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Octavio Klimek Alcaraz

Recuento de los pendientes: Reforestación

 

El pasado 1 de septiembre, el presidente Felipe Calderón presentó ante el Congreso su 6 Informe de Labores. Con ello terminan prácticamente los trabajos del actual gobierno. Por ello estamos tratando de hacer un recuento inicial de los principales pendientes en materia ambiental y de los recursos naturales.

En este artículo presentaremos datos sobre el tema de la reforestación, la principal estrategia de inversión pública del gobierno federal en este sexenio. La fuente de la información es oficial, la de la propia  Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el texto del 6 Informe de Labores.

El 6 Informe señala que se estima que con el programa ProÁrbol de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), entre 2007 y 2012 se habrán sembrado “más de mil 930 millones de árboles en 2 millones 180 mil hectáreas”.

Conforme al Objetivo 3.4.3. del Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales 2007-2012, se tenía como meta sexenal el reforestar 2.4 millones de hectáreas. Por tanto dicha meta no se ha alcanzado.

Más allá de que no se alcance a realizar dicha meta sexenal, se considera que las actividades de reforestación han sido utilizadas más como una política mediática, en especial en foros internacionales, que de impulsar el cuidado de la cubierta forestal del país, por lo que su eficacia como vía para el incremento de la superficie forestal está cuestionada.

Es cierto que en muchos sitios del país se sembraron plántulas de árboles y otras especies vegetales, pero con grandes tasas de mortalidad, es decir, pocos de los millones de árboles sembrados fueron viables para llegar a vivir su ciclo biológico completo. Existe opacidad y falta de precisión de los resultados oficiales, por ejemplo sobre la magnitud de cuántas plantas usadas en actividades de reforestación hayan sobrevivido, lo que es un hecho es que aún con estimados conservadores, alrededor de 53.3 por ciento de las plantas mueren en sus primeras fases de crecimiento. (En el Anexo Estadístico del 6 Informe de Gobierno en pág. 61 se presenta el Índice de supervivencia en 2007: 51.2 por ciento; 2008: 40.0 por ciento; 2009: 46.8; 2010: 48.9 por ciento. Promedio igual a 46.7 por ciento).

Esto indicaría que se perdieron alrededor de mil 028 millones 690 mil árboles después de ser sembrados, por lo que estaría en duda la magnitud real de la superficie reforestada.

Algunas de las causas son que hay falta de articulación de los programas de reforestación con una visión amplia de desarrollo forestal, incluso mucha de la actividad de reforestación no está articulada con los intereses de las comunidades en donde se realiza, como son la producción de madera, la provisión de leña y otros aspectos relacionados como el pastoreo; además, en muchos casos, las especies sembradas son invasoras de los ecosistemas que se pretende restaurar, en lugar de buscarse todas aquellas acciones que propicien la recuperación del ecosistema, como podría ser la reforestación con plantas nativas.

La situación antes descrita es causada por múltiples problemas de operación. Existen limitantes técnicas, además la Conafor fue rebasada para ejercer los enormes recursos públicos dispuestos para la reforestación.

Esto incluye, desde que los tiempos de los ciclos de la naturaleza no tienen nada que ver con los ciclos anuales del tiránico y poco flexible presupuesto federal, que está diseñado por las autoridades hacendarias para incurrir en subejercicios. Por ejemplo, muchas veces cuando los recursos están disponibles, ya la temporada de lluvias está por concluir.

Además, como se observa se están estableciendo metas cuantitativas excesivamente altas, en detrimento de la calidad técnica de la reforestación y de las capacidades reales de atención al respecto de la propia Conafor.

Esto se agrava ya que también hay serias acusaciones de irregularidades en la aplicación de los recursos públicos para la reforestación, desde los mecanismos para comprar semillas forestales, el equipamiento de viveros, hasta acusaciones de favoritismo para quienes reciben los subsidios públicos para las acciones de reforestación.

Incluso para fines de seguimiento y evaluación existen en muchos casos problemas para ubicar los sitios supuestamente reforestados en los últimos años.

Es decir, se considera que muchos de los miles de millones de pesos de inversión aplicados en actividades de reforestación fueron cuando menos mal aplicados en este sexenio, debido a un sinfín de causas.

Por ello, creemos que el principal eje de política pública para detener la deforestación debe ser el fortalecer el manejo forestal comunitario. En donde son las propias comunidades poseedoras de los recursos forestales, quienes deben decidir sobre ellos. En todo caso lo que deben realizar los gobiernos de los tres órdenes es reforzar las capacidades y conocimientos técnicos que requieren las comunidades forestales para la planeación, ordenamiento, manejo y aprovechamiento sostenible de los ecosistemas forestales.

Dentro de esa política pública se debe continuar con la reforestación, atendiéndola con un enfoque más cualitativo, en donde no entremos en una innecesaria competencia con el resto del mundo, para decir que en México se reforesta como en ningún otro país del mundo. Lo anterior, debe ser incluido y articulado no sólo dentro de un concepto de manejo integral forestal, donde se engloba desde los aspectos de producción, conservación y la propia restauración de los bosques y selvas, sino también del desarrollo rural integral y sustentable, que englobaría el manejo articulado e integral de las tierras agrícolas, pecuarias y forestales. Sólo así se puede contener la deforestación a través de atender sus causas.

 

 

 

 

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