Conmemoran familiares el Día del Detenido-Desaparecido en Atoyac
Francisco Magaña
Atoyac
Con una conferencia de prensa y una exposición de fotografías de más de 500 desaparecidos por militares en la llamada guerra sucia, la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Víctimas de las Violaciones a los Derechos Humanos en México (Afadem), encabezados por su vicepresidenta, Tita Radilla Martínez, conmemoraron ayer el Día Internacional del Detenido-Desaparecido, en sus oficinas ubicadas en los terrenos del ayuntamiento de Atoyac, antes ex cuartel militar.
La defensora de derechos humanos expuso que este delito de lesa humanidad se recrudeció en el cono Sur al igual que en México, “donde esos hechos aberrantes fueron utilizados por los diferentes gobiernos donde se reprimió a los grupos disidentes violándose los derechos humanos”.
Dijo que siguen en la exigencia de que se castigue a los responsables, se les diga el paradero de sus familiares, que esta práctica no se siga dando y se lleve a juicio a los autores de este delito.
Aseguró que el estado de Guerrero fue el más afectado, particularmente el municipio de Atoyac, donde mayoritariamente ocurrieron esos hechos que siguen lastimando a las familias por la impunidad que han vivido.
Abundó que esta práctica sigue vigente en la actualidad, y que existen 60 mil desaparecidos, muchos por el crimen organizado.
Precisó que en el municipio de Atoyac se vivieron desapariciones forzadas en los años noventa, cuando se buscaba a los grupos armados.
Dijo que “fue en los 90 cuando hubo muchos desaparecidos en el municipio de Atoyac, hoy se habla de levantones, de personas secuestradas y que desafortunadamente no han aparecido, no tenemos una cifra exacta de lo que ocurrió en el municipio, pero sabemos que ha sido bastante grave, no tan sólo en Atoyac, pero creo que sigue siendo el número uno en desapariciones”.
Acudieron a esta conmemoración familiares de desaparecidos; llamó además la atención el caso de una familia del municipio de Tecpan, de la que no existe documentación pese a que ahí murió en combate el guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, el 2 de diciembre de 1974 en la comunidad de El Guayabillo.
La familia Argüello Vázquez, de la comunidad de Las Fincas Viejas, fue una de las que vivió la represión y desaparición, cuando militares sacaron con engaños a su padre mientras almorzaban, “le dijeron que le pedía el general que lo fuera ver al cuartel de Atoyac”.
Alfonso Argüello Vázquez, hijo del desaparecido, tenía 13 años cuando vio que a su padre se lo llevaron los soldados en un helicóptero. Narró que los militares llegaron a su casa diciéndole a su padre Francisco Argüello Villegas, un campesino de 80 años, que el general del cuartel de Atoyac lo quería entrevistar.
Dijo que él siguió a los soldados cuando se llevaba a su padre y cuando lo subían a un helicóptero un soldado lo tomó del cuello y lo empujo, “me dijo que mi papá iba regresar, pero hasta la fecha no sabemos de él”.
Narró que en esa época, en los años setentas, la vida era difícil, “nuestra familia perdió la cosecha de caña, a eso nos dedicábamos, un año se perdió toda la cosecha y más cuando mi padre ya no volvió, mi madre se dedicó a buscarlo”.
Señaló que su madre en dos ocasiones bajó a la ciudad de Atoyac para preguntar por su esposo, “la primera vez nada más pudo llegar hasta el atracón, la segunda llegó hasta el cuartel, aquí donde hoy estamos, y le dijeron que mi padre no estaba aquí”.
Abundó que llegaron hasta la ciudad de México buscándolo “y allá los militares nos dijeron que mi padre había sido detenido en combate cuando a él se lo sacaron los soldados de la casa”.
Dijo que los militares siguieron subiendo a Fincas Viejas donde incluso acamparon,“y al mes de que mi padre desapareció detuvieron a mi hermano Vicente Argüello Vázquez, tenía 25 años, junto con otros vecinos, los trajeron aquí, a este cuartel, los torturaron quemándoles los talones con encendedores, los liberaron después, pero todos lastimados”.
Citó que después de eso perdieron todos sus bienes, algunos los vendieron para poder seguir buscando a su padre y actualmente viven en el municipio de Atoyac.
Otro familiar de desaparecido que era un niño y fue testigo cuando se llevaron a su padre, es Rodrigo Juárez Alvarado.
Reseñó que su padre Carmelo Juárez Bello tenía 25 años de edad y él apenas 8 años, es el mayor de los hermanos.
Dijo que primero fueron desplazados de la comunidad de Río Chiquito y se bajaron con sus abuelos a la población de El Ticuí.
Igual que muchos desaparecidos, su padre fue detenido por militares frente de muchos testigos, “a él como a muchos hombres del pueblo los mandaron a llamar a la cancha y se lo llevaron los militares el 20 de septiembre de 1974”.
Indicó que sus abuelos se dedicaron a buscarlo ya que su madre, Filomena Alvarado, era muy joven.
“Mi abuela Romana Bello Cabañas, vino aquí cuando estaba el cuartel, le negaron que lo tenían aquí, lo buscó en todas las cárceles del estado y fue hasta México y allá se integró al grupo de Rosario Ibarra de Piedra, con el grupo Eureka”.
Señaló que los militares le presentaron una lista y dijeron que su padre murió en combate con Lucio Cabañas el 2 de diciembre en Tecpan, “lo cual es mentira porque ellos se lo llevaron el 20 de septiembre”.
Dijo que al quedar huérfanos de padre, su madre hizo su vida y a él con su hermano menor, de 8 meses, los dejó con sus abuelos, “no pudimos estudiar por falta de recursos, porque desde jóvenes nos pusimos a trabajar”.




