El cine negro estadunidense y el erotismo marcaron a Juan Orol: Roberto Sosa
Staff / Agencia Reforma
Ciudad de México
Si en el cine mexicano existió un director enamorado de las rumberas, atraído por los hippies y que creaba balaceras sin romper un solo vidrio, ese era Juan Orol, un realizador gallego que llegó a México para consagrarse como el Rey del Churro y cuya historia marcó el cine mexicano.
De acuerdo con Roberto Sosa, quien da vida al personaje en la película El fantástico mundo de Juan Orol, todo empieza cuando el cineasta llega a la ciudad de México, pero, al no tener buena suerte en el país debido a su situación económica, viaja a La Habana y a Hollywood, donde termina por enamorarse de la magia del séptimo arte, a tal grado que su imaginación se descarrila.
“Su vida fue fantástica, todo lleno de mundos extraordinarios, donde su gran admiración por el cine negro estadunidense (gángsters y matones) y el erotismo fueron una constante en sus películas y en la historia del cine mexicano. Tanta fue su hambre creativa que el propio gallego, con más alma mexicana, pudo filmar 57 películas en un periodo de casi 50 años”, dijo en entrevista Sosa.
La película, dirigida por Sebastián del Amo, continúa cuando Orol regresa a México en 1933 para filmar Sagrario, su ópera prima, que fue un éxito en taquilla debido al uso de escenas eróticas y amores ilícitos, que, posteriormente se convertirían en su mayor pecado.
“Las mujeres siempre fueron la perdición de Juan Orol, las consideraba sus musas y siempre encontraba el pretexto necesario para incluir rumberas, con poca ropa, en sus películas. Así es como conoció a María Antonieta Pons (Karin Burnett) y Rosa Carmina (Ximena González-Rubio), ésta última una bailarina cubana de la que cayó enamorado, por lo que su aparición en sus películas fueron muy recurrentes”, explicó Del Amo.
Conforme las cintas de Orol aparecen en las carteleras mexicanas, los críticos comienzan a señalar sus errores de producción: falta de continuidad, inverosimilitud y hasta los cartuchos de ametralladoras que jamás se acaban; todos estos elementos cargan con un humor durante la trama de la película.
“Fue muy divertido hacer una buena película acerca de ‘malas películas’: no tuvimos continuidad y teníamos gángsters matones al por mayor que disparaban contra un cuerpo un centenar de balas que impactaban todas en su objetivo y jamás rompieron un vidrio, eso sólo el maestro Orol fue capaz de hacerlo”, explicó Del Amo.
Durante la trama, Del Amo también rinde homenaje a la historia del cine mexicano y su desarrollo.




