohesionar a una hueste dolida por el presidencialismo ejercido al troche y moche.
En la Cámara de Diputados se optó por desperdiciar la muy respetable experiencia de José González Morfín, quien hizo un brillante papel en el Senado, y a manera de compensación –tuvo que entregarle a Los Pinos el liderazgo de los senadores– Gustavo Madero colocó ahí a uno de los suyos, hombre de militancia sin relieve y posiblemente buen amigo del líder panista, pero sin experiencia política ni el carácter ejecutivo que requiere un buen dirigente de fracción.
En el PRD no pintan mejor las cosas. Probablemente como resultado de los pactos que abrieron el paso a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, Los Chuchos y Foro Nuevo Sol impusieron a los líderes de ambas fracciones parlamentarias. Miguel Barbosa es el coordinador de los senadores y Silvano Aureoles de los diputados aurinegros.
Aureoles fue alcalde Zitácuaro, diputado federal y senador, cargos en los que pasó sin pena ni gloria. Igualmente, se desempeñó como secretario de Desarrollo Agropecuario en el gobierno michoacano de Lázaro Cárdenas Batel, donde no dejó motivos para recordarlo positivamente, y por si fuera poco fue candidato en la pasada elección de gobernador en su natal Michoacán, pero perdió en forma estrepitosa. En fin, una pobre hoja de servicios.
Es el caso de Miguel Barbosa, que llegó al perredismo a mediados de los noventa y fue diputado federal a la XLVIII Legislatura (2000-2003). Ha ocupado cargos dentro del PRD y ha sido coordinador de la corriente Nueva Izquierda, la de Los Chuchos. Marcelo Ebrard y López Obrador son los grandes derrotados, a menos, claro, que esto sea parte de un pacto, lo que parece improbable si recordamos que el actual jefe del gobierno capitalino buscó imponer a Armando Ríos Piter, recién llegado al partido del sol.
En lo que respecta a los líderes de las fracciones priistas, todo indica que no permanecerán mucho tiempo en el cargo. Las habilidades y la visión política de Manlio Fabio Beltrones no resultan indispensables ante el hecho de que el PRI, con la suma de los verdes, tiene mayoría absoluta de diputados, la que sin Manlio podría incrementarse con el contingente del Panal, pues ya se sabe que él y Elba Esther Gordillo no gustan de verse ni en retrato.
En lo que se refiere a Emilio Gamboa, sus muy reconocidas dotes de operador pueden resultar igualmente superfluas si su partido tiene mayoría en el Senado. Para Peña Nieto, en caso de que el Tribunal Electoral le dé su bendición –toquemos madera– lo mejor será tener a gente más cercana a sus intereses y menos dispuesta a pensar por cuenta propia. Lo más probable es que tanto Beltrones como Gamboa acaben en una embajada o al frente de alguna dependencia federal sin importancia. Será un triunfo más de la mediocridad, signo del sexenio que nos amenaza.

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