Humberto Musacchio
Martí Batres y el delfinario de Ebrard
Hoy deberá terminar el registro de precandidatos del PRD al gobierno del Distrito Federal, quienes no competirán por el voto de sus compañeros de partido, sino que acordaron aceptar los resultados de una encuesta que debe realizarse los días 15 y 16 de enero, con una metodología que se desconoce pero que resultará clave, pues no es lo mismo recabar opiniones por teléfono que directamente en los hogares, con un reparto equilibrado de zonas geográficas y socioeconómicas que ofrezcan una representatividad real.
Martí Batres fue el primero en presentarse. Es el único de los precandidatos que no tiene un cargo público, pues Marcelo Ebrard, molesto por las simpatías que mostró Martí hacia López Obrador, aprovechó el menor incidente para despedirlo, pese a su muy eficaz desempeño en el ámbito de la política social y a su honestidad sin mancha. Con la separación del cargo, Ebrard pretendía hacerle un favor a quien entonces era su delfín, pero ni con eso lo hizo crecer.
Se espera que sea larga la lista de precandidatos, pues para muchos, sin base social ni posibilidad de pasar la prueba, se trata simplemente de inscribirse para negociar después una senaduría, una diputación o un cargo en el gobierno de la ciudad de México.
Inicialmente, Mario Delgado apareció como el delfín de Ebrard, haciendo un ostentoso derroche de dinero, pagando gacetillas en varios periódicos con una frecuencia que cuesta muchos millones cada semana. Se trataba de inventarle al precandidato una popularidad de la que carecía y sigue careciendo, pese a los anuncios llamados “espectaculares” y las llamadas telefónicas en las cuales una voz decía “Andrés Manuel López Obrador y Mario Delgado le desean feliz año 2012”. Delgado, para más señas secretario “de Educación”, en una supuesta campaña de invitación a la lectura contrató como promotora ni más ni menos que a Ninel Conde, la vedette que se ha convertido en icono de la ignorancia y la tontería. Es como si al desplegar una campaña contra los incendios se invitara como promotor a un pirómano. Pero así se las gasta don Mario.
Pese al multimillonario derroche de nuestros impuestos, la campaña de Delgado no lo hizo engordar, y ahora en el gobierno capitalino se está empollando otra candidatura: la del señor Miguel Ángel Mancera, el procurador capitalino al que una sospechosa encuesta le da hasta 28 por ciento de intención de voto, lo que parece más falso que la acusación que la PGJDF le asestó a un sobrino de Julia Marichal, al que durante tres semanas mantuvieron preso –a eso equivale el arraigo– hasta que descubrieron que el asesino era otro y tuvieron que soltar al inocente sin que mediara siquiera el consabido “usted dispense”. ¿Así quiere gobernar Mancera a los habitantes del DF?
De todos los precandidatos perredistas, sólo dos cuentan con una carrera, base social y personalidad propias: Alejandra Barrales, quien fuera dirigente sindical y hoy es líder de la Asamblea Legislativa, y Martí Batres, líder estudiantil, fundador del PRD, asambleísta, diputado federal y funcionario que, vale insistir, ha probado ser eficiente y honrado. De todos, Martí es el único que cuando debe externar su opinión lo hace de manera clara y directa. Por eso lo echó Ebrard, porque en todo funcionario siempre está presente la idea del delfinato, el propósito de imponer en el cargo a un sucesor sin fuerza propia, inventado y agachón.
Martí Batres no es de esos ni tampoco de los que exhiben su cara por toda la ciudad. Su fuerza está abajo, entre la gente a la que ha sabido servir sin enriquecerse. Y eso en México no es frecuente.




