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Moisés Alcaraz Jiménez*

Morena, un partido en gestación

 

A la memoria de Don Alejandro Cervantes Delgado, en su 12 aniversario luctuoso

 

 

¿Por qué se fue López Obrador del PRD? Una de las razones fundamentales la dieron este miércoles los integrantes de la cúpula empresarial mexicana, después de reunirse con diputados y senadores del sol azteca en el recinto parlamentario de San Lázaro.

La noche de ese día la dirigencia nacional de los llamados hombres de negocios del país, aglutinados en el Consejo Coordinador Empresarial y en la Confederación Patronal de la República Mexicana, calificó al PRD como la “izquierda moderna” que la iniciativa privada estaba esperando.

Los magnates criollos agregaron que esa izquierda está abierta a la modernización económica y es promotora de las reformas estructurales, incluida la laboral. Esa noche, los empresarios calificaron a los legisladores perredistas de ser gente moderna y ser parte de la izquierda reformadora que el país necesita. Consideraron  histórica esa memorable reunión (La Jornada, SEP/14/2012/p.20).

El PRD ha sido un partido que dentro del espectro político nacional se ha ido alejando de la izquierda que el desarrollo con justicia social del país requiere y se ha acercado más al centro político donde coincide sin mayores problemas con los intereses de las pocas familias que concentran el poder económico y político de México.

Es cierto que toda izquierda partidista y electoral tiene forzosamente que aceptar las reglas del juego político en el que participa, pues ningún partido podría actuar de otra forma, como partido antisistema, si es parte integrante del régimen al que dice combatir.

En ese papel el PRD ha ido perdiendo su esencia de una izquierda combativa y muchos de sus integrantes han ido más allá del centro político hasta convertirse en factores importantes para el sostenimiento del régimen.

Los llamados Chuchos encabezados por los jesuses, Ortega y Zambrano, que dirigen a nacionalmente la secta Nueva Izquierda, son un claro ejemplo de lo que los empresarios califican como la izquierda moderna que estaban esperando, una izquierda dócil, manipulable y colaboradora del sistema, una izquierda renovada con la cual la cúpula empresarial pueda llevar adelante las llamadas reformas estructurales, que no son más que cambios a la Constitución para lesionar aún más los de por sí escasos derechos de los trabajadores, para ampliar el paraíso fiscal de los empresarios y entregar el sector energético al sector privado del país y del extranjero.

Esa izquierda de los Chuchos es la hegemónica en el PRD a nivel nacional, es la que también controla férreamente la burocracia que decide las candidaturas para los puestos internos de mando y de representación popular y ha sido factor clave para hundir al partido en el desorden, en la carencia de institucionalidad y en la antidemocracia, en el chuchinero del que hablaba Alejandro Encinas.

En esas condiciones Andrés Manuel López Obrador no podía continuar en ese partido, su tendencia es más a la izquierda, cercana a las causas populares y muy distante del modelo neoliberal con el que coquetea la actual burocracia perredista. López Obrador construye otra vía hacia el sano desarrollo del país y por el combate al México desigual que nos agobia.

No existe ningún dilema, ni disyuntiva, Morena se convertirá en partido y dejará de ser un movimiento ciudadano. El gran reto es dar orden y encauzar institucionalmente todo el poder social que ese nuevo partido puede concentrar compitiendo también con las mismas reglas del actual juego político y siendo parte del caduco régimen antidemocrático que se niega a desaparecer.

 

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Twitter: @MoissAlcarazJim

 

* El autor es director estatal de Gobernación

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