Carlos Toledo Manzur
La política social: una discusión urgente en Guerrero
Los resultados en materia de combate a la pobreza del gobierno federal que está por terminar, dejan mucho que desear. Según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 2006 y 2010, a nivel nacional la población en condiciones de pobreza alimentaria (extrema) incrementó su porcentaje de 13.8% a 18.8% y en números absolutos de 14.7 millones a 21.2 millones de personas. Esto significa el incremento de ¡1.6 millones de pobres al año!
El comportamiento de la pobreza, según la misma fuente, muestra una reducción entre 2000 y 2006, que fue más significativa en este último año debido a la reactivación económica, que tuvo el país al final del sexenio foxista después de varios años de crecimiento lento. Sin embargo, en el período de Calderón la tendencia se invirtió producto de la crisis financiera internacional, pero sobre todo de la crisis alimentaria que incrementó el precio de los alimentos golpeando fuertemente la economía de los que menos tienen y poniendo en evidencia la vulnerabilidad y limitaciones (por no decir el fracaso) de la principal estrategia de la política social neoliberal: el programa Oportunidades.
Dada esta situación, resulta clara la urgencia de un cambio de fondo en la estrategia de política social que permita una mayor efectividad en la reducción de la pobreza y la desigualdad. La discusión de las estrategias, orientaciones y modalidades de la política social es un asunto de primordial importancia en la coyuntura actual de cambio de gobierno federal y de inicio de los últimos tres años del gobierno estatal, especialmente para un gobierno de izquierda como el de Guerrero.
¿Qué características debe tener una política social alternativa diseñada desde una visión de izquierda? ¿Qué margen de maniobra tiene un gobierno estatal como el nuestro para contribuir a esta discusión a través no solo de la polémica discursiva, sino de la práctica en la ejecución de políticas públicas innovadoras y alternativas, que muestren en concreto su viabilidad y pertinencia?
La creación y fortalecimiento de las redes y programas de asistencia social consistentes en apoyos directos a la población más desfavorecida sin duda debe ser parte de una política social de izquierda, pero es claro también que es una estrategia insuficiente, especialmente cuando la ayuda social contrasta con políticas económicas excluyentes que profundizan la desigualdad y que deshacen y revierten los logros de las medidas asistenciales. El programa Oportunidades ha crecido sustancialmente en los últimos años; por ejemplo, en Guerrero este programa gasta actualmente más de 4 mil millones de pesos al año y aun así, la pobreza se mantiene y reproduce en nuestra entidad. Los programas de asistencia social deben complementarse con medidas de política económica y otros apoyos sociales que permitan no sólo la compensación mínima por vía de gasto público, sino una transformación productiva estructural que logre la generación de ingresos, el incremento de la competitividad de la economía popular, la creación de empleos de calidad y la elevación del bienestar sobre bases productivas. Aprender a pescar en vez de pescado regalado, como dice el clásico refrán.
La superación de la pobreza y la marginación es un asunto que también tiene una connotación política, cuando menos de economía política, ya que la acción consciente y organizada de la población pobre es sin duda un factor de gran importancia para el logro de las transformaciones de fondo que se requieren. Es fundamental superar la situación en la que la población marginada está con la mano extendida, sólo esperando las dádivas institucionales con carácter clientelar a las que está acostumbrada. Por ello, es necesario que la discusión de la política social vaya más allá de los ámbitos académicos y burocráticos y se extienda entre partidos, organizaciones, municipios y la población en general. De esta manera se podrá generar una visión alternativa de las causas estructurales de la pobreza y la marginación que esté en el imaginario social y sea la base de acciones conjuntas que logren resultados efectivos y ejemplares.
Dada la magnitud, complejidad y dificultad del asunto, así como la necesidad de abordarlo desde una visión integral, la focalización en un grupo de municipios muy pobres sería una táctica adecuada para atender el problema en un universo restringido y lograr una acción más intensa. Así, se podría generar un modelo alternativo con resultados contundentes en la modificación de los indicadores de la pobreza y marginación que pudiera después proponerse para su generalización.
La reactivación de la discusión de la política social en el estado de Guerrero es fundamental para reducir el riesgo de que dentro de tres años nos encontremos en la misma situación de pobreza y marginación sin haber logrado avances sustantivos.




