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Humberto Musacchio

La elección y lo que dice Cicerón

Solemne, con voz estentórea, el presidente del Tribunal Electoral, Alejandro Luna Ramos echó de su ronco pecho una máxima de Cicerón que le consiguió alguno de sus abundantes y onerosos achichincles: “No es posible someter el derecho al capricho personal ni infringirlo ni desnaturalizarlo con el poder”. ¿De veras no es posible?
Semanas antes, el docto señor Luna Ramos mostró dotes de profeta, pues descalificó las impugnaciones al proceso electoral presentadas por el equipo de Andrés Manuel López Obrador. Las desechó sin ver, sin sopesarlas, sin enterarse de que la realidad va por un camino y de que por otro, completamente ajeno marcha el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Por eso, en la sala donde sesionaba el TEPJF hubo más de uno que no pudo evitar la sonrisa irónica cuando don Alejandro espetó la sentencia ciceroniana, porque hasta en el IFE y el Tribunal Electoral se sabe que sí es posible someter el derecho al capricho y sobre todo al interés de una o más personas que representan o sirven a los poderes fácticos que, contra la creencia de Cicerón, demuestran una y otra vez que el encargado de aplicar el derecho puede ser dúctil y maleable, esto es, “acomodadizo, de blanda condición, condescendiente”, “fácil de convencer o persuadir”.
La pregunta es por qué el IFE y el Tribunal se muestran tan acomodadizos, de tan blanda condición, tan condescendientes con quienes violaron groseramente la ley; por qué, ante esos poderes que se benefician de que todo siga igual, se exhiben tan fáciles de convencer o persuadir y fallan a favor de ellos sin reparar en el daño que ocasionan a la convivencia entre los mexicanos, sin advertir que están comprometiendo el futuro de la nación.
Por supuesto, no todos los consejeros del IFE fueron tan dúctiles y maleables. Lorenzo Córdova, por ejemplo, advierte que con las actuales reglas de fiscalización, las investigaciones concluyen cuando el candidato beneficiado ha tomado posesión de su cargo, por lo que propone una fiscalización de carácter “mucho más preventivo”, capaz de evitar las infracciones a la ley para no tener que sentarse a esperar que buenamente, a toro pasado, salgan a la luz, pues si el TEPJF declara presidente a un candidato y cuando éste ya está en el poder se descubre que fue beneficiario de los dineros del narcotráfico, simplemente nada se podrá hacer, pues el jefe del Ejecutivo goza de inmunidad mientras permanece en el cargo.
Más agudo y preciso fue el también consejero Alfredo Figueroa Fernández, quien publicó un artículo en el que refuta que el IFE haya investigado suficientemente acusaciones lanzadas contra el PRI, tales como la propaganda encubierta, la contratación de publicidad con cargo al gobierno del estado de México, o bien, actos anticipados de campaña. Figueroa señala que se dejó de investigar sobre múltiples aspectos, por ejemplo ni siquiera se solicitó al gobierno mexiquense que informara sobre el gasto en comunicación 2005-2011 donde se sospecha que se pagó un sobreprecio a la principal empresa de televisión, para –agrego– hacerlo efectivo en la campaña.
En suma, Figueroa establece que el IFE no empleó todas sus atribuciones en esta investigación, de donde se desprende que obró con abulia, irresponsabilidad o en forma francamente tendenciosa. De modo que, contra lo que dice Cicerón y repite irreflexivamente el señor Luna Ramos, sí es posible someter el derecho al capricho personal, infringirlo y desnaturalizarlo con el poder político, el del dinero o ambos.

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