Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Eduardo Pérez Haro

Economía y democracia V: la
ingeniería del desarrollo

Para Enrique Gavaldón Enciso

La ingeniería para el desarrollo que se precisa desde el escenario de una crisis multidimensional de orden global (como la hemos caracterizado), implica asumir un replanteamiento económico, político y cultural alterno. Sobreviene como cambio institucional desde la perspectiva del Estado. Me explico.
La ingeniería del desarrollo no es una respuesta meramente técnica sobre ¿el cómo?, expresión a la que suele apelarse, suponiendo que ¿el qué? tiene una respuesta dada, bajo los conceptos de crecimiento económico, democracia y justicia social. Sin embargo, la respuesta es, no el ¿qué?, pues también está sujeto a revisión y por tanto el ¿cómo? no es simple estrategia, plan, o modelo de política económica para el crecimiento, ni siquiera agregándole el precepto de justicia social…
En el marco de una crisis manifiesta por sus desequilibrios y asimetrías en todos y cada uno de los ámbitos de la vida económica, social, política, cultural y hasta en relación con la naturaleza, el problema ya no es sólo el crecimiento y la distribución de la riqueza o una relación amigable con los recursos naturales o entre los géneros…, ya no es meramente técnico o de ampliación de los derechos y libertades. No es cambio de modelo sino de paradigma.
Y lo expreso en estos términos, no como magnificación graciosa de la idea o sofisma político. De hecho, ya está en curso. En las últimas cuatro décadas se ha venido procesando una era de despliegue tecnoproductivo y socioinstitucional de carácter global, en la información y la comunicación, el conocimiento y la cultura, y desde ahí se están colocando las bases de esta revolución de nuevo tipo por sus mecanismos expansivos y su dinámica “digit@l” y por ende de sus alcances y posibilidades. Los patrones de consumo y de vida, de relaciones y de organización, proponen cambios radicales.
Estos cambios se procesan en la alimentación y en la salud, en el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales, en las relaciones de pareja y el papel de los géneros, en el trabajo productivo y el recreo, en la libertad y el papel de la autoridad, etc., etc., y se debaten contra la tradición de los esquemas dominantes y contra la propuesta tradicional de los cambios. Los factores y poderes tradicionales (teorías, políticas y países), están en crisis y las propuestas tradicionales de cambio (izquierdas y demócratas tradicionales) están en crisis. No sólo por el cuestionamiento empírico de las referidas propuestas radicales de cambio sino por su agotamiento manifiesto en su reiteración limitada, por su falta de idea, de discurso y de ingeniería, por su necedad.
La ingeniería para el desarrollo se coloca como un esquema en el que la tradición política debe entender de la modernidad propia de la era digit@l y dotarse del conocimiento y la técnica, la tecnología, asunto del que llamó la atención la tecnocracia y su realce en las últimas décadas del siglo pasado, pero que no entendió sino sólo una parte del problema y, sin duda, la parte más simple (la generación de riqueza en su acepción tradicional), pues no alcanzó a ver que lo social es factor sin el cual lo otro no “vuela”, no se mantiene.
Bajo el axioma del eficientismo tecnocrático y libre libre, no habría sostenibilidad de la revolución tecnoproductiva y así fue… ahí está la crisis de sus paladines en Japón, en Estados Unidos y en Europa, y más aún, en el sistema financiero, pues una manera de decirlo francamente es que esta no es la crisis que preocupa a los pobres sino a los ricos porque no es la crisis de los pobres, aunque los castigue sin piedad, sino que es, ante todo, la crisis de los ricos, la crisis del modelo, pero al que no basta con oponerle el neodesarrollo, algo así como “lo mismo pero bien”, “seamos ricos pero distribuyamos la riqueza”. En lugar de decir seamos diferentes.
La naturaleza de las nuevas contradicciones de la nuev@ er@; la tecnología vs el empleo, la alimentación vs la salud, la transportación vs la calidad de vida, la pobreza vs la desintegración social, la energía vs la producción basada en los hidrocarburos, la información vs el control de los medios de comunicación, la centralización financiera especulativa vs la producción de bienes y servicios, ha liberado el proceso de una cultura alternativa que emprendió bajo las formas de la contracultura y evolucionó a la protesta configurando movimientos sociales marginales pero ahora se disemina en redes sociales que se tornan asombrosas e irreversibles.
Se procesan los contenidos y las formas de una nueva cultura, el sentido común propone un mundo diferente en el que los afanes del crecimiento y el desarrollo en sus acepciones tradicionales ya no convocan. Es la hora de poner en la mesa los nuevos contenidos de la discusión e hilvanar en la lógica de los mecanismos característicos de la er@ digit@l, los procesos de cambio donde las limitaciones y debilidades de un país como México inscrito en una crisis internacional, se lean y se asuman con una perspectiva de cambios radicales que por no tener en su lógica la idea tradicional de los cambios podrá ser oportunidad especial para la política.
Ciertamente, un cambio profundo es un asunto de Estado y por ende un asunto del poder político, pero no es un cambio vinculado a la violencia ni a curules y cargos, podrá pasar o llegar ahí pero en principio es mucho más amplio y puntual porque es un cambio desde abajo, pero insisto, desde abajo no por reconocerse en la tradición izquierdista sino porque presupone la identidad colectiva, el sentido común, la ideología, la cultura, la recuperación del sujeto social como basamento de la claridad de rumbo y la sostenibilidad.
Desde esta plataforma se coloca el proceso de cambio en la correlación prevaleciente y en las hegemonías. Ya está en curso, aunque en lo personal, aun no alcanzo a ver si la emergencia China o Indú lo significan, mas no hay duda de que hacen parte de la restructuración mundial, de la recomposición de fuerzas y de la cultura en ciernes.
Es tarea procesar los elementos de la nueva discusión de cambio pero en paralelo actuar políticamente, lo que significa propagar los contenidos de la nueva agenda de discusión, dar esa discusión y tejer nuevos acuerdos políticos en la localidad y en la región, en la nación y en el mundo, horizontal y verticalmente, entre la sociedad de base y los hombres del poder económico y político que actualmente detentan la hegemonía. Perfilaremos una nueva institucionalidad dominada por nuevos acuerdos donde la inclusión social sea elemento vertebrador bajo nuevas reglas (marco jurídico) y teniendo como brújula el sentido que da la superación crítica del nuevo cuadro de contradicciones.

[email protected]

468 ad