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Federico Vite

Trabajar desde la memoria

“Recuerdas lo que no tienes que hacer de nuevo y estás preparado para afrontar algunos cambios y sabes que todo lo mejor vendrá con los cambios pero tienes miedo al cerrar la puerta porque ya habías aprendido a manejar las antiguas desgracias, suele pasar, no es nada extraño, un héroe sin miedo es un héroe muerto y morir ha dejado de tener gracia porque ya no es la canción que tú cantas sino una canción que cantan otros y que se lleva a los nuestros, Dios sabrá por qué. No hay ninguna justicia en esto. No tienes lo que te mereces, tienes lo que no consigues esquivar. Ahora recuerdo los días en que las cosas podían mejorar. Si algo he aprendido en estos años es que todo lo que no tenías a los 15 será precisamente lo que más recuerdes de ahora en adelante. Así que no queda tiempo, tienes sólo 4 o 5 años para ser un verdadero santo adolescente y toda una jodida vida para arrepentirte de no haberlo sido”. Así comienza una novela en 1996 por Plaza Janés, libro que fue celebrado por críticos literarios españoles y de la noche a la mañana se convirtió en documento de culto. El autor de este libro, el español Ray Loriga también se ha dedicado al cine y, en especial, a ser un provocador que va bien con el recato ibérico.
Pero vayamos al asunto, Héroes (192 páginas) es protagonizado por joven que de decide encerrarse en su cuarto sin más compañía que sus discos, un estéreo y el televisor. En ese autoexilio pretende arrinconarse para darle la espalda al mundo, porque la única realidad que acepta es la que sucede en la televisión. Para un personaje que se siente amenazado por la sociedad, por su familia y amigos, el televisor y el mundo de las imágenes ofrecen una “realidad a la carta”, la cual puede ser elegida y controlada por él mismo, ya que puede decidir qué canal mirar, puede poner un video y en raras ocasiones apagar su realidad con el control remoto. Habita su burbuja de cristal, pero con peculiares destellos de fatalidad.
La trama reúne a iconos del rock and roll (Bob Dylan, David Bowie, Mick Jagger), viajes en carreteras interminables, una chica rubia con el corazón zurcido; un joven que robó el Mercedes a su padre y el día fatídico en el que el hermano del protagonista perdió una oreja. Esos son los fogonazos que acuden a la mente de un chico que mediante recuerdos, canciones de rock, videos musicales fabrica su deseo de convertirse en un rockero afamado. La propuesta de Loriga, quien ya había dado muestras de cuál era su tentativa con Lo peor de todo (novela igualmente publicada por Plaza Janés a principios de 1995) y en Héroes perfecciona su estilo, logra un libro profundamente visual y lleno de inconformismo, de la rabia siempre bienvenida de la adolescencia.
Héroes no es una historia lineal ni posee una estructura narrativa simple (el mayor logro de este libro), refleja el caos del personaje mediante capítulos que pueden leerse como relatos, pero que condensan la revuelta interna de este chico que sólo quiere una mujer y una jarra de cerveza. Loriga construyó está novela a base de relatos en primera persona, cuenta sus sueños, las malas rachas que ha tenido y uno que otro logro. Resume su vida desde los motores de la memoria.
El protagonista habla desde el fondo de la soledad que él mismo se recetó: está a un paso de abandonar todo, pero siendo optimista me gusta que pretende reiniciar toda su vida. Ese hombre encerrado transita su meridano, está sobre la línea de su propia sombra y trata de convertirse en lo que realmente desea ser.
Loriga se dio el lujo de ser lo más cínico posible, echó mano de las técnicas usadas por bribones grandes (Bukowski, Genet, Fante, Roth, Ellis) para recordarnos que la adolescencia es justamente abrazar los sueños del porvenir; lloriquear, es cierto, por lo perdido, pero la inversión de suspiros es mejor cuando se sueña sin límites.
En la España de los 90, hubo un fenómeno editorial que postulaba el arribo del realismo sucio como la nueva frontera a conquistar. La generación que dio rostro a esa propuesta fueron esencialmente José Ángel Mañas, Ray Loriga, Benjamín Prado, Pedro Maestre, Roger Wolfe, Lucía Etxebarría, Gabriela Bustelo, Care Santos, Ismael Grasa y Caimán Montalbán. Apostaron por cambiar los registros del uso del lenguaje y, por supuesto, hicieron modificaciones a la composición de la trama novelística. Sus personajes son adictos a la cultura audiovisual y la música de esa época (rock, grunge, heavy, etc.). Estos escritores fueron conocidos en España como Generación X (referencia directa al libro de Douglas Coupland) y declaraban una profunda admiración por la obra de Bret Easton Ellis y Davit Leavit. Esa propuesta también tuvo resonancia en México, pero de ese tema hablaremos en futuras colaboraciones.

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