Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Humberto Musacchio

Corto porvenir del IFE y el TEPJF

Ojalá se trate de una percepción equivocada, pero todo indica que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dará su bendición al cochinero comicial de este año y ungirá como presidente de la República al más grande comprador de votos.
Ya son varias las declaraciones del magistrado Alejandro Luna Ramos menospreciando o restando toda importancia a las quejas y denuncias contra el PRI y su candidato, quienes convirtieron la elección en un inmenso mercado por el que circularon profusamente el dinero y toda clase de mercancías (por cierto, Jorge Luna Fandiño, un hijo del mismo funcionario judicial, está relacionado con una denuncia de fraude, de lo que hoy se informará en el Club de Periodistas).
Pero si el Trife da el golpe previsible estará acelerando la caída de sus actuales magistrados y también de señores consejeros del IFE, que incurren en derroche con cualquier pretexto,  pues además de los sueldazos que cobran, además de sus coches, choferes, oficinas, asesores, celulares, secretarias, guaruras, gastos de representación y otras partidas, con el mayor cinismo se autoasignan compensaciones monetarias dizque por sobrecarga de trabajo.
Es todavía más insultante la vida que se dan los magistrados del Trife, quienes ahora tienen en sus manos la grave decisión de declarar presidente a quien rebasó varias veces el gasto permitido de campaña y se dedicó alegremente a prostituir el voto mediante su comercialización. Pero, hay que insistir, si declaran presidente a Enrique Peña Nieto estarán suicidándose.
Hay una amplísima insatisfacción con el actual sistema electoral y sus órganos (IFE y Trife), que cuestan a los ciudadanos cantidades faraónicas en un país donde más de la mitad de la fuerza de trabajo percibe menos de cuatro salarios mínimos. El IFE, el Trife y los organismos similares con los que cuenta cada entidad para las elecciones locales representan un gasto escandaloso, y pese a todo hay insatisfacción por la indolencia con la que proceden frente al trafique de votos y la compra de voluntades, cuando no, como ocurre en algunos estados, con la franca e indebida injerencia del señor gobernador en los procesos ciudadanos.
Se equivocará quien crea que sólo el PRD y sus aliados están inconformes con las autoridades electorales y todo lo que las rodea. Luis Alberto Villarreal, el líder de la fracción panista en la próxima legislatura, declaró: “Fuimos actores y testigos de las deficiencias normativas de las elecciones del mes pasado y no vamos a permitir que se repitan. El rebase de los topes de campaña tiene que ser causa de nulidad. Las elecciones se ganan, no se compran”.
Por su parte, Gustavo Madero, presidente del PAN, adelantó que los legisladores de su partido “impulsarán la regulación de las casas encuestadoras para que no se utilicen los ejercicios estadísticos de preferencia electoral para manipular la intención del voto” (Excélsior, 22/VIII/2012). Sobra decir que tal propuesta pretende acabar con la turbiedad de los muestreos dirigidos o falseados que son de hecho profecías autocumplidas.
El consejero electoral Alfredo Figueroa declaró que tenemos “una democracia germinal, con elementos que no terminan de florecer, con déficits (así lo dijo, en plural) muy importantes que obligan a replantear la transición”. Por eso, si se declara presidente a Peña Nieto, los priistas tendrán que negociar con la oposición y entre los primeros sacrificados estarán los consejeros del IFE y los magistrados del Tribunal Electoral. Por eso cabe decir que están cavando su propia tumba.

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