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Destruye armas la Caravana por la paz en EU en protesta por su venta sin control

Con un esmeril, el poeta Javier Sicilia partió en varias partes un rifle de asalto y un revólver, en protesta por el uso de las armas en la guerra contra las drogas que ha dejado más de 60 mil muertes en México.
Luego, cinco familiares de víctimas muertas por armas de fuego que forman parte de la Caravana por la Paz golpearon con un mazo los restos de las armas.
El resto de la caravana y representantes de organizaciones de derechos humanos de Estados Unidos se unieron al acto simbólico con gritos de “viva la paz” y “sí se puede”, mismos que retumbaron en la plaza Guadalupe de esta ciudad.
La Caravana de la Paz realizó este singular evento para llamar la atención de la sociedad y de los medios estadunidenses sobre la necesidad de establecer mayores controles en la venta de armas porque muchas de ellos son vendidas al crimen organizado en México.
“Me dio mucha alegría tener ese poder para destruir, para desmantelar ese poder que da las armas”, comentó Sicilia luego de la destrucción de las armas.
Araceli Rodríguez y Margarita López fueron las que se encargaron de coronar el evento al hacer volar en pedazos el rifle de asalto, un AK-47, y la Magnum que fueron comprados en una feria de armas en esta ciudad por organizaciones locales que las donaron al grupo dirigido por Sicilia para realizar su protesta.
El rifle de asalto lo donó la organización LEAP, un grupo integrados por ex policías y ex soldados que están a favor de la legalización de las drogas. La pistola, una mágnum .38 milímetros, fue comprada por una mujer sin siquiera identificarse, como establece la legislación local.
Cada vez que Araceli y Margarita golpeaban las armas en el suelo, lanzaban un grito de dolor, mientras que el poeta Sicilia dejó escapar algunas lágrimas al tiempo que tomó entre sus manos una paloma (de la paz), como estandarte de la caravana.
Reginald Lillie, representante de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color fundada a principios del siglo XX, ofreció su apoyo a la caravana y manifestó que ya es tiempo de que se establezcan medidas más estrictas para la compra y ventas de armas.
John Lindsay-Poland de la agrupación Hermanos de la Reconciliación, creada a finales del siglo XIX, dijo que este es el momento para cambiar la política de armas en Estados Unidos.
Dijo que la segunda enmienda constitucional que da el poder a los ciudadanos de poseer armas, también tiene sus límites pues no cualquiera puede tener una bomba nuclear.
Lourdes Campos, del Estado de México; Olga Reyes de Chihuahua; Zacario Hernández de Chiapas; Araceli Rodríguez, del Estado de México y  Margarita López de Oaxaca, dieron su testimonio antes de la destrucción de las dos armas.
Las cinco coincidieron en señalar que no es justo que mientras mueren miles en México, los traficantes de armas andan libres en la frontera.
Después del evento, los restos de las armas destruidas fueron entregadas a las cinco víctimas de la caravana, cuyos familiares fueron muertos por armas de fuego.
Fueron encápsuladas en un bloque de cemento, con la idea de llevarlas hasta Washington y depositarlas en algún lugar de Pasadena, en protesta por el trasiego de armas a México, donde son utilizadas por el crimen organizado. (José Gil Olmos / Agencia Proceso / Houston).

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