Muestra Zitlala su veneración en la fiesta de su santo patrón San Nicolás Tolentino
Luis Daniel Nava
Zitlala
El pueblo de Zitlala hizo gala de la celebración religiosa más importante del año al festejar a su “patrón” San Nicolás Tolentino.
El lunes 10 de septiembre, los hombres jaguar acompañados del teponaxtle, instrumento musical del tipo de tambor de hendidura de origen mesoamericano utilizado por los aztecas, los mayas y las culturas relacionadas que consiste en un tronco de árbol grueso, ahuecado por abajo para que se forme una cámara de resonancia, subieron con flores y cuetes a adornar a la cruz de una de las dos torres del principal templo para ofrendar al “milagroso” Nicolás Tolentino.
La veneración de la población del estado es peculiar hacia ese santo .
Cuentan los pobladores que esa figura hizo escala permanente en Zitlala cuando era trasladada de Puebla a la costa.
También los cronistas han abundado sobre ese hecho. El historiador local Luis Aguilar en su libro Tzitlalan da a conocer una “Noticia” del pueblo de Zitala, contenida en el Diccionario Geográfico-histórico de las Indias Occidentales o Américas.
La noticia da cuenta que en la población, a tres leguas de Chilapa, compuesta por “175 familias de indios”, había también un convento de religiosos agustinos donde se veneraba a una “milagrosa efigie”, “que conduciéndola en un cajón desde la Puebla de los Ángeles a la Costa de la mar del Sur, llegando a este pueblo (Zitlala) se hizo tan pesado el cajón, que no bastaban a moverlo cincuenta hombres, y conociendo que aquello era sobrenatural, de que inferían que la Imagen quería quedarse en este Pueblo para protector de sus habitantes, hicieron donación los dueños de forma jurídica al vecindario…”.
Y agrega el texto “…en cuyo intermedio llegó el Cura, que para cerciorar levantó el cajón con una mano sola, lo cual causó más admiración a los circunstantes, que dispusieron una solemne procesión con las más devotas demostraciones de gratitud y júbilo, y colocaron la imagen en el Altar mayor de la parroquia, experimentando por su intercesión repetidos prodigios”.
En efecto, desde alrededor de 1600, los pobladores comenzaron con la adoración de San Nicolás. Este año cientos de personas peregrinaron desde sus comunidades y poblaciones de municipios circunvecinos para ofrendar, pedir, agradecer y celebrar al santo con guajolotes, plátanos, gallinas, danzas, mezcal, flores, dinero y veladoras.
Frente al altar de la imagen principal y de otra pequeña del mismo San Nicolás, cientos de personas con flores en la mano o de rodillas le pidieron y le agradecieron con fervor y fe los favores y milagros hechos, desde buenas cosechas, sanación de sus enfermedades, trabajo, solución de problemas y otros visitantes más exóticos tocaban el ave que el santo tiene en su mano izquierda para pedir fertilidad.
“Es cuestión de que tengas fe en el santito y te lo da”, aseguran las señoras que están sentadas a un lado de cientos de veladoras en el suelo.
Afuera del antiguo templo construido con piedra, las danzas de Los Chivos, Moros, Chinelos, Mecos, Las Locas, Apaches y Los Zopilotes no pararon de bailar desde las 5 de la mañana hasta la media noche del lunes al compás de la música de las bandas de viento, como la Zitlaltepec o La pequeña aventurera.




