Arturo Solís Heredia
Canal Privado
* De convocatorias y convocantes
¿Qué y quién convoca a la mayoría de los mexicanos?
Y cuando digo convocar, me refiero al poder que algo o alguien tiene de atraer a mucha gente para que acuda a participar en un acto, lugar o actividad determinados.
Y cuando digo mayoría, no me pongo exigente ni ambicioso, pues no sólo me refiero a la mayoría absoluta, sino también a la relativa, esa con la que casi siempre ganan los candidatos a cargos de elección popular.
¿Qué causas y liderazgos convocan (y han convocado) a la participación organizada y activa de ese rango de mayorías nuestras… digamos, desde el presunto fin del viejo régimen y el inicio de la alternancia presidencial, hasta la fecha?
Obviamente, algunos partidos de la selección pambolera nacional, particularmente los que generan cierta esperanza de triunfos importantes, por fortuna ya no tan esporádicos como antes.
Las visitas del Papa, particularmente las del antecesor del anti carismático y fascistoide teutón, actualmente en funciones.
Cada año, el culto laico y feligrés de la morenita virgen de Guadalupe, reina y madre de indios, mestizos, criollos, mulatos y negros, de ricos, pobres, finos y nacos, virtuosos y pecadores.
Una o dos telenovelas por temporada, particularmente las que se transmiten en el horario estelar del Canal de las dizque Estrellas; casi todos los concursos domingueros de la misma frecuencia hertziana anterior; y, Dios no lo quiera, pero chance y hasta algún programa de Laura Bozzo y La Familia Peluche.
Varias peleas de campeonato de pugilistas nacionales, mucho menos idolatrados que los de antes; hartas bandas gruperas, Luismi, el Buki, Juanga y Vicente Fernández; las plazas comerciales, los bancos en quincena, los centros de atención a clientes Telcel, Cinépolis los fines de semana, los puentes largos, la Semana Santa en Acapulco, las chelas en donde caigan, el café de Vips, los cafés cibernéticos, y más pronto que tarde, Facebook y Twitter.
Hasta aquí, la lista de convocatorias y convocantes mayoritarios se antoja poco lucidora y casi impresentable. Causas y liderazgos casi todos malos, negativos, pedestres, banales e irrelevantes.
Aunque es gacho decirlo, y políticamente incorrectísimo de mi parte escribirlo aquí, les juro que se siente más gacho pensarlo y lo que le sigue de gachísimo creerlo. ¿Para qué les miento, para qué dorar píldoras por ustedes tan conocidas? Por ésta que me esforcé tratando de recordar otros ejemplos, aunque fueran del mismo pelo, ya no digamos más nobles, cabales y elevados. No pude.
Lo peor es que todavía me faltan, de esa lista, las convocatorias y los convocantes políticos, casi todos los cuales están de plano para llorar, o como diría Monsi, si viviera, están para documentar pesimismos propios y ajenos.
Y es que la mayoría que recordé, de 2000 a 2012, son causas que cuando convocan generalmente dividen o enfrentan, y liderazgos que más que convocar, contra convocan.
No me dejen mentir: Andrés Manuel López Obrador convoca más en su contra que a favor; Vicente Fox convocó mucho más detractores al final de su gobierno, que los amigos que convocó en su campaña; Elba Esther Gordillo convoca más a sus enemigos que a sus sindicalizados.
Digan si me equivoco: la impunidad convoca más impunidad que justicia; la corrupción, más resignación pasiva que inconformidad activa; la violencia criminal convoca más a la reclusión doméstica, que a la articulación defensiva.
Por ello y todo lo anterior, les imploro, piadosos 27 lectores de esto: si conocen, recuerdan, saben de, y/o se les ocurren uno o más motivos y/o motivadores de mayorías nacionales, dignos de la mentada lista, háganme el grandísimo favor de compartirlos con este su seguro servidor, vía e-mail, but of course, y me comprometo a compartirlos en este espacio la próxima semana.
Como seguro varios recordarán y pensarán en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad del poeta Javier Sicilia, y en los chavos de #YoSoy132, sin duda causas y liderazgos más que lucidores y presentables, quiero, debo y me obligo a informarles que yo también me acordé de ellos, pero no los enlisté, porque considero, respetuosamente, que ninguno alcanza convocatorias mayoritarias.
La mayoría de los mexicanos, sin duda, opina y habla bien de ambos movimientos y sus sendos liderazgos, de sus causas y motivos, de sus ideas y reclamos, de su valor y sus propuestas. Pero, seamos honestos, hasta ahí llega la mayoría de sus convocados: a pensar y decir bien y bonito de sus convocatorias y de sus convocantes. Seamos sinceros, a muy pocos han convocado a participar, expresar y manifestar activa y públicamente sus simpatías y coincidencias con esas causas, a muy pocos han convocado esos liderazgos, a romper letargo y apatía, para articular y replicar organizaciones y protestas afines.
Ojalá y lo logren pronto, algún día, pero hasta ahora no han podido.
Nos urge a todos, podemos y debemos, porque “nuestro querido México es el moribundo más saludable que conozco”. Así comenzaba Ernesto de la Peña, el escritor, lingüista, políglota, académico y erudito mexicano que acabamos de perder, uno de sus comentarios semanales en el noticiero nocturno de Televisa. Vale la pena recordarlo, aunque tampoco él, haya convocado a la mayoría.
“Asediado por todas partes, sobre todo por sus hombres públicos y la negligencia de sus habitantes, podría decirse que (el país) es un organismo vivo, que padece victoriosamente distintos cánceres; la banalidad de los políticos, la ineficiencia de los poderes de la Unión, la monstruosa impunidad, siempre unida a una también monstruosa corrupción.
“El hombre común sale a la calle temeroso de secuestros, asaltos, balas perdidas, y la institución nefasta de la mordida. Pero además tenemos que sufrir el triunfalismo de los discursos oficiales. Para estos individuos todo está perfecto, nuestra sociedad funciona con la precisión de un reloj suizo, los operativos en contra de la delincuencia organizada, siempre ganan la partida.
“¿Cuál es entonces la razón de que todos los ciudadanos percibamos una realidad muy distinta? ¿Todo el pueblo de México está equivocado? ¿Somos un conjunto de mal agradecidos, que no apreciamos el colosal sacrificio que hacen nuestros políticos, para hacernos vivir en jauja? ¿Todos los crímenes, asesinatos, y la liberación de delincuentes del fuero común que gozan de influencia, son acaso señales de nuestra maravillosa salud física y social?
“De ser así, estoy radicalmente equivocado”.
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